La lluvia frena a las Bienaventuranzas y desluce su acto central

Instante del acto de las bienaventuranzas. / Inés Santos

El agua hace acto de presencia en los minutos previos al inicio del sermón de las bienaventuranzas y obliga a la cofradía de San Claudio a abreviar la ceremonia de 'subida al cielo' del Santo Cristo de la Bienaventuranza y recortar el recorrido de la procesión en esta mañana de Jueves Santo

RUBÉN FARIÑASLeón

De nuevo el elemento que no estaba invitado a la ceremonia hizo acto de presencia. Y lo hizo, además, en el momento menos oportuno.

Todo estaba listo en la plaza de Regla, sólo quedaba por entrar María Santísima de la Misericordia cuando la lluvia regresaba a la capital leonesa para frustrar un nuevo acto de la Semana Santa.

El Acto de las Bienaventuranzas, que organiza la Cofradía del Santo Cristo de la Bienaventuranza, ha quedado deslucido por un inoportuno chubasco que obligaba a la penitencial de San Claudio a acelerar el sermón y recortar su recorrido.

A las 9 de la mañana, la Procesión de las Bienaventuranzas había partido desde el patio del Albeitar aprovechando que las previsiones no anunciaban lluvia hasta primera hora de la tarde.

Los capillos azules, del color de la tela del caballo de Almanzor, símbolo de pureza y realeza, asomaron hasta Mariano Domínguez Berrueta, donde cientos de leoneses y turistas ya esperaban ver al 'Moreno' alzarse a pulso hasta el cielo.

La Santa Cruz, pujada exclusivamente por jóvenes de la parroquia de San Claudio, abría el acto central de la cofradía y lo hacía marcando el paso de los acordes de la Banda de Cornetas y Tambores de Angustias y Soledad.

Muy cerca, imponente, se alzaba la última adquisición de la penitencial de don Carmelo. Nuestro Señor Jesús Nazareno llegaba con su patíbulo a hombros y ayudado por el cirineo. Su profunda mirada conmocionaba a los asistentes, que seguían asomándose a la céntrica plaza leonesa. Mientras, las cornetas y tambores del Dulce Nombre resonaban en la majestuosa entrada de esta talla.

Y el protagonista fue el siguiente en tomar posición ante la Catedral de León. El Santo Cristo de la Bienaventuranza, el 'Moreno' de San Claudio, llegaba en su cruz abrazada por el campo de flores rojas que ofrece un mayor empaque al paso. Un caminar lento el de sus braceros, que accedían a la plaza al sonido de 'La muerte no es el final' y con la melodía de la Agrupación Musical de la cofradía, quienes enlazaron varias marchas seguidas para que Nuestra Madre de la Piedad siguiera los pasos del titular sobre el empedrado leonés.

En ese momento, las primeras gotas anunciaban la tragedia, y no la pasional. La fina lluvia se fue apoderando del suelo, mientras María Santísima de la Misericordía se disponía a acudir al sermón de las bienaventuranzas con la Banda de la Soledad.

La Cofradía del Santo Cristo de la Bienaventuranza actuó con diligencia y recortó tiempos y recorrido. Pronto el sermón se iniciaba, sin haber dado tiempo a los braceros del palio a tomar posición. 'Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos'... así fueron sonando las ocho proclamas de esperanza que, una vez concluidas, el toque de campana dio consigo el momento culmen del acto. Los braceros del titular auparon al Cristo hasta el cielo, en una apoteosis que no fue tan vistosa como otras ocasiones ante la lluvia que arreciaba más en este instante.

Los aplausos se entremezclaron con los acordes de las bandas que, con celeridad, iniciaban la marcha de camino al punto de recogida, el instituto Juan del Enzina, recortando el recorrido para salvaguardar un patrimonio que buscará su recompensa en 2020 para volver a llevar al Señor de San Claudio hasta el azul del cielo.