Julio de 1936. La defensa de la República en El Bierzo

Esta es la narración de los hechos ocurridos en las fechas del golpe militar de julio de 1936 en Ponferrada, en el contexto y el transcurso de los días y los sucesos de la sublevación en la provincia leonesa

Antiguo cuartel de la Guardia Civil de Ponferrada./
Antiguo cuartel de la Guardia Civil de Ponferrada.
JOSÉ CABAÑAS GONZÁLEZ

Regresado del Bierzo el gobernador civil el viernes 17 de julio por la noche, Ramiro Armesto Armesto, que lo había acompañado (con su esposa, Sofía Pérez, y el Delegado de Trabajo), tras haber pasado el sábado con su família política en Sobrado, ya de vuelta a León hacía a media mañana del domingo 19 una parada con su mujer en Cacabelos, y al subir a los altos de la villa ordenaba a los afiliados del Frente Popular de la misma y los pueblos cercanos su movilización para sofocar el movimiento militar, de cuya extensión continuaban llegando noticias también por aquellas latitudes. Después, en el Ayuntamiento, ante un grupo de unos veinte hombres, quedando otro fuera, acompañado por José Núñez y José Arias daba a los frentepopulistas orden de prepararse contra la sublevación iniciada, armarse y tomar toda clase de medidas, «porque estamos en peligro y es este un asunto muy grave», saliendo a continuación los que lo escuchaban camino de Fabero y Toral de los Vados, pueblo al que el presidente de la Diputación llamaba por teléfono, además de a Villafranca y Ponferrada, ordenando que los marxistas se echaran a las calles contra el Ejército, y mandando luego en un coche gente a Fabero y Vega de Espinaredo. En la noche de aquel día y al amanecer del siguiente, lunes 20, salía un numeroso grupo de elementos rojos de la localidad y sus aledañas camino de Ponferrada «para combatir a la Guardia Civil allí concentrada» (se afirma el 21 de septiembre en el Sumario 794/36, aunque en realidad por el momento se trataba tan solo de reunirse en la ciudad, como lo estaban haciendo republicanos e izquierdistas de toda la región).

El alcalde, Ricardo Basante Arias (nacido en 1889, labrador, condenado por rebelión a 12 años de encierro, en la Prisión Central de Burgos), el destacado socialista y médico Genadio Núñez Antón (de la Asistencia Pública Domiciliaria, de 48 años, separado definitivamente del servicio en julio de 1937, sufriría igual pena que el regidor, él en la Prisión Central-Cuartel de Santocildes de Astorga), su hijo José Núñez Pérez (de 26 años, condenado a muerte, sería fusilado en Villafranca el 21 de septiembre), el también médico Jesús Marote Diaz (nacido en 1909, estudiante en Valladolid y licenciado en Madrid en 1935, terminaría exiliado en Argentina), reputado junto al anterior como jefes de la agrupación comunista, José Arias Vázquez, secretario de la misma y miembro del Socorro Rojo Internacional, asumieron el 20 de julio la resistencia al Ejército, reuniéndose en el salón del Consistorio, dando instrucciones a la gente armada que andaba por las calles y que pasaba con frecuencia por la sala de sesiones de registrar las casas de los vecinos de derechas para retirarles las armas y con ellas armar a las milicias marxistas, y actuando de enlaces con Ponferrada. También «se requisaron automóviles y se firmaron vales de gasolina para el servicio de la revolución» (se dirá en la sentencia del Sumario).

Daba el regidor («al que culpaban los demás de negligencia por no haber evitado el que se colgara días antes una bandera monárquica en el balcón del Ayuntamiento, marginándolo por ello de las decisiones adoptadas»), después de negarse primero ante las presiones que para ello le hace José Núñez, por la tarde un bando que obligaba a la entrega del armamento que se poseyera, ocupándose de recogerlo grupos armados con brazaletes rojos dirigidos por José Núñez que lo depositaban en la Secretaría del Ayuntamiento, ordenando el alcalde que permaneciera allí sin que nadie lo tomara, aunque lo cogieron al poco los que iban y venían por la Casa Consistorial, desde la que a menudo hablaban entonces con Ponferrada usando claves y contraseñas, lo que también hacía el martes 21 por la mañana Jacinto Rueda Pérez, dirigente minero de Fabero, para preguntar por dónde había de entrar allí con la gente armada que lo acompañaba.

La tarde del 20 de julio

Ya en la tarde del día 20, en el auto de don Genadio se hicieron varios viajes a Ponferrada, turnándose en ellos el dueño del coche, su hijo, el secretario municipal (José Santiago Fernández, representante de Unión Republicana en el Frente Popular local ), el doctor Jesús Marote, y José Arias –este esgrimiendo una pistola-, y en la noche del mismo día al 21 también se desplazó un grupo armado en una camioneta. Se apeaban a sus regresos frente al Consistorio, y allí acudían los individuos armados y con brazalete que patrullaban y hacían guardia por las calles para conocer de las contingencias de la lucha entablada en la ciudad entre guardias civiles y mineros, comentando sobre las dos de la madrugada del martes que «de no tomarse pronto el cuartel habría que huir enseguida», tras lo que, una hora o dos más tarde una camioneta de José Palacios cargaba gasolina y con quince o veinte elementos armados salía de Cacabelos para sumarse en la cercana ciudad al combate contra la Benemérita. Cuando a las doce de la mañana del martes 21 de julio el escribiente Antonio Costero (que con Manuel Luna testifica sobre aquellos hechos y sus protagonistas) vuelve al Ayuntamiento, ya habían escapado todos ellos.

No tardaban en presentarse en la localidad las fuerzas que, mandadas por el comandante Manso, desde Lugo marchaban sobre Ponferrada, y cuando tras ocuparla sin que nadie se opusiera retoman el camino para conquistar la capital del Bierzo y librarla de los mineros que aún combaten contra la cercada Benemérita, a su salida tienen un enfrentamiento con un grupo de mineros cenetistas de Fabero –«a los que se tomó un camión de dinamita, armamento y municiones y se les hizo cuatro bajas»- encabezados por Lorenzo García Silva (de 30 años, apresado y fusilado en León el 13 de agosto) y el maestro Jacinto Rueda Pérez, responsable este de su Comité de Defensa, quien, fracasado el intento de oponerse a los sediciosos, y capturado por ellos, logrará zafarse y huir a Asturias por el monte (también escaparía al final de la guerra del Campo de Concentración de Albatera, para terminar falleciendo en octubre de 1947 en el hospital de San Antonio Abad de León, en cuya Prisión Provincial estaba preso desde dos años antes).

Texto recogido en la web de José Cabañas González

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