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A. ALGABA / P. ARANGUREN
SAN SEBASTIÁN.
Viernes, 9 de junio 2017
El calor aprieta sobremanera al mediodía. Por encima de los 30 grados frente al histórico Cine Modelo de Zarautz. Un perro descansa en el balcón de un segundo piso con la lengua fuera y un obrero se aprieta media botella de agua a escasos metros de la puerta de entrada de la sucursal del Banco Popular en la localidad costera. La entidad dispone de 22 oficinas en el territorio, con presencia en la mayoría de las localidades con más de 10.000 habitantes. Zarautz es una de ellas y en estos días se entremezclan a las puertas de su oficina los clientes que quieren tener claro el futuro de sus cuentas y ahorros y turistas y visitantes que utilizan su cajero para sacar dinero sin comisión -de hecho hay muchos que apuran estas últimas oportunidades de hacerlo, ya que con la llegada del Santander puede dejar de ser 'gratis' para algunos clientes de otras entidades extraer dinero de estos cajeros-.
La hora que ronda el momento del almuerzo es aprovechada por varios clientes para conocer de primera mano los últimos movimientos y la afección que tienen en sus fondos. Más que una retahíla de usuarios, es más bien un goteo, no muy intenso. De hecho, los clientes más afectados por esta compra del Santander -los accionistas o tenedores de deuda del Popular- ya han sido avisados para que acudan hasta la sucursal a comprobar su 'nueva' situación. Algunos llegan con carpetas llenas de documentos y con pocas ganas de hablar, otros como Kepa sale de la oficina con un papel que mira y remira para comprobar que «está todo en orden». Por suerte, «solo tiene una cuenta corriente», por lo que le han confirmado que su dinero está seguro.
No tiene tanta suerte Gaizka, que llega con su esposa y sale al cuarto de hora de la sucursal. «No ha cambiado nada de un día para otro», espeta al periodista, «nos han atendido igual y no hemos notado nada». El periodista se da cuenta de que la pregunta no ha sido la correcta e interpela a la pareja por si solo tienen una cuenta corriente. «Nos han asegurado que la parte que tenemos en la cuenta corriente está a salvo». ¿Parte? Y el resto. «También teníamos dinero en acciones y eso lo hemos perdido». Prefieren no desvelar su verdadera identidad y piden discrección ya que no quieren que sus familiares crean que lo han perdido todo. «Nos llamaron ayer para que pasaramos por la oficina. Ahora sabemos que el dinero que teníamos en acciones para pagar la universidad de nuestro hijo se ha convertido en cero», explican.
No solo ellos han sufrido esta situación en el territorio y en Euskadi. De hecho, una parte importante de los propios empleados del Popular -se habla de tres cuartas partes de la plantilla- también son accionistas y han perdido esa inversión. Pero no van a rendirse. «Nos han explicado que solo pueden reclamar con posibilidades de éxito los que acudieron a la última ampliación de capital el pasado año. Nosotros no somos de esos, pero vamos a tratar de tocar todas las puertas para recuperar nuestro dinero», añaden.
Lean Abogados cifra en 20.000 los afectados en el País Vasco por la venta del Popular al Santander en el País Vasco, en su gran mayoría pequeños accionistas e inversores, y unas pérdidas de unos 190 millones.
Del Vasconia al Popular
Por su parte, en la oficina del Popular de Tolosa, ubicada en el Arbol de Gernika, los clientes entraban a mediodía de ayer a cuentagotas. Sin tiempo casi para haber digerido la noticia de la compra por parte del Santander se mostraban tranquilos, aunque también rezumaban cierta indignación. «Es un marrón, como todo lo que está pasando en el mundo financiero. Ya no sabes en qué banco estás seguro», relataba Mila, quien insistía en que la incertidumbre se está adueñando de todos los terrenos. «Antes había plena confianza, pero ahora hay una inseguridad terrible». Con todo, no mostraba preocupación por sus ahorros. «Imagino que si hay problemas nos asesorarán».
Eso sí, respiraba algo más tranquila tras conocer que finalmente ha sido el Banco Santander el que se ha hecho con el Popular, «y no Bankia como también se barajaba, una entidad rescatada con el dinero de todos». Mila cree, con todo que «en estos momentos los que te dan más seguridad son Kutxabank y Laboral Kutxa». Esta mujer es clienta de la entidad desde que se casó, hace ya algunas décadas, pero recuerda que entonces era el Banco Vasconia, la filial navarra del Popular desde hace más de medio siglo y que en 2008 fue absorbida por la entidad ahora vendida al Santander.
Mikeli y su hija tampoco mostraban preocupación. «Estoy tranquila, tengo poco dinero. Pero si hubiera tenido mucho o hubiera sido inversora sería otra cosa». Además, consideraba que el hecho de que haya pasado a manos del Santander arroja un plus de confianza. «Ya sabemos que el Santander es de los mejores bancos, y eso te da seguridad. A nosotras no nos cambia nada, nos da lo mismo venir aquí que ir a la oficina del Santander», que está en Tolosa a escasos metros de distancia, en la Avenida San Francisco. Quizá en un futuro deba de hacer ese camino, aunque todavía se desconoce el plan de reestructuración o adecuación que acometerá la entidad de Ana Botín. Ahora mismo dispondría en Euskadi de 193 oficinas y más de un millar de empleados.
A punto de dar la una del mediodía, un comerciante abandona la sucursal tolosarra del Popular. En su caso, prefiere no revelar su identidad. Tiene una cuenta de crédito y no cree que cambiará nada a partir de ahora. «Eso sí, cada vez que hay una fusión o una adquisición, los meses siguientes suelen complicarse algunos procedimientos, sobre todo cuando empiezan con la integración informática». Lo que le parece curioso es que con lo que estaba cayendo en el Popular, hace escasos días le llamaran para realizar una encuesta sobre la relación con el banco y el nivel de satisfacción.
Los empleados de dicha oficina -operan media docena- declinaron realizar declaraciones y se remitieron al gabinete de comunicación del banco. Eso sí, reconocieron que en los últimos días ha habido clientes que han preguntado por la situación de la entidad, como hizo Mila el miércoles nada más conocer la noticia.
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