Los escándalos de Sara, la primera dama de Israel

A la mujer de Netanyahu le llueven las críticas por pedir una cama de matrimonio para el avión oficial y cargar caprichos al erario público

Sara es psicóloga educativa y lleva casada con Netanyahu desde hace 28 años./
Sara es psicóloga educativa y lleva casada con Netanyahu desde hace 28 años.
MIKEL AYESTARAN

Israel acudió a votar el martes, pero esta vez no se repitió la tradicional foto de Benjamín Netanyahu (69 años) y su esposa, Sara (60), celebrando la victoria en la fiesta del Likud. El resultado de las elecciones ha sido muy ajustado, no ha habido festejos y el futuro político del país genera tanta incertidumbre como el de un primer ministro cercado por los escándalos de corrupción. Este es un tema que afecta también a la primera dama, que en junio de 2018 fue acusada de «delitos de fraude sistemático y abuso de confianza» por haber cargado «más de 350.000 séqueles (unos 87.500 euros al cambio) a los gastos de la residencia oficial entre 2010 y 2013», según el Ministerio de Justicia.

La esposa de Netanyahu, junto a un asistente del primer ministro, que también fue imputado, ocultaron la presencia de cocineros disponibles en la residencia oficial y pidieron comida a servicios de catering de lujo declarándolo como «gasto público». Este verano, después de un año de proceso, Sara llegó a un acuerdo con el ministerio, se declaró culpable y se comprometió a pagar una multa de 10.000 séqueles (unos 2.500 euros) y reintegrar otros 45.000 (11.250 euros) a las arcas del estado.

Sara es licenciada en Psicología, está casada con el dirigente conservador desde 1991 y es madre de sus dos hijos Yair y Avner –el político tiene también una hija de su primer matrimonio–. Su nombre es un clásico en los medios de comunicación locales debido a las denuncias por pequeños abusos de poder y corruptelas, que le han llevado a convertirse en uno de los personajes más populares de las bromas entre israelíes.

En 2010 la petición de una cama de matrimonio para el avión oficial del primer ministro también fue un tema de debate debido a los 310.000 dólares (274.000 euros al cambio) que costó el capricho de Sara.

Después llegó el 'Botella Gate', cuando Meni Naftali, exgerente de la residencia oficial, le acusó de quedarse con «miles de séqueles» de los depósitos de botellas vacías procedentes de la residencia del primer ministro que se habían devuelto a supermercados de Jerusalén (que pagan por estas botellas), a pesar de que los depósitos eran de propiedad estatal.

Leche en bolsa y no en cartón

Naftali presentó en 2014 un queja ante la corte laboral de Jerusalén en la que acusaba a los Netanyahu de «condiciones laborales abusivas», y pidió ser indemnizado por el trato recibido durante sus años al servicio de la residencia oficial. Entre las perlas que desveló el exgerente destaca la de una llamada que recibió de la primera dama a las tres de la madrugada «para quejarse de que tenía leche en bolsa en su nevera, y no en cartón». En 2016 la Justicia decretó que se le pagara una cantidad de 155.000 séqueles (38.750 euros) por los daños sufridos y desde entonces se ha convertido en toda una celebridad. Ahora trabaja en una serie de humor basada en su experiencia con los Netanyahu.

El matrimonio también ha sido investigado por el Caso 4000 o Caso Bezeq. La Policía trata de averiguar si el primer ministró presionó para garantizarse una cobertura informativa favorable por parte de Walla, portal de noticias propiedad de Shaul Elovitch, principal accionista de Bezeq, el gigante de las telecomunicaciones en el país. A cambio, le habrían ofrecido favores gubernamentales que podrían haberle reportado millones de dólares a su compañía.