Eduardo de Paz, el 'singular' papón que escribió la historia de la Semana Santa de León

La Cámara de Comercio reconoce la labor «impagable» del fundador de las Siete Palabras, leonés de voluntad y costumbre, papón perseverante y entregado, que lleva cosido en su piel desde que era un niño el tiempo de pasión

Reconocimiento a Eduardo de Paz por su contribución a la Semana Santa leonesa. / N. Brandón
A. CUBILLAS
A. CUBILLASLeón

Eduardo de Paz es sinónimo de pasión, de fervor, de Semana Santa. Un tiempo santo que hoy sería imposible de entender sin hablar de este hombre.

Un leonés de voluntad y costumbre, caballero perseverante, un papón singular cuya contribución activa y apasionada a la Semana Santa leonesa resulta impagable.

Fueron las palabras del cronista oficial de León Máximo Cayón para presentar a Eduardo de Paz en la jornada en la que ha entrado a formar parte del prestigioso círculo de los «personajes singulares de la Semana Santa«.

Un tiempo santo que lleva cosido en su piel desde que era un niño. En su mirada aún se mantiene vivo el entusiasmo de aquel niño que con apenas once años ingresó como hermano en la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, de aquel jovencísimo de 26 años que en septiembre de 1962 fundaba la cofradía de las Siete Palabras.

Pasión y devoción que ha sabido trasmitir a sus hijos, a sus nietos e incluso, bromea, a su yerno, malagueño por los cuatro costados, que cada año se traslada a León para pujar a su Cristo de las Balderas.

Familia, con su mujer Loli a la cabeza, que ha querido arropar a Eduardo de Paz durante el reconocimiento que este viernes le ha hecho la Cámara de Comercio ante la mirada de la Virgen del Mercado, patrona y señora de León.

Un reconocimiento que ha reconocido recoger emocionado e incluso avergonzado por las palabras que han permitido definir a un hombre que, con su esfuerzo y entusiasmo, ha contribuido a moldear la historia de León y la biografía de una Semana Santa leonesa.

Tiempo que Eduardo de Paz se prepara para vivir con la misma intensidad que cuando pujaba la imagen de la Oración en el Huerto y con el orgullo de ver a sus hijos y nietos sentir el mismo fervor que corre por sus venas.