Convivir con el oso

Varios estudios determinan clave identificar las areas de expansión así para evitar conflictos con los moradores humanos, siendo un factor relevante el cambio climático

Ejemplar de oso pardo en la Cordillera Cantábrica. /FOP
Ejemplar de oso pardo en la Cordillera Cantábrica. / FOP
ALEJANDRA ZARZO-ARIAS y VINCENZO PENTERIANI
ALEJANDRA ZARZO-ARIAS Y VINCENZO PENTERIANILeón

Actualmente existen dos poblaciones aisladas de oso pardo europeo en el territorio español, que comparten hábitat con muchas zonas ocupadas por los humanos. La más numerosa se localiza en la Cordillera Cantábrica y cuenta con más de 200 individuos, mientras que la otra, de unos 40 individuos, se ubica en los Pirineos, entre España y Francia.

El núcleo principal de la población cantábrica radica en la parte occidental de Asturias y León y se conecta ligeramente con otro grupo considerado como subpoblación, de unos 50 osos, localizado mayormente en el noreste de León y Palencia. Ambas subpoblaciones parecen presentar dificultades para relacionarse, ya que la autovía A-66, que atraviesa León y Asturias por la mitad, se considera una barrera física que los osos difícilmente pueden atravesar.

Aún así, debido a la reciente expansión del núcleo occidental de osos pardos de la cordillera, el flujo de individuos está aumentando, ayudando a reforzar la subpoblación oriental.

El entorno ideal de los plantígrados

Los osos pardos cantábricos suelen preferir zonas de montaña escarpadas, con baja densidad de población humana y gran cobertura de bosque, aunque son capaces de adaptarse a diversas situaciones. Un estudio sobre favorabilidad de hábitat realizado por nuestro grupo de investigación refleja que todavía hay muchos territorios adecuados para los osos en la parte oriental de la provincia de Asturias, mientras que en la occidental casi la totalidad del hábitat idóneo ya está ocupado por la especie (aunque la densidad de individuos no es todavía la óptima).

Identificar a priori estas áreas de expansión puede evitar muchos conflictos con sus moradores humanos, ya que se pueden establecer medidas de prevención de daños y campañas de información para hacer más fácil la inminente convivencia de las personas con los osos pardos.

Además, según otro estudio que hemos realizado, el oso también podría verse influido por el cambio climático. No porque las alteraciones en el clima le afecten directamente, si no porque, al ser un animal prevalentemente vegetariano, las especies de las que se alimenta y que le ofrecen refugio sí que se ven afectadas.

Al estudiar los cambios en la distribución de varios árboles (castaños, robles, hayas, encinas y arándanos), cuyos frutos son componentes principales de la dieta del oso en la cordillera Cantábrica, vimos que en los posibles escenarios futuros de cambio climático todas estas plantas podrían ver reducida su área de distribución.

El calentamiento global podría también desplazar estas especies vegetales hacia zonas de menor altitud más al norte. Por lo tanto, los osos tendrían a su vez que moverse a los territorios donde se desplace su alimento y refugio, acercándose a las regiones más pobladas de Asturias. Estos cambios plantean una visión de la conservación de especies amenazadas a más largo plazo de lo que suele ocurrir, ya que el paisaje del macizo cantábrico podría sufrir alteraciones importantes en los próximos cincuenta años.

Las particularidades del mundo rural

La Cordillera Cantábrica, en general, es una zona bastante humanizada, en el sentido de que, aunque la mayoría de pueblos en las montañas son pequeños, son numerosos. Además, la red de carreteras y la presencia de actividades humanas como la ganadería son difusas y esto deja poco espacio homogéneo sin presencia humana, lo que fuerza la convivencia entre plantígrados y personas en sus zonas de distribución.

Por esta razón quisimos estudiar el efecto de diferentes estructuras y actividades humanas en el comportamiento de los osos, para lo que realizamos un estudio centrándonos en los comportamientos de alerta de estos animales —como olisquear el aire o parar de repente el forreajeo y alejarse— en función de la distancia a pueblos, carreteras, puntos de observación de naturaleza y otras características naturales del paisaje como bosques y praderas.

Aunque los resultados obtenidos sugieren que los osos están adaptados a este paisaje humanizado, y la cercanía de infraestructuras o actividades humanas no parece desencadenar un aumento en sus comportamientos de alerta, hay efectos más sutiles, como el estrés fisiológico, que podrían estar actuando en los individuos sin que esto tenga repercusiones evidentes en su comportamiento.

Así, la coexistencia entre esta especie y las personas es posible, incluso si la presencia humana es alta, siempre que los animales no sean perseguidos y se eviten las interacciones directas. Pero, para asegurar el futuro del oso pardo cantábrico, son necesarias más investigaciones sobre su comportamiento.

Ya es hora de llegar a conocer cómo, dónde y cuándo se mueven los osos en estos paisajes humanizados y cuáles son sus ritmos de actividad a lo largo de los diferentes períodos del año. Sin embargo, solo el estudio de animales radiomarcados puede contestar a estas preguntas hasta ahora no resueltas.

Nos referimos a individuos a los que se les ha puesto un GPS que manda información sobre su posición y actividad cada cierto tiempo. Para los plantígrados se emplean collares, al igual que ocurre con los linces ibéricos o los lobos. Con esta herramienta podemos conocer mucho más tanto sobre su comportamiento, como sobre el uso y la elección del hábitat.

Este artículo ha sido escrito por Alejandra Zarzo-Arias (Estudiante de doctorado en la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad, Universidad de Oviedo) y Vincenzo Penteriani (Investigador en el CSIC -Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad e Instituto Pirenaico de Ecología-, Instituto Pirenaico de Ecología IPE-CSIC)

Este artículo fue originalmente publicado en The Conversation.