«Todo pasado fue peor»

Noemí Sanín, en la entrega de los premios de la Fundación Everis en Madrid./José Ramón Ladra
Noemí Sanín, en la entrega de los premios de la Fundación Everis en Madrid. / José Ramón Ladra

La excanciller colombiana pide más investigación y pensamiento para transformar, mejorar y cambiar el futuro

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Rodeada de libros de ensayo, arte y fotografía, como uno de gran formato de Helmut Newton, en anaqueles hasta la cima de un alto techo, Noemí Sanín, exministra de Asuntos Exteriores de Colombia, dos veces candidata a la presidencia de su país y actual presidenta de la Fundación Everis para «fomentar el talento, el emprendimiento y la innovación, especialmente tecnológica», invita a un 'tinto' colombiano.

Lectora empedernida, recomienda el libro de Madeleine Albright, 'Fascismo: una advertencia', y el Thomas Friedman, 'Gracias por llegar tarde'. Entre sus responsabilidades actuales está la elaboración de un informe anual sobre el estado de las universidades. A primera hora de la mañana enciende las luces, porque los días de invierno «no son fríos pero sí oscuros», y cita a García Márquez: «Él decía que la educación iba desde la cuna hasta la muerte, y, aunque la frase parezca literaria, así debe ser».

-En los debates recientes sobre educación se repite la idea de que las universidades deben formar para el empleo que requieren la empresas. ¿Qué papel deben asumir los centros de investigación y de formación?

-Tenemos que enseñar a aprender. En el mundo digitalizado el conocimiento está al alcance de todos, personalizado de acuerdo a la vocación, el talento, la oportunidad y las necesidades. Se calcula que la obsolescencia del conocimiento puede equivaler a dos años de lo aprendido cuando se termina una carrera y, además, los estudiantes salen sobrecualificados en un 60% para sus puestos de trabajo. Eso quiere decir que las personas están gastando demasiado dinero con relación a la tasa de retorno que tendrán con su remuneración, así como la inversión de los países en formación. Hay que transformar la educación para estimular la creatividad, el talento y la resiliencia.

-Eso genera muchas resistencias internas en las universidades.

-Todos los grandes cambios traen resistencia, pero el mundo educativo tiene que cambiar porque los jóvenes de hoy tienen un sentido de propiedad y de estabilidad laboral totalmente distinto. Sin embargo, estas generaciones nuevas, que no se sienten representadas por la democracia liberal debido a los excesos de los monopolios o la corrupción, buscan cómo expresarse sin encontrar los canales adecuados. A cambio, surge la violencia. Tenemos que encontrar canales eficientes y pacíficos para expresar nuestro pensamiento y proponer mecanismos de gobernanza y administración que nos permitan tener una vida tranquila y de progreso.

-Estas formas de violencia parecen servir más para acceder al poder que para la gobernabilidad de una nación.

-Los partidos tradicionales han perdido las mayorías y deberían tener la capacidad de pactar, pensando en el interés general y el bien común, lo que está siendo cada vez más complejo. Se piensa mucho en temas electorales. El populismo y el fascismo, que muchas veces son confundidos, son capaces de generar esperanza, sustentada en economías imposibles y engaños. La gente se sube en esa ilusión y después vienen una realidad dura y las carencias de las libertades.

-¿Es ése el reto frente a los populismos, tanto de izquierdas como de derechas?

-Uno puede estar en total desacuerdo con los extremos, a los que tengo mucho temor, pero, si utilizan el respeto constitucional, lo único que hay que hacer es ganarles con la razón, mediante las elecciones y las expresiones políticas adecuadas.

-En lo científico, la ética puede verse resentida por la necesidad de generar dividendos.

-El tema de la bioética es uno de los más complejos que vivimos. Existen muchas empresas con finalidad comercial que investigan para la rentabilidad económica y no en beneficio del ser humano. Sobre la frontera de lo ético, hay déficit de pensamiento. Pero son tan rápidos los desarrollos tecnológicos que las normas siempre van detrás y los grandes temas se están quedando sin debate. Por ejemplo, el de la inmigración, que es un factor de riqueza desde múltiples aspectos, pero que se aborda desde la ignorancia.

-¿Esa ignorancia y falta de debate ético es reflejo del discurso digital, que simplifica en exceso?

-La tecnología es un medio que facilita que las personas se puedan comunicar y entender, pero la digitalización, que tiene formas económicas de llevar un mensaje pero no de expresar un pensamiento, no puede reemplazar la investigación. Si alguien no profundiza o se queda con el titular no es culpa de la tecnología.

-Usted ha dicho que «todo pasado fue peor». ¿El futuro será mejor?

-Hay gente catastrofista y pesimista, pero el acceso y la democratización de la educación y la salud, la posibilidad de generar empresas sin capital pero con talento y el Estado de bienestar tienden a ser cada día más generales. Yo sí creo que todo pasado fue peor. Presenciamos la construcción de una gran masa de clase media, de ciudadanos que demandan servicios y tienen la posibilidad de tenerlos. El pasado fue bueno para unos pocos, mientras que el presente es bueno para un porcentaje mucho mayor de personas. Pero siempre estamos en la necesidad de transformar, mejorar y cambiar. Y estas nuevas generaciones lo están demandando.

 

Fotos