La doble pena de los hijos de Infancia Libre

Madres de la Asociación Infancia Libre junto a senadoras de Podemos, en 2017./R.C.
Madres de la Asociación Infancia Libre junto a senadoras de Podemos, en 2017. / R.C.

Los niños son quitados a sus madres, acusadas de esconderlos de sus exparejas, todos con causas sobreseídas por abuso sexual

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

La primera vez que María Sevilla testificó por negarse a cumplir con el régimen de visitas concedido al padre de su hijo, ella argumentó que el niño había «verbalizado» haber sufrido abusos sexuales. La Fiscalía le creyó y abrió diligencias. El caso fue sobreseído, es decir, archivado provisionalmente, en 2013. «La acusación la hace la Fiscalía por presunto delito sexual», mantiene Sevilla, de 36 años y presidenta de Infancia Libre. «Yo nunca denuncié pero este señor debería seguir imputado». En 2017 ella se mudó con el niño, su pareja actual y una hija de ambos a Granada, y el padre acudió a los juzgados y ganó la custodia de su hijo. Entones, la familia desapareció. Con una orden de busca y captura, los encontraron en Villar de Cañas. El niño de once años estaba sin escolarizar y el juez decretó que viviera con su padre, aunque ella no está en prisión. «Salían sólo al ocaso, mi hijo llevaba una vida más nocturna y ella le obligaba a llamar papá a su marido», se queja el padre en televisión, un medio que también usa la madre: «el niño tiene miedo que ese señor lo mate».

En el fondo, el caso de las mujeres investigadas de Infancia Libre, una asociación marginal creada en agosto de 2015, contiene las historias de cuatro niños sacudidos por un vendaval mediático, levantado por cuatro factores que, en orden cronológico, son: sus madres denunciaron a sus exparejas por abuso sexual contra sus propios hijos y se asociaron a Infancia Libre, una organización marginal creada para dar voz a los niños víctimas de agresiones sexuales. Además María Sevilla, Patricia González, Rocío de la Osa y Ana María Bayo se fotografiaron con dos diputadas de Podemos cuando ese partido político las invitó a hablar en el Congreso. Por último, las cuatro fueron acusadas de «sustracción de menores» y «desobediencia a la autoridad judicial» y detenidas entre marzo y junio.

Los hijos quedaron a la deriva de la disputa entre sus progenitores. Como el hijo de Sevilla, la hija de Patricia González está con su padre; la hija de Rocío de la Osa, con una tía paterna, mientras que Ana María Bayo mantiene la custodia de la suya. A diferencia de las dos primeras, sí existe una sentencia en contra de los padres de los dos últimos casos por violencia intrafamiliar. El padre de la hija de Bayo, que se separó de ella cuando la niña tenía seis meses, fue sentenciado por un delito de maltrato familiar. Había abofeteado a la niña cuando tenía siete años. Hace cuatro meses el juez lo absolvió del cargo de abuso sexual, a pesar de que la niña insistiera en su versión, sostenida en un audio que, más que dudas razonables, provocaba certezas. Al padre, sin embargo, le prohibieron acercarse a su hija, ahora de doce años. Ambas partes recurrirán la sentencia.

La expareja de De la Osa, por su parte, había sido condenado por maltrato. Hacía cinco años él había abandonado la ciudad en que vivía la niña, ahora de ocho años y no la había vuelto a ver. «Mi hija me contó una serie de cosas y le creí», afirmó Osa, de 36 años, también en televisión. «La he protegido hasta donde he podido». ¿Las madres habían adoctrinado a los hijos para volverlos contra el padre, castigado así tras la separación? Es una tesis. ¿Habían sido realmente abusados por sus padres y las madres habían actuado con instinto protector? Es la otra hipótesis. Sin una respuesta nítida, los juzgados han dejado correr el tiempo.

Extraña coincidencia

En 2014 Osa y González denunciaron en distintas jurisdicciones y en marzo de 2015 lo hizo Bayo. Cinco meses después las cuatro coincidían en Infancia Libre, cuando se registró la organización para «la protección a la infancia» y pidió tres euros mensuales a sus «simpatizantes». Nunca recibió subvenciones y no pagó sueldos, asegura Sevilla. Las causas por violencia doméstica de los padres contra los hijos se resolvieron con sobreseimientos en el caso de Sevilla y González,de 44 años. Los jueces consideraron que no había pruebas suficientes pero ningún caso se archivó como denuncia falsa. Ahora se dieron vueltas las tornas y la ley va contra ellas. Ocho padres constituyeron una plataforma en Granada y contrataron a un bufete para demandar con acciones conjuntas, mientras animan a otros padres a sumarse.

En enero de 2016, cuando Infancia Libre aparece en el Registro Nacional de Asociaciones, ninguna de estas mujeres había incumplido el régimen de visitas todavía. La cuestión comienza en 2017. Ese año también acuden a la Comisión de Derechos de la Infancia y la Adolescencia del Congreso de los Diputados. De aquella vez fue la foto con Podemos, sus anfitriones. Dos, en concreto. Una interior y otra exterior, en la que aparece Ione Belarra, ahora portavoz adjunta. Aquella vez Sevilla afirmó que su organización representaba «150 niños y niñas». Después de compartir el acto, abandonaron sus redes sociales.

Como sus tres compañeras, González había dejado de cumplir las vistas con el padre de su hija en febrero de 2017. Separada del padre de su hija hace ocho años se había ocultado en La Cabrera, cerca de Madrid, con la niña de diez años, a la que había retirado del colegio. La causa por abuso sexual había sobreseído dos años antes. Entre las cuatro reúnen cientos de denuncias por parte de los padres. Dos de ellas desaparecen del mapa. Tienen orden de busca y captura. Dos años después, caía Sevilla en marzo; González y Bayo, en mayo, y De la Osa, en junio. En el punto de mira la abogada y el psiquiatra que comparten, Carmen Simón y Antonio Escudero. «No existe una organización criminal ni estamos siendo investigadas como tal», refuta Sevilla. Pero los casos relacionados con Infancia Libre que investiga la Policía Nacional pueden llegar a la veintena, más de la mitad en Andalucía, entretejidos por una forma similar de sustanciar sus acciones. Detenidas las madres, los niños pasan a otras casas, otros cariños.