Los científicos avanzan para cruzar el umbral del envejecimiento

Cuatro hombres descansan en un parque de Oviedo/Mario Rojas
Cuatro hombres descansan en un parque de Oviedo / Mario Rojas

Distintas investigaciones de primera línea comparten el mismo objetivo, sobrepasar los 65 años sin disfunciones ni enfermedades

Doménico Chiappe
DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Evitar el envejecimiento es el próximo gran reto de la ciencia. El umbral que se intenta cruzar es la del deterioro del organismo, aunque aún la frontera se encuentra lejana y en fase de experimentación con animales. Moscas, peces y ratones son sometidos a diversos estudios por parte de instituciones norteamericanas, británicas, españolas o alemanas para alcanzar un mismo objetivo: evitar que el cuerpo se deteriore a partir de los 65 años. En otras palabras, retrasar la vejez. «Hay muchos estudios y matices. Hemos aumentado el tiempo de vida media de los humanos, pero no el máximo tiempo de vida que vivimos», explica Felipe Sierra, director de la División de Envejecimiento Biológico del Instituto Nacional de Envejecimiento de Bethesda, en Estados Unidos.

«Por primera vez en la historia de la humanidad tenemos más personas ancianas que jóvenes», prosigue durante la apertura del primer congreso de Gerociencia, celebrado ayer en Madrid. «Eso no es bueno para la especie. Sin embargo, ese incremento de personas de edad avanzada es el mayor éxito del siglo XX. Hemos desarrollado antibióticos, vacunas. Pero ahora hay que abordar la salud de una manera distinta». Todos esos enfoques sanitarios pasan por frenar el envejecimiento, entendido como la merma de la capacidad de resistir el estrés, el incremento de la morbidad, la pérdida de resistencia. En otras palabras, la fragilidad humana, que hasta ahora parecía inevitable.

«El envejecimiento es el principal factor de riesgo de las enfermedades», sostiene Manuel Serrano, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona. En este centro investigan las células dañadas por el estrés, llamadas 'senescentes'. Cuando se inflaman, sobre todo en el tejido adiposo, el hígado y los riñones, causan un daño sistémico. Y responder al interrogante sobre su origen y sus consecuencias podría ser un paso para levantar un muro contra las disfunciones que ocurren con la edad. «El envejecimiento es un proceso biológico que desencadena el desarrollo de enfermedades», dice Serrano. «En gran parte de nuestra cultura lo hemos considerado inevitable pero no podemos tener esa actitud».

A nivel molecular, una de las grandes áreas de investigación son las proteínas que existen en las células sanas, conocidas como 'proteostasis'. «Una proteína tiene que estar bien doblada. Si se desdobla o está mal doblada, hay que eliminar esa proteína», explica de manera sencilla Ana María Cuervo, investigadora del Departamento de Desarrollo y Biología Molecular de la Escuela de Medicina Albert Einstein, de Nueva York. «Pero el envejecimiento afecta a esas proteínas». De esta manera, la edad comienza a afectar los «pilares del envejecimiento», como el metabolismo, los daños celulares, las respuestas de estrés, la reprogramación biológica, entre otras, y puede causar «muchas enfermedades relacionadas con la edad, como las neurodegenerativas». Además de la genética, para intentar arreglarlo existe también una estrategia dietética. «La restricción calórica alarga la vida y la salud», resume Cuervo.

Como peces africanos

Pero si el ser humano quiere vivir más tiempo y más sano, en África hay unos pequeños peces de agua dulce que buscan lo contrario como estrategia de supervivencia de la especie en situaciones de estrés. Por eso mismo resulta interesante para abordar el reto científico de retrasar los efectos de la edad. Los 'killfishes' tienen un genotipo que contribuye a la duración de la vida y que ha evolucionado para envejecer y morir antes en épocas de sequía y con poblaciones pequeñas.

«Se produjo una evolución en la duración de vida, para hacerse corta. No una vez, sino muchas. Independientemente, estas poblaciones llegaron a vivir menos, y no más», explica Darío Valenzano, científico del Instituto Max Planck de Biología del Envejecimiento, de Colonia. «Nuestro interés es identificar estos cambios genéticos para explicar las distintas formas en que las especies envejecen. La demografía produce factores que inciden en la duración de la vida». Una línea de investigación que pretende girar la perspectiva usual. Como dice María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas: «Al comprender el envejecimiento, podemos desarrollar tratamientos para enfermedades que ocurren cuando envejecemos».

Fármacos de eterna juventud

Los fármacos pueden contribuir al «envejecimiento sano», según Linda Partridge, del Instituto de Envejecimiento Saludable del University College de Londres. «Con un enfoque químico, los fármacos pueden retrasar la aparición de la enfermedad y retrasar la disfunción del envejecimiento», asegura Partridge, que estudia la interacción de tres fármacos, para que anulen los efectos secundarios de la terapia, como el aumento de triglicéridos. Se trata de un cóctel de trametinib, litio y rapamicina. «Con los tres fármacos juntos aumenta el 45% la esperanza de vida, con respecto a la aplicación de uno solo».