Esperar con el bebé en brazos en Kiev

Una de las familias en la entrada de la Embajada española en Kiev, Ucrania./Efe
Una de las familias en la entrada de la Embajada española en Kiev, Ucrania. / Efe

Los españoles que quieren adoptar aguardan la cita consular, mientras cuidan a los que serán sus futuros hijos

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Dos personas normales, con un sueldo normal. Así se definen María y Fernando, una de las parejas españolas que han tenido un hijo por gestación subrogada en Ucrania. Cuando ella tenía 32 años, le detectaron cáncer de útero y se lo extirparon. Para ser padres, no tenían otra alternativa. La adopción se le niega automáticamente a quien ha sufrido cáncer, explican. Además del material genético del padre, ella aportó los óvulos. «El niño es 100% nuestro hijo biológico», asegura María. «Elegimos Ucrania hace un par de años por el precio más económico. Estados Unidos era impensable, costaba más del doble. A pocas semanas de que nazca tu hijo, el Consulado, que venía registrando a los niños, comunica que ya no lo hará. Decir desesperados es poco», afirma.

La pareja llegó a Kiev el 26 de julio, el mismo día que nació su hijo. «No estuvimos en el parto», recuerda ella. «Dio a luz cuando estábamos en el avión». Ambos de vacaciones, contaban con hacer los trámites, que usualmente demoraban entre tres y cuatro semanas, y volver. En ese tiempo, sólo obtuvieron la cita del Consulado para entregar la documentación a finales de octubre. Sin más días de asueto, Fernando volvió al trabajo. Ella pidió una excedencia para permanece en Ucrania con el bebé. «En manos del cónsul está el marcharnos mañana de aquí», dice María. «Aún esperamos una respuesta por escrito», añade.

La espera es larga. El viernes todavía no había ninguna decisión sobre cómo se resolverá la crisis generada por el anuncio de denegación de la inscripción consular. Una situación empeorada por la demora en conceder la cita a los padres. Esta semana diferentes familias asistieron a la convocatoria consular y coinciden en señalar que, sin haber comenzado a estudiar ningún caso específico, el Consulado aún no ha determinado si inscribirá o no a los menores.

En caso positivo, baraja dos posibilidades: darle pasaporte o un salvoconducto. En caso negativo, los padres tendrían que pedir la nacionalidad ucraniana para el niño. Frente a las familias, el cónsul insistió en que la decisión corresponde al Ministerio de Exteriores. Mientras tanto, las madres, con sus hijos en brazos, se defienden como pueden en una ciudad extraña, al margen de los servicios sociales, apegados a las dietas concertadas con anterioridad. «Aquí ni siquiera hablan inglés», refiere una de ellas. «¿Qué pasará si se enferma? ¿Acaso esperan que ocurra una desgracia para actuar?».

El embarazo transcurría con normalidad. La fecha prevista del parto era el 14 de agosto. Javier y Cristina, padres 'intencionales', mantenían contacto constante con la 'gestante', la mujer que, previo contrato regido por las leyes ucranianas, alquiló su vientre al hijo de la pareja española. «En todo momento tuvimos contacto con ella», cuenta la pareja desde Kiev, donde esperan que el Consulado español les atienda, después de aguardar 20 días a que les diera la cita para mediados de noviembre. «Para nosotros era muy importante hacerlo en un país que respetara en toda regla a la gestante. Comprobamos que los trámites fueran lícitos y legales».

Justificación oficial

Las condiciones en que se contrata a la mujer que alquila el cuerpo para que se desarrolle el feto es una de las justificaciones de Exteriores para poner en tela de juicio la gestación subrogada. «El Gobierno tiene la obligación de preservar y proteger los derechos de las mujeres gestantes», aseguró en un comunicado oficial.

La sospecha sobre la voluntariedad de la transacción económica también se encuentra bajo la lupa de Ciudadanos, que pretende por tercera vez la aprobación de una ley para el alquiler de vientres. Allí remarcan el carácter «altruista» de la gestante.

«La falta de regulación en nuestro país hace que las familias españolas se expongan a los riesgos de mala práctica en el extranjero. Es necesaria una regulación valiente», opina Marcos Jornet, director de Son Nuestros Hijos. Otros 20 casos identícos esperan en Georgia, cuyo Consulado español (ubicado en Ankara, Turquía) también ha anunciado medidas similares a las de Ucrania.

Mientras tanto, gracias a un intercambio permanente de mensajes con la 'gestante', Javier y Cristina supieron que le practicarían una cesárea el 10 de agosto. Dos días antes, viajaron a Kiev. Sin entrar en quirófano, estaban en la clínica cuando nació el bebé. Una niña, que ahora está en brazos de la madre, en un apartamento que está incluido en los 35.000 euros del proceso coordinado por la agencia Surrobaby en la clínica Biotexcom, el centro investigado por las autoridades ucranianas.

«Lo normal es no llegar a tiempo», dicen, mientras realizan las pruebas de paternidad que exige Ucrania, para constatar, por medio de análisis de ADN, que existe filiación biológica entre padre e hija. En los próximos tres meses, según cálculos de Jornet, podría haber medio centenar de partos. Los padres seguirán viajando en los vuelos directos a Kiev.

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