Cuando un metro de nieve no es problema para alimentar al ganado

leonoticias acompaña a un ganadero de la montaña en su camino para llevar alimento a sus reses en el puerto de la Magdalena, a 1.434 metros de altura

Un tractor con tres rollos de hierba de media tonelada en el puerto de La Magdalena. / J.L.B.
J.L.B.Murias de Paredes

En el puerto de La Magdalena, a 1.434 metros de altura, los bueyes se lamen como con pereza. Su estampa podría servir para un cuadro. No importa que el termómetro se encuentre a -6 grados o que la nieve de los últimos días haya alcanzado un espesor de un metro de altura.

En realidad, para estos animales el invierno curte su piel con naturalidad. Así ha sido siempre.

El frío y la humedad no impresionan a una manada que parece asistir con enorme placidez al blanco paisaje que se aprecia en la frontera de las comarcas leonesas de Omaña y Laciana.

90 bueyes y 35 yeguas

Es fin de semana y David García, ganadero y amigo del titular de estos animales, Jorge Fernández, arranca su tractor para llevar alimento a los 90 bueyes y 35 yeguas que rascan la nieve en busca de hierba.

En su rutina diaria poco importa que el temporal haya dejado tanta nieve, o que el hielo quiera convertir la carretera en una pista de patinaje.

Su tractor, que lleva con enorme ligereza tres rollos de hierba de más de media tonelada cada uno de ellos, recorre los cuatro kilómetros que separan Murias de Paredes del alto del puerto con firmeza.

«Los animales necesitan alimento cada día, no se puede dejar de venir llueva o nieve. Está claro que aquí hay que venir sí o sí», asegura David García nada más bajarse del tractor.

La nevadona

Sólo en la nevadona de 2015 tuvieron que enganchar dos tractores para poder subir porque entonces transitar por esta carretera era casi imposible incluso para las quitanieves de la zona.

Arriba, recuperando el llano, los animales saludan la llegada de alimento. Cumplida la entrega en la zona alta queda alimentar el ganado recogido a la falda del puerto, en Murias.

Allí, la techumbre alivia el frío de medio centenar de vacas. Aida Rodrigo acaricia a su paso a unos animales que no parecen envidiar a quienes pasan el día a una cota 200 metros por encima.

«Mucho trabajo»

Hierba, pienso y mucho mimo para mantener en el mejor estado a quienes viven en la explotación. «Es mucho trabajo, pero se lleva bien. Aquí no se para», asegura.

Es el invierno en la montaña, donde la ganadería busca proseguir con su rutina mientras el sol como en no pocos inviernos acaricia la nieve.