La mujer que quiere (y va a intentar) acabar con el cáncer

Laura Soucek en su laboratorio. /
Laura Soucek en su laboratorio.

Laura Soucek no para de recibir premios por Peptomyc, una 'spinoff' que busca una cura global contra el cáncer. En un año comienza los ensayos del tratamiento que ideó por «intución» cuando aún estudiaba

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZAMadrid

Laura Soucek (Roma, 1973) es una bióloga italianocheca formada en EE UU que desarrolla su labor investigadora en España desde 2011. Su ímpetu emprendedor es casi tan grande como su objetivo: una cura global contra el cáncer no tóxica. ¿Ciencia ficción? Para ella no. La solidez de su proyecto, materializado en su empresa Peptomyc, mereció el apoyo del Instituto Europeo para la Innovación (EIT) y el premio del público del evento celebrado este año. Ahora, a punto de empezar con los ensayos clínicos, afronta la hora de la verdad aterrada pero con ilusión.

–¿Podría describir su proyecto de investigación?

–Desde que era estudiante de Biología decidí enfocarme a la investigación contra el cáncer. La razón es obvia: no conozco a nadie que no haya conocido esta enfermedad directamente o a través de sus seres más queridos y que no sueñe con poder acabar con ella. La Ciencia me pareció la herramienta más eficaz para hacerlo. Cuando era estudiante leí sobre una proteína que se llama Myc, que se encuentra en todas las células, pero que es específicamente necesaria para que las del cáncer puedan sobrevivir y resistir a los tratamientos. Me planteé de inhibirla. Me dijeron que estaba loca, que Myc no se podía atacar, porque es una proteína que se encuentra escondida en el núcleo de las células, un compartimento muy difícil de penetrar con fármacos, y por miedo a los efectos secundarios que inhibirla podía tener en las células normales. Afortunadamente no me dejé convencer y ahora, 20 años después, tenemos péptidos (mini-proteínas) inhibidores de Myc que podrían en principio ser aplicados a todos los tipos de cáncer y proporcionar una terapia eficaz y no tóxica.

–Lleva los dos cargos a la vez: investigadora principal en el VHIO y el ICREA y directora general de su empresa Peptomyc. ¿Cómo lo hace?

–Las dos cosas van juntas y se complementan. Para mí, las dos carreras son parte del mismo objetivo y no suponen ningún conflicto. Llevar ambos papeles supone una carga de trabajo notable, pero me hace mucha ilusión.

–¿Cómo ha sido el paso del ámbito de la investigación al de la empresa? ¿Por qué dio ese salto?

–Decidir de ser emprendedora fue un gran cambio comparado con la carrera de científica. Tuve que aprender de negocio, de estudios de mercado, pérdidas y ganancias, riesgos y propiedad intelectual, todos aspectos muy lejos de mi carrera en Biología. Significó salir de mi zona de confort y explorar un mundo nuevo. Pero, desde el comienzo, entendí que era la manera mejor y más eficaz para traducir lo que llevaba haciendo en el laboratorio hacía mucho tiempo en algo tangible y práctico para los pacientes con cáncer. Es simplemente la consecuencia lógica de mi camino como investigadora, no una desviación.

–¿Cuál es su principal motivación personal?

–Mi propósito ha siempre sido de ofrecer a los pacientes con cáncer una terapia más eficaz y, sobre todo, menos tóxica. Conocí demasiadas personas que decidieron de no curarse por miedo a los efectos secundarios de los tratamientos. Eso es inaceptable. Estamos en el siglo XXI y debemos ofrecerles algo mejor.

Autobiografía

Nací en Italia, en Velletri, un pueblo a las afueras de Roma. Me gradué en ciencias biológicas a la Universidad La Sapienza, donde me doctoré en Genética y Biología Molecular. Fui a EE UU para mi postdoc en la UCSF (University California San Francisco) y ahí me quedé 10 años, primero como postdoc y luego como Assistant Researcher en el laboratorio del Prof. Gerard Evan. En 2011 entré en el Instituto Oncológico de Vall d'Hebron (VHIO) en Barcelona, donde lideré mi propio laboratorio de investigación. Desde 2014 soy profesora del Instituto Catalán de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) y desde 2015 profesora asociada a la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). En 2014 fundé junto con Marie-Eve Beaulieu la spin-off Peptomyc.

–¿Qué le define como persona innovadora?

–Sí, me gusta pensar en grande o, como se dice en inglés, 'out of the box', fuera de la caja. Soy muy curiosa y me gusta aprender. En general, hay pocas cosas que me parecen imposibles, y la mayoría de ellas quizás son imposibles hoy, pero serán posibles mañana o en un futuro no muy lejano. Esa es mi actitud.

–En sus vídeos habla de encontrar, no la cura personalizada contra el cáncer, sino una solución «global». Es muy ambicioso.

–Myc tiene un papel esencial en todos los tipos de cáncer, pues eso significa que, si por fin podemos inhibirla, podremos tratar la mayoría, si no todos los tipos de cáncer, independiente de donde estén, de que mutaciones lleven o de la causa que los ha originado. Dicho así es verdad que parece ciencia ficción, pero también subirse en un avión y volar de Europa a América lo eran en el siglo XIX.

–Cómo valora el apoyo del Instituto Europeo para la Innovación (EIT), que acaba de premiarla por su trabajo.

–El EIT nos ha apoyado desde el inicio de nuestro proyecto, cuando todavía estábamos buscando las primeras inversiones. Participamos con éxito en sus programas Business Plan Aggregator, Catapult y Headstart y, además de recibir ayudas económicas, tuvimos la oportunidad de unirnos a una red europea de empresas, inversores y expertos del sector, que nos han apoyado con programas de 'mentoring' y consejos personalizados para cada paso de nuestro programa de desarrollo.

–¿Qué otros apoyos ha recibido?

–Marie-Eve Beauleiu y yo fundamos Peptomyc con nuestros ahorros personales (no muchos ¡siendo científicas!) y el apoyo de VHIO e ICREA. Desde entonces levantamos 2,2 millones de euros en fondos públicos (del gobierno español, de la Generalitat de Catalunya y de programas europeos prestigiosos como el Horizon 2020) y 5,2 millones de euros en capital privado, gracias a Business Angels, Healthequity y nuestro principal inversor Alta Life Sciences. Prevemos que necesitaremos aproximadamente 10 millones más para completar los ensayos clínicos de fase I/II antes de licenciar el producto a una farmacéutica que complete su comercialización.

–¿Verá su investigación convertida en tratamiento real?

–Nuestro plan es empezar los ensayos clínicos en pacientes en 2020 en al menos dos indicaciones, cáncer de pulmón y de mama. Si todo va bien, luego podremos expandir el uso de nuestros péptidos a más indicaciones. Este ha sido un viaje largo, que me ha llevado a vivir en tres países diferentes, a aprender cuatro idiomas y hacer sacrificios personales y familiares, pero por fin hemos llegado al momento de la verdad: pronto sabremos si, cuando empecé todo esto como estudiante, tuve la intuición justa. Eso me aterroriza e ilusiona a la vez.

Premio del Instituto Europeo para la Innovación

El Instituto Europeo para la Innovación (EIT) ha celebrado este año en Budapest su décimo aniversario con una entrega de premios a los proyectos más prometedores en cinco categorías: clima, salud, alimentación, materiales, digital y energía. En la edición 2018 hubo 38 nominados; un 40% mujeres. Desde su puesta en marcha el Instituto ha creado 6.000 empleos gracias al impuso de proyectos innovadores. Han respaldado 1.250 iniciativas empresariales en esta década que han puesto en el mercado 640 nuevos productos. Cuenta con 40 centros de innovación. La red creada ha recaudado más de 890 millones de inversión externa desde que nació en 2018.

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