La plantilla de Vestas mira a Europa con la esperanza de mantener la actividad en las instalaciones de Villadangos del Páramo

Trabajadores de Vestas en una cima leonesa. /
Trabajadores de Vestas en una cima leonesa.

El conflicto por el cierre de la planta y los 2.000 empleos que genera se internacionaliza con la agenda de trabajo prevista en Bruselas la próxima semana

ICAL

Mientras continúan las negociaciones sobre el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) extintivo planteado por la multinacional danesa Vestas para los más de 360 puestos de trabajo directos de la planta de Villadangos del Páramo, instituciones, partidos políticos y sindicatos afrontan esta próxima semana una agenda de trabajo en Bruselas que persigue la internacionalización del conflicto y, sobre todo, encontrar alguna solución.

Las reuniones con portavoces de grupos parlamentarios y con responsables de organizaciones de trabajadores planificadas en la capital europea buscan la fórmula que permita evitar el cerrojazo que Vestas planifica culminar en diciembre, incentivando hasta entonces la finalización de la producción comprometida y pendiente, dado que los trabajadores están en huelga.

«Es un trámite necesario para dar a conocer el problema. Esto es un precedente que deja la puerta abierta a otras multinacionales para deslocalizar sus empresas en España y en Europa; puede ocurrir a corto plazo en otros sitios», remarca el presidente del comité de empresa de Vestas, Juan Francisco García.

El representante de la plantilla de Vestas lanza también un mensaje a políticos, legisladores e instituciones. «Esto no se puede permitir. Que se pongan las pilas. Hay que luchar por la industria y poner limitaciones a las multinacionales», reclama.

«Queremos trabajar»

El mantenimiento del empleo es el principal reto que afrontan. «Al final lo que queremos es trabajo; una provincia como León no se puede permitir esto. Con Vestas caerían muchas otras empresas; son 2.000 empleos», recalca García. Como ven prácticamente imposible que Vestas continúe en Villadangos del Páramo aspiran a que otra compañía ocupe sus instalaciones y las mantenga operativas.

«Queremos el compromiso de los políticos de que nos apoyen, que no seamos la parte débil de la cadena. Que la planta funcione con todos los trabajadores. Lo que hay que hacer es trabajar ya en que venga otra empresa para aquí, que esto puestos se salven... las instalaciones y el capital humano ya lo tienen», argumenta.

Esperan de las instituciones -recuerda que Vestas mantiene con Hacienda una deuda de 90 millones- que logren presionar a la compañía para que ponga la planta a disposición y se dé facilidades a otra empresa, sea o no del sector eólico como la danesa.

Llegarán a Bruselas con la esperanza de volver al campamento instalado a pie de fábrica con alguna buena noticia tras meses de desgaste provocado por la huelga, las movilizaciones y, sobre todo, la incertidumbre sobre el futuro laboral que les espera.

Se sienten muy respaldados por la sociedad leonesa; «apoyados y arropados» y también por las instituciones, aunque hasta la fecha las gestiones llevadas a cabo no logren mejorar sus expectativas. «Si hay industria, se consume; si no hay, se arrastra a cantidad de negocios y de empresas», concluye sobre el panorama que puede provocar que el portazo de Vestas a León no abra camino a otro proyecto empresarial.

 

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