La Red, una herramienta para combatir el machismo

Sonia Núñez, directora de la Unidad de Igualdad de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. /César Sánchez
Sonia Núñez, directora de la Unidad de Igualdad de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. / César Sánchez

La investigadora berciana Sonia Núñez colaborará este otoño con un proyecto de la Universidad de Cambridge sobre el posmachismo, las redes sociales y la apropiación del espacio de la víctima

D. ÁLVAREZ
D. ÁLVAREZPonferrada

Las manifestaciones que recorrieron el pasado 8 de marzo las principales ciudades del país reclamando una igualdad real entre géneros supusieron un antes y un después en el debate político de la sociedad española. Ese punto de inflexión despierta ahora el interés de instituciones internacionales como la Universidad de Cambridge, que en los meses de octubre y noviembre llevará a cabo un proyecto de investigación sobre el posmachimso, las redes sociales y la apropiación del espacio de la víctima por parte del agresor.

Esta iniciativa, que se materializará en una serie de seminarios y publicaciones, contará con la colaboración de la investigadora berciana Sonia Núñez, directora de la Unidad de Igualdad de la Universidad Rey Juan Carlos, que celebra el «interés tremendo» que este tema de debate suscita en el extranjero y recalca que «si lo que pasó aquí el 8-M hubiera pasado en Nueva York o en Londres, se para el mundo».

Al respecto, Núñez, doctora en Filología por la Universidad de Salamanca, recuerda que «la implicación en la política fue tan directa que esa misma noche Mariano Rajoy se puso el lazo y Rivera se ofreció a liderar el feminismo transversal». «Necesitamos una cierta distancia para ver qué repercusiones tendrá, pero fuera quieren entenderlo con unos marcos de diálogo que puedan manejar», explica. Su participación en esta iniciativa de la universidad británica tiene que ver con el último de los tres proyectos de excelencia del Plan Nacional de Investigación que ha pilotado y que analizaba el «discurso espejo» sobre el papel de la víctima en asuntos de género.

«Nos están robando el discurso, con un activismo que defiende que 'yo soy más víctima' y que capitaliza el poder que puede tener una víctima real como oprimida», explica Núñez, que señala que ese mecanismo ha funcionado en episodios recientes, como el caso de 'la Manada', a los que se llegó a definir como «buenos chicos». «Ese discurso funciona porque está aislado de las circunstancias sistémicas que lo hacen posible, por la tiranía del yo según la que creemos que todos los daños son iguales y todos requieren la misma reparación», añade.

El trabajo culminará en 2019 con la publicación de un monográfico sobre el concepto de la revictimización. «Hemos conseguido abrir camino para que otras personas trabajen en el plano teórico sobre esto», valora la investigadora, que insiste en la necesidad de «buscar equilibrio entre dos fuerzas que empujan mucho»: el posmachismo, término acuñado por Miguel Lorente que se refiere a la idea de haber llegado al «terreno cero de la igualdad», y el posfeminismo, que la propia Núñez define como «fetichismo activista vinculado a los 'me gusta' de las redes sociales en el que circula el mensaje pero nos olvidamos de su contenido».

En ese sentido, señala la existencia de discursos que aseguran que «ya hemos llegado al punto de equilibrio, el feminismo sobra y pedir mejoras para la situación de la mujer está de más». Esos discursos posibilitan la aparición de conceptos como «feminazi» o «ideología de género» así como de la expresión «ni machista ni feminista». «Es peligroso porque cala la idea de que el feminismo es una excentricidad innecesaria», lamenta. Contra este discurso, Núñez remarca la idea del «testimonio ético» o del «sufrimiento a distancia». «La responsabilidad de los medios es hacer ver que esa gente forma parte de una comunidad, porque eso elimina la imagen previa mental de la víctima», explica.

Estudiosa del ciberfeminismo

A lo largo de su trayectoria, Núñez, considerada una de las principales referentes del feminismo en España, ya ha realizado otras estancias de docencia e investigación en universidades de países como Portugal, Italia, Alemania, Reino Unido, Argentina o Estados Unidos, en los que su labor investigadora se centró principalmente en el análisis de las relaciones entre las nuevas tecnologías y el género. Según explica, el ciberfeminismo ha transitado en su corta historia por un primer periodo, en los años 90, marcado por «una idea utópica del ciberespacio como un lugar de liberación sin géneros», seguido de una «fase de distopía en la que internet termina siendo un espacio muy masculinizado donde se reproducen las prácticas más virulentas de la sociedad machista».

En este contexto, movimientos como el arte activista, el tecnofeminismo –«la mujer como creadora de tecnología»-, o el 'awkward feminism', usado por grupos como Pussy Riot y que se sirve del humor como estrategia de activismo, han surgido como respuesta a la «necesidad de encontrar una voz para narrar una historia propia». «En España se ha sabido transitar desde las primeras fases del ciberfeminismo a un hueco en el que se usan los nuevos formatos para desactivar los discursos del posmachismo», valora Núñez, cuya investigación se ha orientado en los últimos años hacia las nuevas prácticas digitales de activismo feminista y los procesos de victimización en la lucha contra la violencia de género.

Disciplina académica de pleno derecho

Pese a su amplio bagaje académico, Núñez destaca la importancia de «conectar con las prácticas 'offline' para huir del activismo de salón» y se muestra partidaria de «cambiar cosas con los cuerpos en la calle», como sucedió con las manifestaciones del pasado 8-M, que define como «el gran despertar de los jóvenes» y como garantes del relevo para toda una generación de feministas «acostumbradas a ir a la contra». «El ciberfeminismo ha sabido encontrar una nueva vía y encontrar grietas dentro de la lógica neoliberal para poner en marcha movimientos como el #MeToo o el #YoSíTeCreo, que se basan en lógicas de afecto y en las emociones como elemento aglutinador», explica

Sin embargo, esa vertiente práctica no es obstáculo para que la investigadora defienda la necesidad de implantar en las universidades españolas los estudios de género como una disciplina académica «de pleno derecho», como ocurre en otros países europeos que disponen de sus propios departamentos. «En España, el período de oscuridad de la dictadura interrumpió la actividad académica del feminismo, no la activista», explica Núñez, que defiende que leyes como las de igualdad, del matrimonio homosexual o contra la violencia de género convirtieron a España en un «país de vanguardia» en este tipo de asuntos. «En cuestiones de política práctica nos miran con gran admiración, pero en las cuestiones académicas vamos por detrás», resume Núñez, que valora, no obstante, que cada vez más alumnos opten en los últimos años por dedicar sus trabajos de fin de grado a los estudios de género.

 

Fotos