Atraídas por el asesino

La abogada Rebeca Santamalia murió a manos del hombre que había defendido en el juicio por matar a su esposa y con el que mantenía una relación| No es la primera que se enamora de un criminal| Tiene nombre: enclitofilia

Rebeca Santamalia conversa con su defendido, José Javier Salvador, en el juicio celebrado en 2005 en la Audiencia de Teruel. Había matado a su esposa. Hace una semana, la víctima fue la propia letrada. /Antonio García-Heraldo de Aragón
Rebeca Santamalia conversa con su defendido, José Javier Salvador, en el juicio celebrado en 2005 en la Audiencia de Teruel. Había matado a su esposa. Hace una semana, la víctima fue la propia letrada. / Antonio García-Heraldo de Aragón
ISABEL IBÁÑEZ

Sucedió en diferentes meses de 1986. Tres jóvenes aparecieron muertas en Florida (EEUU) apuñaladas, golpeadas, violadas... El camionero Oscar Ray Bolin fue juzgado y condenado a muerte por los tres crímenes.En 1995 le asignaron una abogada de oficio, Rosalie Martínez, casada y madre de cuatro hijos, una familia a la que abandonó por el amor de Bolin, con quien se casó por teléfono poco después, una vez que había sido retirada de su puesto de defensora pública al descubrirla manteniendo relaciones sexuales con él en la celda. «Sentí su aislamiento, su encierro, su soledad. Me afectó porque me sentía igual. Y me dejó sin aliento», explicó ella en una entrevista.

Ha pasado muy poco tiempo, solo una semana, desde la muerte en Zaragoza de la también abogada Rebeca Santamalia, así que se desconocen los detalles concretos del vínculo que mantenía con José Javier Salvador, al que defendió en el juicio por matar a tiros a su esposa y en el que resultó condenado a 18 años de cárcel (salió en 2017). Pero la delegación del Gobierno en Aragón ya ha confirmado que la letrada, de 47 años, casada y con un hijo, tenía una relación sentimental con el hombre que la mató y después se suicidó.

Oscar Ray Bolin-Rosalie Martínez

Asesinó a tres mujeres y fue condenado a muerte. Pero su abogada se enamoró y dejó a su marido y cuatro hijos para casarse con él. Su amor duró 18 años, hasta que lo ajusticiaron en Florida, en 2017.

Historias similares, dos abogadas enamoradas de los asesinos a los que defendían. Dos nombres más en una lista de mujeres que caen rendidas ante hombres peligrosos de verdad, condenados por haber matado; y además, por haber matado a mujeres. Difícil de entender, pero real. El criminalista francés Edmond Locard ideó a principios del pasado siglo el nombre de 'enclitofilia' para describir la atracción que algunas sienten por los asesinos. El psicólogo John Money, por su parte, acuñó el término 'hibristofilia', también conocida como 'síndrome de Bonny and Clyde': «Cuando la excitación sexual y el logro del orgasmo dependen de estar con una persona que ha cometido un atropello o delito como la violación, el asesinato o el robo a mano armada». En algún lugar entre uno y otro se sitúan estas dos abogadas, que representan un perfil muy concreto –profesionales que, por su trabajo, entran en contacto con los criminales– en medio de una mayoría compuesta por mujeres que conocieron a los delincuentes a través de una relación epistolar, uno de los pocos casos en los que las tradicionales cartas sobreviven al empuje de las nuevas tecnologías. En Estados Unidos son habituales las webs que ponen en contacto a personas en libertad con reos condenados por todo tipo de delitos para entablar una correspondencia postal cuyo objetivo es, en último término, ayudar a la reinserción del condenado.

Pero a partir de ahí, de una simple primera carta, todo puede ocurrir. En nuestro país, el asesino de Marta del Castillo, Miguel Carcaño, recibió durante mucho tiempo un aluvión de mensajes escritos por enamoradas. Incluso el septuagenario austriaco Josef Fritzl, conocido como 'El monstruo de Amstetten', el mismo que secuestró y violó a su hija Elisabeth durante más de dos décadas y ha dicho cosas como «nací para la violación», recibió centenares de cartas de mujeres que hablaban de su «buen corazón» y le proponían mantener un romance. Nada puede convencerlas de que quizá estén equivocadas, ni el currículo de crímenes que exhiben ellos, ni que se hayan ensañado precisamente con mujeres, ni las condenas repetidas, ni siquiera tener familia... Muchas acaban casándose y teniendo una vida en común con ellos durante años, incluso con hijos... Por el contrario, la abogada Santamalia ha sido víctima de esta atracción fatal, al sufrir la misma suerte que la esposa de su defendido y amante, Salvador.

Charles Manson-Afton 'Star' Burton

Miles de cartas de amor recibió Charles Manson, acusado de conspiración para matar a siete personas, entre ellas a Sharon Tate. Afton 'Star' Burton le escribió y le visitó en prisión durante nueve años. Iban a casarse, pero se descubrió que buscaba sacar dinero exhibiendo su cadáver y él rompió el compromiso.

¿Acaso creen en su inocencia? «No es propiamente creer en la inocencia, es pura atracción hacia el individuo que salta el cortafuegos de la maldad», argumenta el médico psiquiatra forense José Cabrera, que ha atendido alguno de estos casos. «No son afortunadamente muchos, pero partieron de la idealización surgida desde los medios de comunicación a la hora de relatar el caso criminal, y se ajustaron a mujeres muy solas y con poco o nulo éxito en su vida personal, con algunos casos esporádicos en los que la atracción surge desde razones religiosas, como lograr la 'salvación' del criminal», explica.

Experimentar algo 'intenso'

Pero, ¿qué tipo de mujeres pueden caer en esta extraña relación? «No hay dos mujeres iguales en este asunto tan morboso –prosigue Cabrera–. Unas provienen de la citada motivación religiosa inicial, otras por pura necesidad de experimentar algo 'intenso' en sus vidas poco satisfactorias, otras por malentender que ellas podían ser la plataforma para reformar al criminal, y finalmente, las menos, por haber tenido contacto real con el convicto (funcionarias de prisiones, abogadas, voluntarias de alguna ONG... En la dinámica puramente psíquica, es muy triste acercarse a este tipo de reclusos por una carencia personal, pero así son las cosas a veces».

Richard Ramírez-Doreen Lioy

El cazador nocturno Richard Ramírez fue condenado por 13 asesinatos, 5 tentativas de asesinato, 11 agresiones sexuales y 14 robos. Tenía muchas fans y se casó con una, Doreen Lioy, de la que se divorció en 2013, antes de morir por insuficiencia hepática.

El psiquiatra Pablo Malo no ha conocido ninguno de estos casos, «pero sí muchas mujeres atraídas por 'malotes', delincuentes, hombres antisociales, maltratadores, con trastornos de conducta y comportamientos delictivos... Eso sí es frecuente. En muchos casos, estas mujeres tienen también trastornos de personalidad de tipo 'borderline' o de otra naturaleza, y hay también datos de que los iguales se atraen entre sí». Menciona un libro escrito por Sheila Isenberg en 1991 titulado 'Mujeres que aman a hombres que matan', en el que la autora entrevistó a muchas de ellas: «Dice haber encontrado que la mayoría fueron criadas en hogares disfuncionales, de clases bajas, y que tienen poca autoestima, aunque no parece haber un tipo uniforme. Puede ser, pero también es verdad que muchas son de clase media o alta, con educación media o universitaria, lo que hace que resulte todavía más desconcertante y difícil de entender. Que una mujer pueda sentirse atraída no solo por un hombre que ha matado, sino por un hombre que ha matado mujeres, es realmente complicado de comprender».

Casos hay unos cuantos. El primero que acude a la memoria es el de Charles Manson, declarado en 1971 culpable de conspiración en siete asesinatos, los de la actriz Sharon Tate y otras cuatro personas en la casa de la esposa del cineasta Roman Polanski, y de un matrimonio, todos perpetrados por los miembros de su secta. Este hombre, fallecido en 2017, probablemente uno de los asesinos más famosos de la historia, recibió en su celda miles y miles de cartas de admiradoras –también de hombres–, entre las que se encontraba Afton 'Star' Burton, una joven que se grabó a cuchillo una cruz gamada en la frente, al igual que su ídolo. Permaneció a su lado varios años y estaban a punto de casarse cuando se descubrió que ella tenía la intención de exhibir el cadáver de Manson a su muerte para sacar dinero. El romance se rompió. Ocurre que, en unos pocos casos, la popularidad del criminal atrae a mujeres que quieren convertirse en famosas a toda costa, «aunque es probable que tengan personalidades muy psicopáticas y calculadoras», apunta Malo.

Ted Bundy-Carol Ann Boone

Bundy mató a 30 mujeres en los 70. Era guapo y abusaba de su encanto. Su compañera de trabajo Carol Ann Boone creía en su inocencia. La pidió en matrimonio en un juicio y aceptó. Murió en la silla eléctrica en 1989. Habían tenido una hija.

El catedrático en Psiquiatría Miguel Gutiérrez Fraile aporta la explicación esgrimida por algunos sociólogos, «que señalan que si le escribes a Julio Iglesias no te contestará, pero si lo haces a un asesino encarcelado, con mucha probabilidad lo hará, y no olvidemos que estos criminales suelen ser sujetos psicopáticos cuya característica más sobresaliente es el uso del engaño y la manipulación». Para explicar el comportamiento de estas mujeres, alude a «una desviación del instinto maternal relacionada con la fantasía del 'poder ayudar'», con el añadido de un fuerte componente sexual. «Pretender ser la 'salvadora' de un ser incomprendido es una constante. Creen ver su 'verdadero' lado bueno. Por lo general, estas situaciones no acaban bien, porque hacen que la mujer cambie y se vea implicada en manipulaciones del encarcelado. Sin que se pueda ignorar que, en algunos pocos casos, se han llegado a establecer relaciones positivas que han culminado en parejas estables y compensadas».

Entre estas hay varias españolas: José Rabadán, el 'asesino de la catana', que mató a sus padres y a su hermana en Murcia siendo adolescente, es hoy un padre de familia en libertad que da charlas evangélicas, se gana la vida como bróker y ha protagonizado incluso un documental. «Es cariñoso y respetuoso. Me transmitía confianza y veía un cambio, lo demás era su pasado», dice Tania, su mujer. El mismo apellido, Rabadán, tiene Andrés, el 'asesino de la ballesta', que en 1994 mató a su padre en medio de un brote psicótico cuando tenía 21 años, y además hizo descarrilar tres trenes. Se casó en la cárcel en 2005 con Carmen Mont, una auxiliar de enfermería celadora en la prisión: «Andrés es muy guapo, tiene un lunar en la cara como el de Robert de Niro. Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad. Y yo se la he dado a él. Es un hombre muy detallista, que sabe mantener la ilusión. solo con escuchar su voz por teléfono me pongo contenta. Todas las relaciones son complicadas. Mi exnovio no estaba en la cárcel y no funcionó. Claro que tengo miedo, pero si no me arriesgo... ¿qué?». En 2011 salió libre. Gutiérrez Fraile recuerda que no se puede negar que, «en algunos casos, por complicado y extraño que parezca, este tipo de relación puede desempeñar un papel significativo en la rehabilitación».

Robert Chambers-Shawn Kovell

Robert Chambers mató a una joven de 18 años. Shawn Kovell lo visitaba en la cárcel y esperó 15 años a que saliera. Vivieron juntos y fueron condenados por asuntos relacionados con drogas que a él le mantienen todavía preso.

Cosas de la evolución humana

En el origen de todo puede haber un componente relacionado con la evolución, afirma Pablo Malo. En el pasado, ellas han necesitado atraer a «hombres que aportaran recursos y se quedaran a ayudar en la crianza», mientras que ellos buscaban «mujeres fértiles que les garantizaran la certeza de que ellos eran los padres». Siguiendo con su hipótesis, Malo esgrime que el estatus, ocupar un lugar elevado en la jerarquía, es una de las cosas que las mujeres pueden valorar en sus parejas, asociado a recursos para sacar a sus hijos adelante. «Y los hombres tienen dos estrategias para conseguir estatus:la más primitiva es la dominancia, los individuos la consiguen en base a su tamaño, fuerza y capacidad para intimidar, y se toma por la fuerza y la coerción. El prestigio, por contra, lo conceden los demás y se basa en demostrar cualidades que el grupo valora, admira y respeta».

Algunos asesinos, informa, tienen trastornos de personalidad de tipo psicopático y existe una configuración de personalidad que se llama la 'tríada oscura' –rasgos de tipo psicopático, maquiavélico y narcisista–que, según varios estudios, resulta atractiva para las mujeres. «Sabemos además que muchas tienen fantasías sexuales de dominación y que hembras de otras especies muestran preferencia por individuos dominantes. En resumen, hay ciertos datos de que la dominancia puede resultar atractiva para las mujeres».

Randolph Franklin Dial

La esposa del alcaide de la cárcel donde estaba Randolph F. Dial por matar a una mujer fue condenada por ayudarle a escapar y vivir con él 11 años escondida. Dijo que lo hizo por miedo.

Apunta Malo que nuestra mente se ha ido conformando durante miles de años en los que hemos vivido «en tribus enfrentadas a otras tribus o grupos rivales con los que competían por los recursos. Lo de vivir en sociedades con policías y sistemas judiciales es una adquisición muy reciente, de hace cuatro días en tiempo evolutivo. Lo que quiero decir es que tenemos miedo a arañas y serpientes y probablemente nunca veremos una serpiente real, un miedo ancestral producto de que durante miles y miles de años sí hemos sido expuestos a ese peligro. Lo que estoy diciendo es que este interés por los 'malotes' o por los asesinos sería también herencia del pasado».

Pone otro ejemplo, polillas y bombillas: «En tiempos ancestrales, estas usaban la luz como ayuda para la navegación y huían hacia ella en caso de peligro. Pero, cuando el ser humano inventa las lámparas incandescentes, que además de luz dan calor, se achicharran al contacto. La atracción femenina por los dominantes pudo ser adaptativa cuando la fuerza y la dominancia eran importantes, pero hoy puede resultar tan fatal como la de las polillas por la luz, y parece seguir formando parte de la mente femenina. No ha dado tiempo a que desaparezca del todo».

El 7 de enero de 2016, Oscar Ray Bolin fue finalmente ajusticiado. Su esposa, la letrada Rosalie Martínez, creyó en su inocencia hasta ese día, 18 años a su lado: «Nunca, nunca, nunca pensé ni por un segundo que él fuera culpable de esos tres asesinatos». Si bien es cierto que Bolin se mantuvo entre rejas todo ese tiempo, clamando que él no había sido, sin poder cometer más fechorías. En cambio, José Javier Salvador no tardó ni dos años tras salir de la cárcel en asesinar a Rebeca Santamalia. En volver a matar a la mujer que le amaba.

El deseo de 'domar a la bestia'

Vicente Garrido, profesor de Criminología de la Universidad de Valencia, resume en tres los motivos por los que las mujeres caen rendidas ante estos presos. El primero es el «deseo de 'domar a la bestia'. El amado es alguien peligroso, la mujer que consiga su amor logrará 'encauzar' hacia el bien a alguien que ha hecho mucho mal. Hay una atracción hacia el 'lado oscuro' del ser humano, y un plan de demostrar que se puede redimir mediante amor pleno a alguien caído». En el segundo grupo se engloba a las que buscan notoriedad con reos populares. Y en el tercero incluiría a aquellas con graves problemas de autoestima que no encajan en las relaciones convencionales y encuentran en estos hombres «un 'alma gemela'. Y aunque el asesino esté en la cárcel, la vida afectiva por delegación sirve para satisfacer su necesidad de ser alguien muy importante en la vida de otra persona». Añade que en el primer y tercer grupo puede que la mujer genere creencias erróneas con las que justificar su amor:«En varios casos, incluso de asesinos en serie, las mujeres están convencidas de su inocencia, mientras que en otros (si solo ha habido un crimen) pueden pensar que aquello, aunque él lo realizara, no reflejaba su auténtica personalidad, que aparecieron circunstancias extraordinarias que lo explicaron y que no volverán a repetirse ahora que ella está pendiente de él y le provee del cuidado y amor necesarios para liberarse de ese pasado oscuro».

 

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