Shirin Ebadi: «Soy musulmana y soy feminista. ¿Dónde está la incompatibilidad?»

Shirin Ebadi./Virginia Carrasco
Shirin Ebadi. / Virginia Carrasco

Esta abogada iraní milita en la liga de los Derechos Humanos, lo que la convirtió en la primera iraní y musulmana en ganar el galardón noruego. Su defensa de la minoría bahá'í la ha dejado expuesta

ÉRIKA MONTAÑÉS

Dice Shirin Ebadi (Hamadán, Irán, 1947) durante un receso del Congreso Santander Women NOW Summit que viaja diez meses del año, así que no tiene tiempo de revisar las redes sociales y comprobar cómo las mujeres de la Península Arábiga están canalizando su particular lucha a través de ellas. Sí tiene colaboradores en su ONG que le informan, pero, reniega, en la liga de hechos reales donde ella milita, las cosas no son tan simples como una foto en Instagram o un tuit difícilmente verificable. El Gobierno iraní vuelca sobre esta menuda mujer acusaciones atroces cada día que le hacen temer por su vida.

Ebadi participó ayer en una enérgica ponencia en defensa de los derechos de las mujeres y de minorías religiosas, como los bahá'í (seguidores del bahaísmo, religión no oficial en Irán que cuenta con 350.000 fieles en el país), cuya causa ha estado a punto de costarle la ejecución. Esta abogada se atrevió a desafiar el orden nacional y defenderles en los tribunales. El resultado ha sido la pena de muerte para sus siete defendidos. Al contarlo, sus ojos reflejan dolor sin cansancio. Golpea la mesa cuando le gusta la pregunta y contesta con la misma vehemencia que emplea ante la Justicia de su país. Sobran presentaciones desde que en 2003 se convirtió en la primera mujer iraní y musulmana en ganar el Nobel de la Paz, así que la primera pregunta es obligada.

-¿Qué significa para Shirin Ebadi ser mujer y musulmana?

-Soy feminista y a la vez creo en el Islam, soy musulmana. Para mí no hay incompatibilidad. ¿Dónde está? Hay fundamentalistas, como los talibanes, y otros somos musulmanes modernos. Creo que las leyes de la sharía son de dos tipos: unas rigen la relación del hombre con Dios, como la oración y el ayuno, son leyes de siempre, no varían. Pero hay otro tipo de leyes del Islam que tienen que ver con la organización de la actividad humana dentro de una sociedad, por ejemplo, las del matrimonio, el comercio y el castigo. Estas leyes tienen que cambiar porque la sociedad lo hace. La poligamia es una ley de 14 siglos atrás cuando se quedaron sin hombres por las guerras, no tiene nada que ver con Dios, y esto hay que cambiarlo.

-¿Cómo ha vivido el resurgir del movimiento feminista?

-Con expectación. La victoria de las mujeres en cualquier lugar va a afectar al destino de las mujeres en otro país. En Irán, la situación es muy discriminatoria. Desde 1979, con la Revolución Islámica hasta hoy, se han aprobado leyes contra las mujeres: un hombre puede estar casado con cuatro señoras a la vez, y divorciarse cuando quiera. Para una mujer el divorcio es impensable y, una vez casada, se restringe su movimiento y no puede trabajar sin consentimiento del esposo. En caso de accidente, el valor que se da a la vida de una mujer es la mitad que la de un hombre.

-¿Envidia a la mujer occidental?

-No, pero aprendo de ellas. Vosotras empezásteis la lucha por la igualdad mucho antes que yo y me da mucha esperanza ver lo que habéis conseguido.

-Abomina de la imagen que se transmite aquí de la sociedad iraní...

-Aprovecho la pregunta para denunciar que solo el 10% de los iraníes son muy, muy ricos. Hay coches y casas allí que no verás en Europa, todo de personas allegadas del Gobierno. El 90% restante no sale en ningún reportaje que se vende en Occidente por periodistas que no quieren perder su visado en Irán. El año pasado la gente salía cada día a protestar porque no tenía pan, pero eso no se ve en esas páginas que solo reflejan la vida del 10% de los iraníes.

-Le voy a leer una frase que dice un partido emergente en España que se llama VOX. «Nuestro enemigo común, el enemigo de Europa, de la familia, la vida y el futuro se llama «invasión islamista». ¿Cómo recibe estas palabras?

-No estoy en absoluto de acuerdo. Europa es un continente viejo y necesita mano de obra joven. Si a los refugiados musulmanes se les recibe con los brazos abiertos y se les da la oportunidad de que aprendan un empleo, para que se conviertan en ciudadanos útiles, la economía prosperará. Pueden ser grandes aliados. Pero si les cierran la puerta y permiten que vivan en la miseria se van a convertir en un lastre para la sociedad. El resugir de políticas radicales nos devuelve a la época en que se crearon muros entre nosotros.

-¿Quiénes quieren la República Islámica para Irán?

-Es fácil: las fábricas de armas. La mitad de las armas que se producen en el mundo se venden en esta región, donde rivalizan Irán y Arabia Saudí. Si llega la democracia a Irán, ¿quién comprará esas armas?

-¿Ha temido por su vida?

-Varias veces. En documentos oficiales que intercepté había órdenes de los servicios militares para que me ejecutaran. Tener miedo es como tener hambre. Es un impulso involuntario. Al cabo de los años, aprendí qué tenía que hacer para que el miedo no me paralice.

-Se rumorea muchas veces sobre su nivel de implicación en política...

-Un defensor de los derechos humanos no tiene que aceptar ningún puesto ni el poder, pero sí está obligado a hablar y denunciar al Gobierno que los viola. El Gobierno, para intentar acallarme, suelta que me he metido en política.

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