El chorro insostenible del niño meón

El famoso 'Manneken Pis´de Bruselas./R. C.
El famoso 'Manneken Pis´de Bruselas. / R. C.

El célebre 'Manneken Pis', el retratadísimo niño meón de Bruselas, ha dejado de despilfarrar cada día cerca de dos mil litros de agua

FERNANDO MIÑANA

No hay turista que no busque y rebusque el 'Manneken Pis' por el centro de la ciudad para hacerse una fotografía a sus pies. El niño que orina es, junto al Atomium, el símbolo de Bruselas, y todos los visitantes se quedan unos segundos contemplando su minúsculo riego. La mayoría pensaba que el agua que emanaba del pene de la estatua daba vueltas sin cesar en un circuito cerrado. Pero a finales de 2018 la célebre figura demostró que es uno de los grandes enigmas de la ciudad y un técnico descubrió que, en realidad, el niño más famoso de Bruselas despilfarraba cada día entre 1.500 y 2.500 litros de agua potable que se perdían por las cloacas de la capital de Bélgica.

El Ayuntamiento ha improvisado esta misma semana un apaño para subsanar el derroche de agua –un canal que recoge el líquido que cae por la colita de la estatuilla– mientras piensa una solución definitiva para un problema que, como la mayoría de los ciudadanos de Bruselas, desconocía. Porque con la cantidad de agua desperdiciada, en España, donde el consumo medio es de 132 litros por persona y día, podría abastecerse a quince personas.

Benoît Hellings, concejal de Clima del consistorio de Bruselas, se lo tomó con humor y destacó que, al menos, ya no volverá a ocurrir, como explicó en un tuit: «En plena semana de las 'Jornadas del agua', podemos estar orgullosos al decir que, por primera vez en 400 años, el 'Manneken Pis' no hará más pipí con agua potable».

El problema, según argumentó para el periódico 'La Dernière Heure' Régis Callens, el técnico municipal que a finales del año pasado descubrió el desaguisado, fue que, como el «contador para 'Manneken Pis' es solo uno de 350 o 400, nadie prestó mucha atención».

Hellings explicó que van a aprender del error y aprovecharán para revisar todas las fuentes ubicadas en el centro para evitar despilfarros similares. «También mejoraremos el monitoreo de las instalaciones en escuelas y centros deportivos. Deberíamos dar ejemplo y alentar a todos en Bruselas a prestar atención a su consumo de agua», añadió.

Sus disfraces

Veinte trajes al año
De vez en cuando, se viste al infante con algún traje de otra región o nación. Se reciben más de 60 solicitudes al año y prosperan unas 20. Mil vestidos de todo tipo forman su particular armario. Algunos están expuestos en el Museo de la Ciudad.
Recuerdos de España
El Manneken Pis también se abrigó con la capa del peregrino del Camino de Santiago, con prendas características de Goya o las equipaciones del Athletic, el Barça o el Real Madrid.
El regalo de Luis XV
Unos soldados franceses lo robaron y, en 1747, como disculpa, el rey Luis XV lo vistió como un aristócrata francés. El ropaje es tan frágil, con bordados hechos con hilo de plata y oro, que no se exhibe.

También una niña y un perro

Todo es misterio alrededor de esta estatuilla de poco más de medio metro de altura. Nadie conoce su origen exacto ni su historia. Los cientos de turistas que la fotografían cada día tampoco saben que, en realidad, es un 'Manneken Pis' de pega. El original, o, al menos, el que se cree más antiguo, permanece tras una vitrina del Museo de la Ciudad.

El niño meón es un símbolo de Bruselas que durante las dos Guerras Mundiales gastó fama de protector. Hay multitud de leyendas, a cada cual más fantasiosa, para explicar su origen, pero lo cierto es que la primera referencia documentada es de un texto sobre canalizaciones de la ciudad de 1452. Ahí se menciona por primera vez al Manneken Pis.

Ni siquiera parece confirmado al cien por cien que en 1619 se encargara su versión actual a Jérôme Duquesnoy, al que pagaron 50 florines por este querubín de bronce. Lo que sí, es una estatua muy golosa, como demuestran a diario los turistas que le hacen fotografías, y como se deduce de los diferentes robos que ha sufrido a lo largo de estos cuatrocientos años de historia rodeado de edificios del siglo XVII, en el cruce de Rue l'Etuve y Rue de Chêne, y a un paso de la Grand Place, algo así como la casilla de salida de todo recorrido turístico en Bruselas.

Al calor de su fama nacieron otras dos obras. Denis-Adirien Debouvrie esculpió con piedra caliza en 1985 –fue inaugurada en 1987– el 'Jeanneke Pis', una niña de unos 50 centímetros con el pelo recogido en dos coletas que orina en cuclillas. Está, más discreta, al fondo del callejón de la Fidélité. En el barrio de Sainte Catherine, diez años después, se plantó el 'Zinneke Pis', la figura de un perro meando contra un bolardo.

Aunque tienen su público, ninguna de las dos esculturas puede competir con el 'Manneken Pis', que ha sufrido varios robos a lo largo de su historia. Un convicto se lo llevó en 1817. Fue recuperado tiempo después hecho añicos. Una de sus desapariciones más largas se produjo en 1965. Apareció un año después en un canal de Charleroi con una pierna 'amputada'. Desde entonces luce un fino corte por debajo de la rodilla. Las autoridades lo volvieron a restaurar y, escarmentadas, lo protegieron en el Museo de la Ciudad, sustituyéndolo en la calle por una réplica.