100 AÑOS DEL PARQUE DE PICOS DE EUROPA
100 AÑOS DEL PARQUE DE PICOS DE EUROPA

Picos de Europa vive y quiere vivir en León

En apenas medio siglo, la agricultura y la ganadería han cedido terrino al turismo, hoy convertido en el único motor de los valles de Valdeón y Sajambre que exigen una apuesta decidida por un territorio aquejado por la enfermedad de la despoblación

ANDREA CUBILLAS

Nunca nadie dijo que vivir en el paraíso fuera fácil. Ni ayer ni hoy. Antaño por el aislamiento, la escasez, la falta de servicios. Hoy por la falta de oportunidades.

Progresivamente, la ganadería y la agricultura han dejado de ser el único medio de vida de Valdeón y Sajambre para ceder terreno al turismo que, de alguna forma, está consiguiendo que el riesgo de despoblación no sea irreversible. Aunque con dificultades.

Bien lo sabe Amador Campo. Desde los 19 años siguió los pasos de su madre Begoña, hostelera de referencia de Valdeón, que asegura que en su valle es donde mejor está. A sus 90 años no le hables de irse de vacaciones a pesar de que lleva trabajando desde que era una niña y sufrió la pérdida de sus padres con tan sólo siete años.

Amador Campo sentado en la plaza de Posada de Valdeón.

Una pasión que contagio a su hijo que, a pesar de que en sus planes estaban los estudios de Geológicas, decidió regresar al pueblo y ponerse al frente del negocio. «Me sentí más a gusto en un entorno rural. Le echaba de menos», reconoce Amador, que reconoce que Valdeón «tiene algo especial».

Un recuerdo de su infancia, sin duda esa gran nevada que convirtió sus vacaciones de Navidad de 12 días en tres meses. «Fue alucinante. Estuvimos incomunicados pero me lo pasé muy bien», asegura Amador, que, sin embargo, es al mirar atrás cuando es consciente del gran cambio que ha experimentado Valdeón.

Los avances llegaron a la par que la gente se fue marchando. Y poco a poco, lo que hasta entonces habían sido el hogar de una familia se convirtieron en casa de fin de semana y verano. Años en los que además, Valdeón perdió el sabor a pueblo.

«Era un sitio muy rural, teóricamente muy atrasado. Recuerdo la primera casa en la que hubo televisión. Allí íbamos a ver algo que no conocimos y nos parecía raro», asegura este valdeonés, que reconoce que lo más echa en falta esa la convivencia entre vecinos. «Ahora cada uno vivimos en nuestra casa y ya no existe la relación de antaño». Y, como no, a los amigos. «Se echan de menos. Éramos 40 chicos de miedad y ahora no hay nadie».

El sabor de Valdeón

No hay mejor embajador de Valdeón que su queso.

Un producto que se ha convertido en santo y seña de los Picos de Europa de León.

Un sabor que de alguna forma encierra la esencia de un valle.

No había hogar en el que faltará este queso, era siempre el postre perfecto, el convite ideal ante cualquier visita. Era el producto con más solera de la zona y Tomás Alonso González lo convirtió en una marca.

Acompañado tan sólo por un burro y con el apoyo de sus dos hijos Tomás y Javier, este visionario recogía leche casa por casa para elaborar de manera artesanal el conocido como queso de Valdeón. Apenas recogía 50 litros de leche al día y sus ventas se limitaban inicialmente a los vecinos del propio valle y los alrededores.

Era el nacimiento de un negocio, Quesería Picos de Europa, que en la actualidad recoge más de 25.000 litros de leche diaria con la que elaboran algo más de 300.000 kilos de quesos, logrando crear marca y posicionarse entre los mejores quesos azules no sólo de España sino también a nivel internacional.

En la actualidad, Estados Unidos consume en torno al 30% de su producción anual aunque el queso de Valdeón ya está presente en Australia, Canadá, Japón, China, Emiratos Árabes, Perú, Guatemala o México, entre otros, así como en numerosos países comunitarios, como Alemania, Inglaterra y Holanda.

Cinco décadas después, son sus nietos los que mantiene intacta esta tradición, consiguiendo sumar año tras años nuevos éxitos y abrir nuevos mercados. Su secreto, según confiesa Leticia Alonso, su sabor, dulce pero intenso a la par con un toque de picante.

Su elaboración es uno de su legado y así lo autentifica el sello de la Indicación Geográfica Protegida con la que pretende consolidar un producto tradicional y ya imprescindible en la despensa leonesa. Su éxito reside en primer lugar en un producto base de calidad leche de cabra o vaca- que recogen diariamente en las ganaderías de la zona para, posteriormente, elaborar los quesos siguiendo la receta tradicional.

Con una maduración larga, hasta alcanzar el punto entre semicurado y curado, el queso de Valdeón presenta una corteza rugosa e irregular, de tonos grises oscuros y con pequeñas manchas rojas y azuladas. La pasta posee textura blanda y color amarillo pálido, repleto de pequeñas cavidades donde se concentra un moho blanco y azul verdoso.

Algo más de mes y medio de elaboración con una maduración que da como resultado uno de los quesos azules más suaves del mercado, muy cremoso, con un sabor intenso, un poco picante y aromático que, siguiendo la tradición, aún se sigue envolviendo en hojas de plágamo o arce.

Y aunque pueda parecer un tópico, donde mejor se disfruta de este queso es en el valle de Valdeón, acompañado de un pedazo de la hogaza de la panadería de Posada y saboreando mientras uno se deja conquistar por los hermosos Picos de Europa.

Ahora, el turismo mueve la economía de este rincón de Picos de Europa aunque no lo suficiente para fijar población y retener a los más jóvenes.

Y sino que se lo digan a Lidia Rojo. Regresó a Oseja de Sajambre, su tierra natal, tras licenciarse y probar y encontrar suerte en la gran ciudad. Pero entendió que su sitio estaba en el pueblo.

«He viajado, he estudiado y he conocido diferentes sitios. Al final he tenido la posibilidad de elegir donde estar y elegí estar aquí, en mi pueblo», asegura Lidia, que reconoce que le encanta levantarse cada día y estar en contacto con la naturaleza, con sus montañas. «No podría vivir en un piso encerrada».

Una tierra que es su pasión y a la que mira con preocupación. La misma que comparte con su hermano. Guillermo reside en Riaño pero trabaja y desarrolla su día a día en Sajambre, un valle donde apenas quedan vecinos, menos aún jóvenes.

Lidia Rojo, vecina de Soto de Sajambre.

«Somos cuatro jóvenes. Casi todos se van y no vuelven y el problema es que la gente se va muriendo», relata Guillermo con cierta tristeza. «Es un poco duro porque no queda casi gente».

Tanto que, las historias de los mayores parecen espejismos. Lidia recuerda que su madre siempre le contaba que en la escuela había la clase de los chicos y las chicas. «Cuando ves fotos y ves la cantidad de jóvenes que había y lo comparas con ahora...», asegura Lidia, que no tiene palabras para describir la situación de tristeza que le invade al comparar el ayer con el hoy.

Es el sentimiento generalizado, de mayores y jóvenes, que ven como el futuro se escapa de Valdeón y Sajambre.

No quieren comparar, pero reconocen que es imposible verse reflejado en las vertientes asturianas y cántabras. Para muchos, la entrada de los pueblos al Parque fue la perdición aunque todos coinciden en que la consecuencia directa hay que buscar en la falta de una apuesta decidida por este territorio.

Lidia entiende que es necesario que se le dé un empujón a la vertiente leonesa de Picos, «la gran desconocida. Mismamente si le preguntas a gente de León no saben que tenemos estos paisajes o estos valles. En cambio vas a Asturias o Cantabria y todo el mundo lo conoce. Entiendo sus pros y sus contras pero es necesario impulsar esta zona».

Así lo entiende también Amador, que es consciente que Valdeón y Sajambre son perfectos para aquellos que buscan tranquilidad. Sin embargo, en exceso, pondría el riesgo de muchos negocios y, por ende, del futuro de los pueblos. «No queremos una masificación pero si una explotación que haga del turismo un sector rentable para el valle».

Guillermo Rojo trabaja en Oseja de Sajambre, su pueblo natal.

Más crítico se muestra Rafael Alonso, exalcalde de Sajambre. Asegura que fue contrario a la inclusión de los pueblos en el parque «porque no tiene más que restricciones que se ha traducido en la pérdida de población. No funciona. Aquí no puedes hacer nada, no te puedes ni mover», reprocha Alonso, que recuerda cómo la inclusión en el Parque Nacional impidió el desarrollo de tres centrales hidroeléctricas en Sajambre y su entorno.

Desde el refugio de Vegabaño la visión tampoco es diferente. Julián Morante, su guarda, asegura que hablar del Parque Nacional es hablar de «trabas y más trabas al desarrollo de esta zona». Y aunque no quiere comparar, pone la mirada en Asturias. Allí, lamenta, los niños «tienen niños con los que jugar. Aquí mis hijos no tienen niños porque no hay alternativa alguna».

«Valdeón siempre fue una abandona por la administración y la situación no ha cambiado en las últimas décadas»

«Valdeón siempre fue una abandona por la administración y la situación no ha cambiado en las últimas décadas» ÁNGE DE LA CUESTA, VECINO DE VALDEÓN

«El Parque Nacional no ha hecho más que poner trabas al desarrollo de esta zona. En Asturias, los niños tienen niños con los que jugar. Aquí, no»

«El Parque Nacional no ha hecho más que poner trabas al desarrollo de esta zona. En Asturias, los niños tienen niños con los que jugar. Aquí, no» JULIÁN MORANTE, GUARDA DEL REFUGIO DE VEGABAÑO

«No queremos una masificación pero si conseguir que el turismo se convierta en un motor de futuro para el valle»

«No queremos una masificación pero si conseguir que el turismo se convierta en un motor de futuro para el valle» AMADOR CAMPO, VECINO Y HOSTELERO EN VALDEÓN

«Fui contrario al Parque por no tenía más que restricciones. La prueba la tenemos hoy. No hay gente porque no te puedes mover»

«Fui contrario al Parque por no tenía más que restricciones. La prueba la tenemos hoy. No hay gente porque no te puedes mover» RAFAEL ALONSO, VECINO DE SAJAMBRE

Desde Valdeón también se muestra críticos con la gestión del Parque. O más bien, con el olvido. Ángel de la Cuesta, vecino de Soto, recuerda que históricamente el valle ha sido «un abandonado» por la administración. Yo tenía once años cuando vi el primer coche porque no había carreteras.

Y a pesar de que el desarrollo llegó, el olvido es permanente. «La administración no invertía. Era muy difícil vivir aquí y ahora ocurre lo mismo. Es muy bonito el valle pero la vida es dura. Si la administración se fijará un poco más creo que Valdeón tendría oportunidades de futuro. La solución, muchas. Sólo mirar a los vecinos de Asturias y Cantabria con sus teleféricos. Aquí estamos olvidados».

Pese a todo, ninguno hoy dejaría su tierra. Esa tierra que cuesta describir con palabras y que hay que sentirla. Como ellos, que trasmite el amor por unos valles que ni tan si quiera con palabras venden.

Ahora bien, el futuro de Valdeón y Sajambre, de los Picos de Europa en León, ya será otra historia.

CAPÍTULO 1- Una puerta al paraíso

CAPÍTULO 2- HOMBRES QUE FORJARON PICOS

CAPÍTULO 3- PICOS, UNA VIDA ENTRE MONTAÑAS

 

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