Tonelero, un oficio del pasado con proyección de futuro

La tercera y cuarta generación de la familia Burgos, de Nava del Rey, mantiene viva esta profesión

Uno de los empleados de la tonelería realiza mediciones para la futura barrica. / Rodrigo Ucero
Laura Negro
LAURA NEGRO

El trabajo de estos toneleros es intenso y requiere fuerza técnica y precisión. El proceso es «complicado» aunque, dicen, ya les resulta «sencillo porque llevamos toda la vida en ello». «Nuestro taller conjuga la artesanía con la tecnología, que es muy necesaria para ser competitivos», asevera Juan Antonio. Una vez finalizada la fase de secado, se obtienen y se cepillan las duelas, que tienen diferentes anchuras.

Es necesaria una gran maestría para encajarlas en un aro especial de hierro llamado armador. Mientras, van desechando aquellas que tienen nudos o defectos. Y como buenos cuberos, saben escoger a ojo cada pieza con la anchura exacta para que, finalmente, el ensamblaje sea totalmente perfecto. Cuando ya están montadas todas las duelas de la estructura, se incorporan otros aros para domar la madera en el fuego con la ayuda de unos tensores. «Las tablas son rectas y hay que conseguir doblarlas para que los toneles tengan barriga. Es como a nosotros nos gustan, porque son mucho más bonitos», subraya el gerente.

Otro de los grandes procesos de la barrica es el del tostado interior, que influirá en gran medida en el sabor que la madera transmitirá al vino. «El tostado lo hacemos al gusto del cliente y cada tonelería le da su toque especial. El más habitual es el medio. Lo hacemos con brasas de roble, vuelta y vuelta y así durante una hora. Luego pasamos otra vez a la carpintería para hacer las cabezas y fondos», relatan mientras hacen una demostración de su técnica. No emplean ningún producto químico en todo el proceso. Tan solo un engrudo hecho a base de agua y harina, que aplican en el argayo.

Trabajan bajo pedido, ya que el producto que fabrican no se almacena bien. De sus instalaciones salen unas 4.000 barricas bordelesas –con una capacidad de 225 litros– al año, aunque las elaboran de diferentes tamaños. Sus clientes están repartidos por todas las denominaciones de origen del país, principalmente en La Rioja y la Ribera del Duero, pero también a Toro, Rueda y Cigales.