Leyendas, cuentos y naturaleza en El Faedo

El hayedo de Ciñera muestra su mejor cara en otoño con un sinfín de colores con los que disfrutar en un agradable paseo

Imagen del bosque en pleno mes de Otoño. / J. L. B.
I. SANTOSCiñera

La llegada del otoño, la caída de las hojas, el verde del musgo brotando por las rocas son algunos de los encantos del hayedo de Ciñera, más conocido como el bosque de El Fadeo. Entrar en el bosque es adentrarse en un mundo mágico en el que cualquier leyenda puede cobrar vida.

La visita al bosque es una de las paradas obligatorias para todos aquellos que quieran conocer los encantos de la provincia, pero si hay una época que se hace especialmente buena esta visita es en el momento que el otoño hace su verdadera entrada.

Las primeras lluvias hacen reverdecer el musgo entre las rocas y los pequeños regueros de agua van cobrando vida. Perderse en El Faedo es un recorrido obligado para los amantes de la naturaleza y un recorrido que leonoticias ha querido acercar a sus lectores a través de imágenes aéreas.

Una ruta para perderse

Ubicado en la localidad de Ciñera, la ruta ofrece cuatro caras según la estacionalidad. Y en esta época el bosque muestra un escenario de una obra que nunca termina.

Los hayedos son los protagonistas de este cuento natural y Fagus es el sabio abuelo de toda la historia. Su nombre responde a la haya más antigua de todo el bosque que cuenta sus años por centenas. Su edad estimada es de 500 años y forma parte de la limitada lista de los árboles más característicos de España.

Fauna, senderos y el susurro del agua, son el sujeto, verbo y predicado de un relato redactado sobre la propia naturaleza.

La leyenda de Haeda

Cuentan las gentes de la zona que en El Faedo hace muchos años vivía una bruja, llamada Haeda y con poderes mágicos otorgados por el diablo con la condición de que los usara sólo para hacer el mal, sino en tres días moriría.

Un frío día de invierno, una pareja con nueve hijos no pudo refugiarse en la cueva de los Infantes, tanto que nevó que la bruja sintió pena de los pequeños. Con sus poderes arrancó dos piedras de la montaña y las prendió fuego, se las entregó a la familia y les mantuvo calientes durante todo el día. Las nieves siguieron y la bruja volvió a usar sus poderes para hacer el bien y ayudar a esa familia.

Al tercer día, Haeda se encontraba más cansada y envejecida y pensando que igual sólo le quedaba un día más de poderes si volvía a ayudar a la familia y consciente del largo invierno leonés, hizo acopio de todas las fuerzas que le quedaban y llenó las montañas del valle de piedras que podían prender y dar así calor.

Muchas familias vinieron entonces a la zona y sobre las cenizas de las hogueras fundaron el pueblo llamado Ciñera. Según cuenta la leyenda, Haeda fue a morir al bosque de las hayas y desde allí protege a todos los niños que visitan El Faedo.

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