Ella quería un abrazo y él sexo a lo «bruto»

La violación múltiple de Bilbao y dos sentencias recientes en Madrid y Barcelona muestran que las 'apps' de citas pueden servir para emboscar a las víctimas

Ella quería un abrazo y él sexo a lo «bruto»
Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Entre las denuncias más recientes de delitos sexuales que involucran a las 'apps' de citas también hay absoluciones: en la Plaza de Ópera de Madrid quedaron un hombre y una mujer que habían contactado por Tinder. Bebieron y subieron al piso de él a cenar. «Caricias, besos, tocamientos en la cama», dice la ponencia de la Audiencia Provincial de Madrid, hasta que «culminaron el acto sexual». Como ella «no reaccionaba», en palabras del hombre, él se retiró. Ambos se quedaron tumbados en la cama. Después ella se vistió y se marchó. «Necesitaba que me abrazaran y no me abrazaste», le escribió camino a su casa. Pero había algo fuera de lugar. Tenía hematomas en hombros, brazos, muslos y cadera que tardaron cinco días en curar, según los hechos probados.

Tinder declinó hacer declaraciones sobre la seguridad que proveen a sus usuarias. «No tenemos portavoz en España», se excusa la empresa. En su web afirman que «si bien un porcentaje relativamente pequeño de estos 'matches' ha llevado a que algunos usuarios sean víctimas de actividades delictivas, consideramos que un solo incidente de mala conducta o comportamiento delictivo ya es demasiado» y que para evitar cuestiones como el acoso se bloquean las cuentas de quien haya sido denunciado por «agresión», entre otras medidas.

No se trata solo de las populares Tinder o Badoo. Otras plataformas también se han usado para agresiones, estafas y otros delitos. «Nos comportamos como antes de la aparición de estos nuevos contextos digitales, reproduciendo conductas y actitudes: seduciendo, deseando, cuidando, cotilleando, viéndonos con otras personas, controlando, vigilando...», mantiene Fernández. «Pero en un contexto digitalizado son más admisibles debido a la ausencia de la corrección y la sanción social que sí existe en otros espacios físicos y no virtuales».

Después del encuentro, la pareja de la plaza de Ópera intercambió mensajes, que servirían para absolver al hombre de la acusación de agresión sexual. Ella le dijo que «esperaba que me entendieras y me pidieras volver a tu casa», le recriminó que fuera «brusco», le explicó que se sentía «vulnerable» debido a la menstruación y le aseguró que había llorado. Él reconoció haber sido «un poco bruto». Ella le denunció días después: él la había forzado, sostuvo. El tribunal declaró que la relación fue «consentida», basado en testimonios de los compañeros de piso del hombre y en mensajes de ella («me he acostado contigo porque he querido (...) no has hecho nada malo». El hombre ha sido absuelto por la justicia. Sin embargo, ella, demasiado vulnerable para las relaciones sin afecto, ha requerido terapia psicológica con fármacos.