El último regalo de Ana Frank

Este manual de botánica fue su último regalo./R. C.
Este manual de botánica fue su último regalo. / R. C.

La exposición 'Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos' suma, a sus más de 600 piezas originales procedentes del campo de exterminio, tres objetos más de la joven, entre ellos un manual de botánica que recibió cuando cumplió 15 años

Iker Cortés
IKER CORTÉSMadrid

Quedaba un elemento -en realidad eran tres- para cerrar el círculo. Y eso que la exposición 'Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos', presente en Madrid desde el pasado mes de diciembre, ya abordaba de forma sucinta el relato de quienes habían estado escondiéndose antes de pasar a engrosar las filas del campo del horror. Apenas se mencionaba, sin embargo, al otro gran símbolo del Holocausto: Ana Frank y el diario en el que relató los dos años en los que permaneció escondida.

Hasta ahora. La muestra, que permanecerá abierta al público hasta el 3 de febrero y ha recibido ya 475.000 visitas, acaba de sumar al conjunto de más de 600 piezas originales procedentes del campo de exterminio, tres objetos cedidos por la Casa de Ana Frank, la organización que gestiona el lugar en el que la joven se ocultó durante la Segunda Guerra Mundial. Con su labor, esta institución pretende «concienciar a la juventud de los peligros del antisemitismo, el racismo y la discriminación y recalcar, al mismo tiempo, la importancia que tiene la libertad, la democracia y la igualdad de derechos», explica Teresien da Silva, jefa de las colecciones de la organización sin ánimo de lucro.

De los tres objetos, quizá el más llamativo sea el tirador de madera situado en la parte posterior de la librería que daba acceso al escondite. Unida a un trozo de cuerda y sujeta por un gancho, la pieza accionaba el mecanismo que desplazaba la estantería y permitía el acceso a este anexo secreto en el que llegaron a convivir hasta ocho personas. «Al señor Kugler le pareció que era mejor que delante de la puerta colocáramos una estantería. Por supuesto se trata de una estantería giratoria que se abre como una puerta», llegó a relatar la muchacha en agosto de 1942. La librería aún se puede visitar en la Casa de Ana Frank, pero el tirador no suele estar expuesto al gran público por motivos de conservación, así que la oportunidad es casi única.

El tirador de madera y la guía turística de Holanda. / R. C.

No deja de ser curioso que otro de los objetos recién llegados a la colección sea una guía turística de Holanda en perfecto español. La cosa tiene miga. El librito, titulado '¿Cómo hay que visitar a Holanda?', era propiedad del dentista judío y alemán Fritz Pfeffer, que emigró a los Países Bajos a consecuencia de la persecución nazi y acabó compartiendo habitación con Ana Frank en otoño de 1942. Su intención era aprender español porque, una vez acabara la guerra, quería empezar una nueva vida en Chile y dedicarse a la cría de caballos. Casi cómicas resultan las referencias que la joven hacía en su diario a los pocos avances que Pfeffer lograba con el castellano. Eso sí, en la portada de la guía, para que quedara constancia de su dueño, Fritz sí que supo escribir su nombre en español, Alfredo.

La tercera pieza bien puede representar las funestas consecuencias que el Holocausto tuvo para seis millones de personas: el último regalo que la joven recibió tras cumplir 15 años. Cabe imaginarse la angustia y las ansias de libertad que atesoraba la adolescente, enclaustrada permanentemente entre cuatro paredes. Quizá por ello sus padres, Otto y Edith, la obsequiaron con un manual de principios de botánica. En el tomo se puede leer la inscripción manuscrita «Ana Frank, 12 de junio de 1944, en el anexo». Lamentablemente, no volvería a recibir ningún otro presente.

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