«Los frikis son gente culta»

Cristina Martínez ha estudiado a fondo esta subcultura, de la que ha escrito una tesis. Sostiene que a los amantes de la ciencia ficción y la fantasía difícilmente se les puede «engañar con la santería o la homeopatía»

Cristina Martínez posa en La Guarida de Harley, un templo del cómic en Madrid. /VIRGINIA CARRASCO
Cristina Martínez posa en La Guarida de Harley, un templo del cómic en Madrid. / VIRGINIA CARRASCO
ANTONIO PANIAGUA

La socióloga Cristina Martínez estudió tan a fondo la cultura friki que escribió una tesis de más de 700 páginas, con la que obtuvo la calificación 'cum laude'. Como sabía que pocos se iban a leer tal tocho, entregó a la imprenta un libro más accesible, aunque extraordinariamente documentado, en el que desmonta los tópicos y estereotipos de una subcultura de la que se siente orgullosa de pertenecer. Su obra, 'Dentro del laberinto friki', hace una radiografía de un fenómeno ecléctico y presenta a sus miembros como personas cultas y creativas.

–Distingue entre 'freaks' (monstruos) y frikis. ¿En qué se diferencian?

–Llamamos 'freaks' a personas extremas, bien por su 'look', bien por su comportamiento. Por ejemplo, gentes del famoseo especialmente histriónicas, personas que modifican su cuerpo de forma radical, alguien con un tatuaje en la frente... Suelen tener una connotación muy negativa. Mientras, los frikis son personas que pertenecen a una subcultura muy concreta, en la que la imagen no es tan importante como las aficiones. Los frikis son los amantes de la fantasía y la ciencia ficción, 'Star Trek', 'El señor de los anillos', los juegos de mesa, el rol, los gadgets...

–¿Usted es friki?

–Sí que lo soy. Y me he hecho más friki con los años. Cuando empecé la tesis no podía afirmar categóricamente que lo fuera, y procuré ser siempre objetiva. Pero la verdad es que esta subcultura me encanta, me atrapó, y no voy a abandonarla.

–¿Se siente a veces incomprendida?

–¡Muchas veces! Por ejemplo, el otro día comenté a unas amigas que estaba pensando hacer un viaje a Transilvania por Halloween, ya que hay visitas guiadas por el castillo que inspiró 'Drácula' y una fiesta especial con disfraces de vampiro... A ellas no les interesa nada parecido, aunque me comprenden y me quieren.

–¿Qué blasfemia antifriki le saca de sus casillas?

–Hay varias. A veces en los concursos de la televisión hay participantes que no pueden adivinar, por ejemplo, el título de un libro de Harry Potter. ¡Yo sufro y le grito a la tele la respuesta! También me ponen algo nerviosa las personas que cuando les dices que estudias la cultura friki se empeñan en decir que ellos son más frikis que nadie porque ven mucho la tele, porque coleccionan imanes de los sitios donde van de vacaciones, porque tienen en casa un tebeo...

–En su investigación, ¿qué es la cosa o el espécimen más raro que se ha encontrado?

–Me he encontrado gente muy rara tanto entre los frikis como entre los no frikis. El mundo actual está lleno de personas sumamente raras, que, por ejemplo, niegan que el hombre haya llegado a la Luna, que la Tierra sea redonda o la importancia de las vacunas. Por eso, en contraste, la cultura friki me gusta más, ya que en general contiene gente culta, que ha leído mucho y que tienen algunas nociones de ciencia.

La RAE «pasó de mí»

–¿Es propia de un friki la erudición sobre saberes inútiles?

–Sí, útiles e inútiles. Pueden pasarse horas debatiendo sobre qué personaje de un libro es más poderoso, o cuál sería su tripulación perfecta en una nave estelar... Pero para hablar de esas cosas también aprenden idiomas, matemáticas, historia, programación... Así que va todo un poco de la mano.

–¿Japón es la tierra prometida del friki?

–Dentro del mundo friki hay algunos que preferirían EE UU, pero también hay un sector muy fuerte, al que llamamos 'otakus', que son amantes de la cultura oriental; en concreto, la japonesa. Japón es un país realmente friki, en el que existen muchos puntos de interés para esa subcultura: el barrio Akihabara, los cat-cafés, los cabarets de robots, el manga, la Toho, Nintendo... Por otro lado, y pese a la gran cantidad de 'otakus' patrios que tiene Japón, allí está muy mal visto pertenecer a esta subcultura.

–¿Qué diferencia hay entre lo hortera, lo kitsch y lo friki?

–¡Pues mucha! Lo kitsch y lo hortera son más o menos sinónimos: hablamos de cosas cutres, llamativas, exageradas o de mal gusto. Hortera es llevar calcetines con sandalias, mientras que friki es aprender coreano para ver tus series favoritas y además crear subtítulos en español y difundirlos gratuitamente por Internet. Es importante saber que hay una cultura, una creatividad y un contenido muy rico en todo ello.

Personal

Formación
Cristina Martínez es doctora en Sociología por la Universidad Pontificia de Salamanca en Madrid y autora de una tesis 'cum laude' sobre la cultura friki.
Aficiones
Trabaja como profesora de Sociología en la escuela universitaria de magisterio Escuni. Le apasiona la carrera espacial y le gusta quedar con los amigos para celebrar partidas de juegos de mesa. Asegura que ser friki exige leer mucho y «acumular saberes muy diversos».

–¿Ser friki significa en cierta forma estar fuera de la realidad?

–No. Para nada. El friki no es el que cree que los zombis van a venir y comerle el cerebro, sino aquel al que le divierte tanto la idea que puede comprarse un peluche zombi. Los frikis muchas veces son gente culta a la que no se puede engañar con la santería o la homeopatía, por ejemplo.

–La RAE define al friki como una persona excéntrica, rara o extravagante. ¿Está de acuerdo?

–No me gusta la definición de la RAE. Hace tiempo les escribí para proponerles una mejor, pero, como no soy una persona famosa, pasaron olímpicamente de mí..., aunque es comprensible.