Amor de galgo: Chaparra y Leandro, una historia de éxito

De la mano del Leandro, la joven galga Chaparra ha permitido a León colarse en el medallero del Nacional de Galgos 50 años después | Forman un tándem perfecto que se tejió durante largas carreras al trote del caballo por los campos leoneses

Leandro y Chaparra. / I. Santos
A. CUBILLAS
A. CUBILLASLeón

60 centímetros de altura y 22 kilos de peso. Cabeza larga y estrecha al igual que su esbelto y firme cuello. Hocico prominente y alargado que culmina con su pequeña nariz negra. Pelaje corto, liso y color crema que envuelve un cuerpo delgado pero fuerte y musculoso.

Una anatomía atlética que le permite alcanzar una velocidad de 65 kilómetros por hora y que le han bastado para colgarse la medalla de plata del Nacional de Galgos en Campos.

Le presentamos a Chaparra de Triki, una de las grandes relevaciones en el mundo de los galgos que ha logrado que 50 años después León ocupe un lugar en el medallero de España.

A su lado, Leandro, un galguero por vocación. Una pasión que le llegó en forma de regalo con apenas ocho años. Un vecino le regaló una pareja de galgos, uno de ellos era el bisabuelo de Chaparra.

«En mi familia nadie era galguero ni cazador. Era algo nuevo», recuerda Leandro, que sin embargo confiesa que fue esa pareja de galgos la que le enseñó a andar por el campo y a descubrir su pasión por el monte y la naturaleza.

Un flechazo por casualidad

A partir de ahí, surgió un flechazo que ya dura casi tres décadas. Es tal el amor que procesa este leonés a sus galgos que poco le importa levantarse cada día a las cinco de la mañana para pasearles e iniciar una larga lista de cuidados diarios. «Mi madre me dice que es como una droga», bromea Leandro.

Una pasión que nació ppor casualidad, al igual que el salto a la competición. No era su objetivo pero sus galgos tenían cualidades más que suficientes.

«Mis perros ganaban en velocidad a aquellos que participaban en campeonatos ypensé que tenían posibilidades de ganar». Fue cuando, de la mano de su hermano, Leandro constituyó el Club Tricol.

Su primera compañera fue Triana que llegó a cuartos en el Autonómico. Hoy, con once años, es una de los cinco galgos que le acompaña. Luego llegaría Zagala de Triki, la madre de Chaparra, que le dio grandes alegrías colgándose el oro en la Copa León.

Cinco años después, le tocó el turno a Chaparra. También por casualidad porque una lesión dejó fuera de competición a su prima. Apenas tenía 16 meses, la edad mínima para competir, y arrastraba varias lesiones del cuádriceps lo que le había alejado de los entrenamientos.

Pero nada detuvo a Chaparra. En apenas unas semanas cogió velocidad y resistencia y logró alcanzar la plata en el Nacional. Al fin de cuentas, Chaparra viene de una estirpe de campeones y, como tal, hizo gala de ella.

Una estirpe de campeones

Chaparra viene de una estirpe de campeones. Su madre, Zagala de Triki, fue campeona de la Copa León en 2013 y finalista de las fases previas de Castilla y León en la temporada en la temporada 2013/2014.

Su padre, Faruq de la Tata, se alzó en 2017 con el nacional en Osuna y a su vez tenía como bisabuelos a dos grandes galgos como Pejula de la Romera y Bartolo de los Sánchez. Además, su abuelo era Chapapote de Chapapote, el perro robado que desató una operación de la Guardia Civil en 2013 y que culminó con la recuperación del animal.

No es de extrañar que Leandro hable de ella con orgullo y admiración. «Es todo corazón», confiesa este galguero, que destaca la velocidad y la ambición como las principales cualidades de Chaparra. «No pude entrenar todo lo que me hubiera gustado pero es un animal muy completo».

Su futuro en el mundo de la competición aún es un interrogante y el tiempo lo dirá. «Le queda coger resisten y velocidad pero aún no se si volverá a presentarse al Nacional del próximo año. Habrá que probarla y decidiré».

Lo que sí está claro es que Chaparra seguirá trotando al galope del caballo de Leandro por los campos de León, a su lado día a día tras demostrar ser el tándem perfecto.