Passo Honroso, testigo de amor

La historia del insigne Suero de Quiñones ha vuelto a recrearse bajo el puente del Passo Honroso de Hospital de Órbigo ante la atenta mirada de miles de leoneses y visitantes que expectantes vieron las justas entre los caballeros que en 1434 se dieron cita

Un momento de la justas medievales de Hospital de Órbigo. / I. Santos
I. SANTOS
I. SANTOSHospital de Órbigo

El puente de Hospital de Órbigo vuelve a ser testigo del amor de Don Suero de Quiñones por Doña Leonor de Trovar.

Un año más la localidad leonesa ha celebrado con gran éxito un fin de semana de hazañas y honores que ha finalizado por todo lo grande con las Justas del puente del Passo Honroso. Miles de leoneses y visitantes han llenado las gradas, situados detrás de los colores de su caballero han animado las pruebas y ejercicios previos a las justas y posteriormente los enfrentamientos de los caballeros.

Don Suero de Quiñones acudió con nueve mantenedores a Medina del Campo, para allí pedir al rey el permiso para poder justar con todo aquel que osase cruzar el puente del Passo Honroso de Hospital de Órbigo, rompiendo 300 lanzas y poder librarse así de su esclavitud.

Desde aquel día Don Suero portaba en su cuello una argolla de metal y hacía ayuno los jueves. Y así lo cumplió hasta el día de las Justas.

Hasta el Palenque fueron llegando los pendones del municipio, la música, los saltimbanquis, las damas y todo un grupo de cortejo que fue cerrado por el juez José Antonio Vázquez, el mantenedor de las Justas de Hospital de Órbigo 2019 quien aseguró que «fiel a mi señor y al amor que le profesa a su amada Leonor lanzó mi grito al cielo ¡¡Que comiencen las justas!!». Y con estas palabras los mantenedores, los retadores y Don Suero fueron entrando en el Palenque.

Don Matías el Conde de Béjar sería el encargado de velar por la paz, el respeto a las normas y las reglas del juego y del combate en las Justas. Antes de comenzar a justar los caballeros realizaron algunos entrenamientos. La primera de las pruebas consistía en atacar un testaferro, la siguiente era un juego de puntería donde los caballeros debían hacer diana con su lanza y la tercera de ellas de habilidad, momento en el que los jinetes pasarían por un arco de fuero y a lomos de su caballo hacerse con el mayor número de argollas.

Trampas, sobornos y algunos engaños fueron comunes en las primeras pruebas antes de la gran batalla. Pruebas muy igualadas en las que en alguna ocasión los gritos de ánimo y el aplauso del público ayudó al juez a distinguir quienes debían ser los justos vencedores.

Varios momentos de las Justas.

Las pruebas fueron ganadas por el caballero verde. No era un buen presagio para Don Suero llegado el momento de justar por su amada Leonor. Intensos enfrentamientos iban haciendo caer a los caballeros, hasta que sólo quedaron dos.

Don Suero de Quiñones, debía romper la última lanza, y aunque no eran 300 como prometía, acabó con todos sus retadores en un acto heróico que todavía se recuerda bajo el puente del Passo Honroso de Hospital de Órbigo.