Ocho minutos que justifican cuatro siglos

El bracero mayor de San Juan da señales a sus braceros. / N.Brandón

El momento álgido de la Semana Santa leonesa volvió a congelar el tiempo en una abarrotada Plaza Mayor donde sólo la marcha Dolorosa y Orando al Cielo se atrevieron a romper el silencio

RUBÉN FARIÑASLeón

Ella, por Santa Cruz; él, por Plegaria. En el centro, el Señor de León. El tiempo se detiene, siempre, cada Viernes Santo. Son los ocho minutos más largos del año, los ocho minutos que justifican cuatro siglos de hermanitos de Jesús.

La Agrupación Musical del Dulce Nombre de Jesús Nazareno rompía el silencio que la Plaza Mayor llevaba más de un año esperando. La Dolorosa, marcha muy reconocida por los leoneses, era la señal para dar comienzo a El Encuentro.

15 segundos de reverencia del discípulo a la Madre. Los braceros de San Juan hincaban la rodilla en la mojada piedra leonesa y honraban a la cofradía de Santa Nonia.

Momento del Encuentro.

Los aplausos brotaron en sillas y gradas. Era el momento esperado y así lo reconocieron los braceros mayores, fundiéndose en un sentido abrazo que llegó acompañado del cruce de manos entre los 'primera fila' de cada trono.

Hasta en seis ocasiones la Madre Dolorosa y San Juan se llegaron a tocar, hasta en seis ocasiones fueron bailados al unísono el resto de pasos de una procesión grandiosa.

Orando al Cielo resonó en la Plaza Mayor. Pelos de punta y móviles al aire. Cada estribillo se convertía en una batida de palmas entregadas al espectacular momento.

Tan sólo fueron ocho minutos, pero fue más que suficiente para justificar los cuatro siglos de historia de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, que cada Viernes Santo engrandecen una Semana Santa que siempre es enhorabuena.

Tres instantes del Encuentro.