Condenado a 49 años de cárcel por abusar de 12 alumnas durante una década

Pintadas en el colegio madrileño Valdeluz./
Pintadas en el colegio madrileño Valdeluz.

El profesor de música del colegio madrileño Valdeluz aprovechaba su popularidad para someter a tocamientos íntimos continuados a niñas de entre 7 y 17 años

Alfonso Torices
ALFONSO TORICESMadrid

Era un lobo con piel de cordero. Andrés D. D., quien fuera el profesor más admirado y popular del colegio concertado Valdeluz de Madrid durante dos décadas, ha sido condenado por la Audiencia Provincial de Madrid a 49 años, cinco meses y 21 días de cárcel por haber abusado sexualmente de al menos 12 de sus alumnas cuando todas ellas eran menores de edad. No obstante, el condenado, que puede recurrir el fallo ante el Tribunal Supremo, no pasará entre rejas más de 20 años, el triple de la pena mayor.

La sentencia describe como este docente convirtió la academia de música 'Melodía siglo XXI, que en 2001 instaló en una planta arrendada al colegio en el que también daba clases de Filosofía desde diez años antes, en el lugar donde someter de forma continuada a algunas de sus alumnas a toda clase de tocamientos. Cosa que logró durante más de doce años con total impunidad, hasta que, en 2014, varias de sus víctimas no pudieron soportar más vejaciones y se lo contaron a sus padres.

Hasta que se vieron atrapadas en sus abusos, las alumnas sentían por el profesor de música «una admiración superior a lo normal». Era el profesor «guay», «querido y valorado» tanto por padres como por estudiantes, con los que estableció una relación «cercana y cariñosa», y para los que organizaba fiestas, barbacoas y viajes de estudios. Esta admiración, explica el tribunal, es la situación de la que se prevalió Andrés D. D. para tocar a sus alumnas sin su consentimiento, pero sin serle necesario acudir a la violencia o a la intimidación. Muchas de las chicas, sobre todo las más mayores, se quedaban bloqueadas ante su comportamiento y sin saber qué hacer, pues temían que sus padres no las creyesen si lo contaban.

Comenzaba con besos, abrazos y cosquillas, para aumentar la gravedad de los abusos paulatinamente, con tocamientos en zonas íntimas, pechos y nalgas. Todas sus víctimas, según la Audiencia, son menores de edad, de entre 7 y 17 años. En concreto, cinco de las doce niñas ni siquiera tenían 13 años cuando empezó a tocarlas y las vejaciones eran reiteradas, como lo demuestra que once de las doce condenas fuesen por delito continuado. En tres casos, los más graves, el condenado aprovechó las clases de piano, en las que estaban solos profesor y alumna, para introducir sus dedos en la vagina de las menores, con la excusa de corregir su postura sobre el instrumento. De dos de estas menores abusó durante seis y siete años seguidos, desde los 10 y 11 años y hasta los 17.

El tribunal asegura que no ha tenido dudas a la hora de dar crédito a las víctimas, por la coherencia, persistencia en el tiempo y verosimilitud de sus testimonios, que han contado con elementos de corroboración y con ausencia de motivos espurios. De hecho, los jueces rechazan el argumento del condenado para pedir su absolución por ser víctima de una confabulación de las alumnas para vengarse de su mujer, también maestra en la academia, y destacan que, muy al contrario, no ven invención alguna, porque a las víctimas les ha supuesto un gran «coste emocional» y la asistencia a terapias psicológicas dar primero el paso de la denuncia y «mantenerse firmes», cuatro años después, durante el juicio.

Prohibido dar clase

Los jueces condenan a Andrés D. D. a indemnizar a las 12 víctimas con un total de 142.000 euros por los daños morales, pago del que también será responsable de forma subsidiaria el colegio donde estaba ubicada la academia, por considerar el tribunal que existió una clara «culpa in vigilando» al no haber hecho lo suficiente para atajar los abusos.

La Audiencia de Madrid añade toda una serie de penas accesorias a la principal de 49 años de cárcel. El condenado tiene prohibido ejercer de maestro o cualquier otro empleo en el que se tenga contacto con menores por un periodo de cinco años y cuando abandone la cárcel pasará cuatro años en situación de libertad vigilada. De igual manera, tanto mientras esté en situación de libertad provisional como después, durante los posibles permisos penitenciarios, se le mantiene la prohibición de aproximarse a 500 metros de cualquiera de sus víctimas, de sus domicilios o lugares de trabajo o tratar de comunicarse con ellas por cualquier medio durante un periodo de cuatro años.

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