Una historia de amor y arena

El anillo, en la foto compartida por Anne Busch./Ann Busch
El anillo, en la foto compartida por Anne Busch. / Ann Busch

En una playa de Irlanda, dos niñas encontraron un anillo de boda con una inscripción, y se empeñaron en encontrar a su dueño

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Un día de playa, como cualquier otro, de verano en Irlanda. Una madre y sus dos hijas construían castillos de arena, enterraban dedos y uñas en el sustrato para hacer fosos y puentes. Levantaban torres y rasgaban ventanas. Las arquitectas efímeras lidiaban con los pedruscos y el agua del Atlántico irlandés, en la turística playa de Portsalon, de kilómetro y medio de costa, que «nunca está llena de gente», según las guías locales. Nada fuera de lo común hasta que encontraron un anillo en la arena, informa Ciaran McCauley de la BBC. Un aro de oro, como diseñado por Tolkien para el dedo del Hobbit. Un botín de final de día, un raro 'souvenir' que guardar en el baúl de los recuerdos, excepto porque la joya tenía una inscripción. «Maria», estaba escrito en el reverso, con una fecha.

La madre, Ann Busch, tuvo una idea. Extender la aventura más allá de las conjeturas imaginativas de sus hijas, Lola y Maisie, de seis y tres años. «Cavábamos castillos de arena y el anillo apareció», relató Ann Busch, que vive en Lisburn, a casi tres horas de viaje en coche. «Las chicas estaban muy emocionadas». ¿Quién era ella y quién el legítimo portador de la sortija? Un juego imprevisto con el que dar aventura a los atardeceres playeros. Primero, preguntaron a los residentes y tenderos locales. Ningún éxito. Al regresar a su hogar esa tarde, Busch escribió una nota en redes sociales, un intento similar a tirar una botella con un mensaje por la borda.

Una semana después, su búsqueda había encontrado eco en unas 4.000 voces, que compartían el hallazgo y que le escribían para reclamar el anillo. Parece que se han perdido muchos anillos en esta parte del mundo, pensó Busch, que no había desvelado la fecha completa. Esa era la contraseña que tenía que pronunciar su propietario para recuperar la joya.

Las tres chicas comenzaban a perder la esperanza de encontrarlo, cuando un hombre les respondió con los datos certeros. «Es de mi cuñado», les dijo, y etiquetó al aludido, Gary Crossan, que contó su historia: el anillo resbaló de su dedo en aquella playa, sin darse cuenta. Sólo sabía que no estaba cuando salió del mar. Junto a su esposa, esa «Maria» de la inscripción, de apellido McCambridge, atleta que llegó a representar a Irlanda en las Olimpiadas de 2004, buscaron en la arena y el muelle. «Fue un accidente, pensé que no volvería a verlo», dijo Crossan. Aunque la pieza puede tasarse por sus quilates, el valor era en realidad sentimental, el que tiene un símbolo con 15 años de matrimonio.

La pareja vive en Dublín, muy cerca de las niñas y su madre. Aunque todavía el anillo no ha sido devuelto, la odisea de búsqueda ha terminado, con final feliz.

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