La vuelta al trabajo 'en positivo'

La vuelta a la rutina laboral y los cambios de horarios y ritmo de vida pueden tener efectos perjudiciales para la salud | El conocido síndrome postvacacional trae implícito el hecho de volver a someterse a continuas situaciones de estrés y se puede evitar con unos sencillos consejos

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«Quedan cuatro días, quedan tres días, quedan dos, queda uno...» Deshojando mentalmente el calendario, contando hasta las horas e incluso los minutos. Así pasan sus últimos días de vacaciones algunos trabajadores. La vuelta a la jornada laboral les produce más que pesar. Les provoca ansiedad y hasta depresión.

Los motivos son muy variados, desde un mal ambiente en la oficina, un gran descontento con las atribuciones y competencias profesionales hasta el sencillo aborrecimiento de la labor desempeñada.

El tener que enfrentarse de nuevo a esta situación y proyectarse en ella otro año entero produce un gran estrés a la persona, explica la psicóloga Pilar Conde, para quien, o bien es necesario replantearse el trabajo o  bien hay que modificar la manera en la que lo afrontamos. Si tenemos en cuenta que la primera solución no se encuentra al alcance de la mayoría, el cambio deberá producirse en la manera en la que el individuo se enfrenta a esta situación.

Un enfrentamiento con la realidad

Hay que cambiar la mirada y el discurso, explica la directora técnica de Clínicas Origen : «es necesario asumir la responsabilidad sobre la propia vida, quererse más a uno mismo, y cambiar lo de no puedo, no voy a ser capaz por va a ser difícil, me tendré que esforzar, pero…»

Se trata, en definitiva, de cambiar la manera en la que nos enfrentamos emocionalmente a la realidad. Si ante la vuelta al trabajo nos centramos en lo negativo ( no me van a ascender, otra vez madrugar, siempre me dan el peor destino…) nos será mucho más difícil no sólo regresar sino permanecer sin perjudicar nuestro bienestar.

No se trata, aclara la terapeuta, de verlo todo de color de rosa, sino de abordar la realidad de manera racional «y que nos sintamos responsables de nuestras emociones y con nuestro entorno. Eso no  significa no sentir emociones negativas, sino aprender y gestionar las diferentes vivencias con ellas y seguir hacia adelante

Evitar el pesimismo

El enfoque pesimista de la realidad no se cambia de un día para otro, requiere un trabajo mental y un esfuerzo considerables, según cada persona y cada personalidad. Se empieza, explica Pilar Conde, tomando conciencia de como nos hablamos, como interpretamos, que pensamos cuando nos sentimos de una manera u otra. A partir de ahí, debemos detectar que interpretación se esconde tras nuestras emociones.

En casos de depresión y cuando el planteamiento personal no basta, es necesario recurrir a la ayuda profesional. Parte de la  terapia de Origen consiste en «aprender a pensar de una manera diferente, que nos permita sentirnos bien con nuestro valores y con nosotros mismos.» Dependiendo de la gravedad, aclaran desde la clínicas, el tratamiento oscila entre las ocho y las veinte sesiones.

El hipersensible, el realista y el tóxico

La manera de mirar la realidad depende  de nuestras creencias y de nuestras emociones, y algunas de ellas vienen marcadas por nuestras experiencias, por lo que también es un factor importante el cómo hemos aprendido a enfrentarme a las diferentes experiencias

Las personas sensibles y, por supuesto, las hipersensibles, pueden tener reacciones afectivas bruscas e intensas. La manera de no dejarse llevar por estas reacciones es aprender a identificarlas para evitar que nos guíen en nuestro día a día, ya que suelen generar reacciones impulsivas. Una vez que comprendamos este proceso, añade la experta, el siguiente paso es manejar esas emociones con el fin de transformarlas en algo útil para nuestros objetivos. 

En el otro lado, el realista es más objetivo a la hora de interpretar las situaciones,  tiende a buscar la utilidad y maneja mejor sus estados emocionales. Su forma de ver la vida es « más adecuada  para la interacciones sociales, familiares, profesionales.»

Cuando el bienestar depende de la mirada de otro, lo que se llama en literatura un elemento tóxico, la manera de ayudarle y ayudarnos, es ser asertivo con este compañero, diciéndole que es posible que no estemos de acuerdo con su manera de ver las cosas, pero la respetamos. Es mejor no entrar en discusión y pedirle que nos gustaría que dejase de trasladarnos su visión.

Además, añade Pilar Conde, hay que marcar límites con esa persona y, sobre todo, entender que su manera de ver la vida está sesgada.