Tarjeta roja a la intolerancia

Raquel, Ana, Andrea e Ígor son cuatro árbitros leoneses, colegiados en la Delegación de León, que han querido dar la cara por el estamento y desterrar el insulto y las amenazas de los terrenos de juego por condición de sexo o color

Los cuatro árbitros muestran su tarjeta roja. / Noelia Brandón
RUBÉN FARIÑASLeón

No se trata de casos aislados. Es un mal que se extiende por los campos de fútbol y al que se debe poner fin.

Tres colegiadas y un árbitro negro han querido dar la cara y desterrar la discriminación y el insulto de los terrenos de juego.

Raquel, Ana, Andrea e Ígor son solo algunos de los árbitros leoneses que han aguantado los insultos por condición de sexo o color. «No me parece normal que vayan a llevar a sus hijos a jugar y den ese tipo de imagen». En cuanto a la piel, explica el colegiado Mba, que todo es cuestión de «concienciar a la gente de que la persona que está en el campo, da igual el color de piel, es una persona más».

Por todo esto, una de las soluciones que proponen es invitar a esta gente a acudir a un amistoso, coger las banderas, tarjetas y el silbato y arbitrar un partido o jugarlo y oír los insultos de parte de la afición.

«Arbitra una mujer; partido perdido»

Andrea Rodríguez, árbitro de Segunda Provincial con cuatro años de experiencia, recuerda acudir un partido y, según la vieron los padres, «en concreto una madre dijo ‘bah, arbitra una mujer, partido perdido». Por su parte, Ígor Mba, con 10 años ejerciendo la profesión a sus espaldas, tiene grabado las palabras de una señora: «Me gritó ‘arbi que malo eres, negro’, pero lo dijo con ganas; tuve que parar el partido y seguir el protocolo fijado».

Y lo que más les molesta es que ese insulto proceda de una mujer. Así lo apunta Raquel Suárez, colegiada de Primera Provincial en su quinta temporada. «Si ya bastante se meten con la mujer deberíamos ser las primeras que nos tenemos que defender. Los comentarios más machistas siempre de una mujer, y duele bastante más». Otro ejemplo lo pone Ana Laura, que lleva tres años y arbitra en Segunda Provincial. «A veces estoy en la banda haciendo una línea y se sorprenden, ‘anda, si es una chica’, como si fuera un extraterrestre».

Los últimos episodios, en los que árbitros han llegado a suspender partidos ante las amenazas de jugadores y aficionados, han hecho reflexionar al colectivo leonés.

¿Suspenderían el partido?

Las opiniones son dispares. Creen que la educación y el respeto «se traen desde casa» y la suspensión se podría proponer porque «somos personas y hay cosas que no hay que aguantar». Laly no sabe si realmente lo haría porque es un comportamiento «tan metido en el mundo del fútbol» que los últimos culpables son los niños.

¿Y qué les dirían a esos padres, madres o futbolistas? Lo primero: que se pusieran en su lugar; y, lo segundo, con dureza se explica el árbitro de color: «Lo que diría es que, si en su casa no tienen voz para poder hablar bien con la gente, que no vengan a pagarlo con los árbitros. Nosotros solo vamos a pitar, no vamos contra uno u otro, no ganamos nada».

A pesar de estos desagradables episodios, para los árbitros de la Delegación de León hay una cosa clara: Merece la pena ser árbitro.

«Ser árbitro es un vicio»

Andrea reflexiona al respecto y señala que cada partido en el que sale fastidiada por los insultos se va pensando que no merece la pena. «Pero al fin de semana siguiente ya tengo ganas de volver, es como un vicio».

Ígor no tiene ninguna duda. «Ser árbitro te forma en personalidad, jerarquía, trabajo en equipo; son todo ventajas y no veo inconvenientes». Misma línea mantiene Raquel. «Me ha servido para ser una persona más fuerte, trabajar en equipo mejor, conocer gente y ciudades».

Por todo ello esperan que, desde las instancias mayores, se ponga fin a esta lacra, se logre el respeto al colectivo y les permitan hacer un arbitraje objetivo y les puedan disfrutar del trabajo de toda la semana.

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