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CASO DE ÉXITO

Cómo convertir un bocado en marca global

Una frambuesa congelada, dos capas de chocolate y una forma distinta de comer dulce. Franuí nació en la Patagonia y hoy se vende en más de 50 países. ¿Su meta? Despachar 100 millones de tarrinas al año.

Pilar Juste

Antes de Franuí estuvo Rapanuí, una familia chocolatera de Bariloche con raíces italianas y tres generaciones dedicadas al chocolate. Leticia Fenoglio, CEO de la compañía, cuenta que sus abuelos emigraron desde Torino después de la Segunda Guerra Mundial y levantaron la primera fábrica de chocolates de la Patagonia. Años después, en 2013, su padre empezó a probar qué podía hacer con frambuesas de su propia plantación y chocolate. La mezcla no era obvia: fruta congelada, agua y cobertura en un mismo bocado. “Fue la innovación que marcó un antes y un después para nosotros dentro de la compañía”. El salto internacional llegó con la planta de Alcàsser, en Valencia, desde donde hoy venden en 50 de los más de 60 países donde están presentes. Banco Santander acompaña a la empresa desde 2018. “Confiaron en nosotros cuando éramos muy chiquitos, pero ellos pudieron ver el potencial que íbamos a tener”. Para una empresa familiar que empezó a producir en Europa en plena pandemia, ese apoyo no llegó cuando todo era fácil, sino justo antes de que el proyecto demostrara su verdadera escala.

Crear un producto único

Guia Práctica

Franuí no encajaba en ninguna estantería mental. No era un helado, aunque se vendiera congelado; tampoco un bombón clásico, aunque llevara chocolate. Se comía con la mano, necesitaba unos minutos fuera del frío y dejaba una mezcla de frescor, fruta y crujido difícil de explicar sin probarla. Fenoglio lo recuerda de forma muy gráfica: “Yo lo denomino un momento ‘wow’”. Esa reacción fue el primer indicio de que no estaban ante una referencia más, sino ante algo capaz de abrir sitio propio en el mercado. “Mi padre no solo creó un producto innovador que no existía en el mundo, sino que creó una categoría nueva dentro del retail”. Al principio hubo que educar a compradores y distribuidores, pero esa misma rareza terminó siendo su ventaja.

PRODUCTO ÚNICO

CATEGORÍA NUEVA

Elegir bien dónde crecer

Guia Práctica

La elección de Valencia no fue decorativa ni sentimental. La necesitaban por el puerto, la infraestructura, el talento disponible y la conexión con Europa, Oriente Medio y, más adelante, Asia. “Mirándolo en retrospectiva, creo que fue la mejor decisión que tomamos en los últimos años para la marca”. La planta de Alcàsser empezó a producir en julio de 2020, en un contexto poco amable: pandemia, humedad, calor y una fábrica levantada desde cero para un bocado muy delicado. La primera tarrina vendida fuera de Argentina salió de allí el 7 de diciembre de ese año. Hoy el cambio de escala es evidente: Franuí pasó de tener tres empleados fijos en 2020 a contar con 300 personas en planta, y España ya vende el 60% de lo que representa la marca.

Invertir para acompañar la demanda

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El crecimiento de Franuí no siempre avisa con tiempo. En algunos países la entrada es gradual; en otros, el consumo se dispara de repente por redes sociales, recomendaciones o simple boca a boca. Ese comportamiento obliga a preparar capacidad antes de que la demanda llame a la puerta. “Invertir muchas veces da miedo, porque estás poniendo tus ahorros en un proyecto nuevo”. La compañía ya ha destinado 30 millones de euros a su planta actual de Valencia y trabaja en un nuevo salto: otra fábrica en la zona y una tercera en otro país. Fenoglio lo expresa sin rodeos: “Si esperas, ya vas tarde”. La meta global también marca el tamaño de la ambición: alcanzar 100 millones de tarrinas entre Argentina y España.

30 MILLONES

de euros, es la inversión realizada por Franuí en su actual planta de Valencia, desde donde abastece buena parte de su expansión internacional.

Ese esfuerzo industrial necesita financiación, pero también un interlocutor que entienda los ritmos de una empresa que crece rápido y se mueve en mercados muy distintos. Santander estuvo presente en los años duros, cuando la fábrica ya funcionaba, pero las ventas todavía no acompañaban. “Nos bancaron durante tres años muy difíciles y duros, en los que había que pagar sueldos y alquileres y no vendíamos”. Ahora la relación mira hacia las nuevas inversiones. “Realmente lo consideramos un socio estratégico y nos han acompañado en todos estos crecimientos”.

Mantener la esencia a escala global

Guia Práctica

Franuí puede fabricarse en España, venderse en Oriente Medio, viralizarse en Europa o prepararse para Asia y Estados Unidos, pero necesita conservar la esencia de la misma historia. La marca trabaja con distribuidores y socios locales para entender cada país, pero sin borrar sus pilares: Patagonia, familia, innovación y autenticidad. “Adaptarse es clave, pero sin perder la esencia”. Fenoglio resume la lección con una frase que sirve casi como brújula para lo que viene: “Un producto excelente te puede abrir todas las puertas, pero lo que te permite quedarte es la consistencia”. En los próximos años aspiran a llegar a 90 países. El reto no será solo entrar, sino quedarse.

Así empezó
todo

Un proyecto con

Cada pyme tiene una historia única. Muchas nacen en una cocina, un taller o un pequeño local de barrio, impulsadas por la pasión y el esfuerzo de una familia. Con el tiempo, algunas de esas ideas trascienden fronteras y se convierten en marcas reconocidas, llevando su esencia a nuevos mercados sin perder sus raíces. Crecer, adaptarse y llegar más lejos es posible cuando hay visión, compromiso y el apoyo adecuado. Porque internacionalizar no es solo expandirse: es compartir una cultura, una identidad y un legado con el mundo.

CREDITOS

Content strategy:
Aurora Yañez
Project Manager:
Pablo Aceña Martinez
Brand strategy:
Jorge Guillén García
Dirección de Arte Diseño UI:
Alessandro Marra
Desarollo:
César Iriso
Gonzalo Cachon

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