Las maravillas de Valporquero

La cueva leonesa es una de las visitas obligadas para leoneses y visitantes de la provincia en la que quedarán sorprendidos en un viaje al interior de la tierra y al pasado a través de las miles de formaciones que se podrán contemplar

Una de las salas que se pueden visitar en Valporquero. / I. Santos
I. SANTOSValporquero

Un lugar mágico en el interior de la tierra. Valporquero ha sido definida en muchas ocasiones como la joya de la corona del panorama leonés. Un cueva con una vida de apenas un millón de años, la más joven de la Comunidad, creada por las silenciosas aguas del arroyo del mismo nombre que entre la piedra caliza iban formando la belleza natural que hoy se observa en su interior.

Cada año son más los turistas que impresionados por las imágenes de la cueva deciden perderse en la inmensidad y la profundidad de Valporquero para admirar un lugar único que sorprende aún más con sus sonidos.

Siete salas y galerías para disfrutar y perderse en el centro de la tierra constituyen los recorridos de la cueva que también cuenta con un curso activo de espeleología que tiene su salida en las Hoces de Vegacervera.

Un viaje único e inolvidable

La primera de las paradas se hace en la sala de las primeras maravillas, antes de llegar a la Gran Rotonda, donde se pueden ver los microlagos y pequeñas formaciones que muy características que con un poco de imaginación evocarán imágenes y monumentos ya conocidos como la virgen y el niño o la torre de pisa.

Imagen de uno de los pasillos de la Cueva de Valporquero.
Imagen de uno de los pasillos de la Cueva de Valporquero.

La Gran Rotonda es la sala de mayores dimensiones en la que se avanza al interior de la cueva donde los techos cada vez son más altos y blanquecinos. Si el visitante tiene suerte podrá ver las grandes cascadas y escuchar el recorrido del agua que se pierde en la Sala de las Hadas, uno de los lugares más espectaculares de la cueva donde la Cascada de 15 metros da una idea de la magestuosidad de Valporquero.

Siguiendo el antiguo curso del río, el camino se abre paso a través del Cementerio. Un lugar en el que las estalactitas caídas y las estalagmitas que afloran del suelo de forma caótica dan una imagen de cementerio a la sala.

La Gran Vía sorprende no por su anchura sino por los más de 40 metros de altura que posee esta sala, al final de la misma, el terreno se hunde en busca de las galerías inferiores, contactando con el actual curso del río. La Gran Vía da paso a la Sala de las Maravillas en la que miles de formaciones sorprende al visitante que no dudará en compartir su experiencia y por supuesto, regresar a la maravillosa Valporquero.

La cueva muestra aspectos inimaginables en sus rocas.

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