Lecciones de autocontrol para niños

Una niña observa el mostrador de una tienda de golosinas./José Mari López
Una niña observa el mostrador de una tienda de golosinas. / José Mari López

Cómo conseguir que tus hijos tengan fuerza de voluntad y aprendan a decidir su comportamiento

AMPARO ESTRADA Y RAQUEL BENDALA

Solemos admirar a las personas que tienen fuerza de voluntad para no dejarse llevar por lo fácil y son capaces de hacer lo adecuado aunque no sea lo más satisfactorio. Eso es autocontrol y se puede aprender y enseñar a tus hijos. Conociendo las distintas variables que ayudan o dificultan este proceso, puedes enseñar a tus hijos, e incluso aprender tú mismo, a controlarse en muy diversas situaciones.

Para hablar de autocontrol deben darse tres condiciones. En primer lugar, que existan dos (o más) conductas implicadas: una respuesta controlada –que es la que pretendemos aumentar, por ejemplo hacer los deberes- y una respuesta controladora, que contribuye a aumentar la respuesta controlada. En segundo lugar, es necesario que exista un conflicto para la persona en la elección de una conducta u otra y, por supuesto, que exista libertad de elección.

Por ejemplo, queremos que nuestros hijos tengan autocontrol para ser capaces de decir hacer los deberes antes de bajar a jugar. Si elige no hacer los deberes, la consecuencia es agradable a corto plazo porque puede dedicar ese tiempo a otras actividades más placenteras como jugar a un videojuego; pero será negativa a largo plazo, ya que puede suspender la asignatura; mientras que si elige hacer los deberes no le va a reportar beneficios a corto plazo, pero sí a largo. ¿Cómo se puede estimular el autocontrol del niño ? Se le podría reforzar premiándole por hacer los deberes durante un tiempo determinado. No conseguiremos que desarrolle esta fuerza de voluntad si le amenazamos con un castigo inmediato; si hace los deberes por miedo no es autocontrol.

Existen diversas estrategias de autocontrol. Tenemos la de la demora de la gratificación. El pequeño debe rechazar una satisfacción inmediata por otra mejor, pero futura. Por ejemplo, son las 8 de la tarde y pasáis por delante de una pastelería. A tu hijo se le antoja una palmera de chocolate, pero ya es tarde y de cena habías preparado su plato favorito: una lasaña. En este caso, le planteas que si no se come la palmera podrá cenar lasaña.

También puede ejercitarse el autocontrol resistiendo un estímulo que está a su alcance. Por ejemplo, estáis en el salón pintando un cuadro y tú recibes una llamada importante que te va a llevar unos minutos. Le pides al niño que durante el tiempo que tú no estés en el salón, no use las pinturas porque puede manchar los muebles. Si lo cumple, le dejarás pintar otro cuadro más.

Y, por último, autocontrolarse para tolerar algo que le produce aversión, una situación de dolor o aburrimiento para obtener un beneficio futuro. Por ejemplo, si se porta bien en el dentista recibirá un premio.

¿Qué es lo que ayuda al niño a poner en marcha el autocontrol y superar todas estas situaciones?

En el ejemplo que hemos visto con la palmera de chocolate versus la lasaña influye de forma positiva en el rechazo de la palmera la mayor edad del niño, un mayor cociente intelectual, más madurez, mayor competencia social y un mayor valor del refuerzo demorado, es decir, la lasaña tiene para él más valor porque es su plato favorito. Por otro lado, dificultan el autocontrol variables como la espera (cuanto mayor es la duración de la misma, menos probable que elija la lasaña), un estado de ánimo negativo y una baja expectativa de obtención del refuerzo: si en ocasiones previas le has denegado premios prometidos elegirá el refuerzo inmediato, ya que no se va a creer que luego le espera algo mejor.

Así, en un primer momento el niño elige no tomarse la palmera para poder cenar lasaña. Hasta aquí, habría puesto en marcha el 'autocontrol decisional'. Ahora bien, os queda un largo paseo hasta llegar a casa, pasáis por delante de otras pastelerías y él va teniendo cada vez más hambre. Durante este camino, él va a tener que seguir demorando todas esas gratificaciones inmediatas para poder cenar su plato favorito, es decir, tiene que poner en marcha el 'autocontrol prolongado'. En este último caso, resultan útiles actividades que le distraigan -podéis caminar jugando a las adivinanzas, cantando...- y la imaginación del refuerzo -imaginarse la situación de sentarse en la mesa y comerse la lasaña, teniendo en cuenta que cuanto más rica en detalles sea la escena, menos le va a costar el camino de vuelta-.

En la situación en la que debe resistirse a usar las pinturas mientras tú no estás, le pueden servir de ayuda las autoverbalizaciones positivas, es decir, repetirse los aspectos positivos de resistirse y los negativos de no hacerlo: «Si no uso las pinturas durante este rato, voy a poder pintar un cuadro más. Si las uso y mancho algo, no voy a pintar otro cuadro y, además, mi madre se va a enfadar». Sin embargo, verbalizaciones que no guarden relación con la situación y que sólo pretendan distraerla en este caso no resultan útiles -mientras que en la demora de las gratificaciones en el caso de la palmera sí lo eran-.

En cuanto a la sala de espera del dentista, el pequeño está muy nervioso porque la última vez que fue le dolió. En este tipo de situaciones (e incluso durante la intervención) resulta útil que pueda distraerse con algo que le gusta, ya sea viendo un vídeo en el móvil o imaginarse un cuento o una historia que se invente poco a poco (podéis iniciar en la sala de espera la invención de una historia que él va a tener que continuar mientras le están haciendo el empaste, porque luego te va a tener que contar el final).

Es importante explicarle estas estrategias al niño y hacer de modelo para que les sea más fácil aprenderlas y ponerlas en marcha. así como determinar siempre cuál va a ser el refuerzo o premio que se obtendrá a largo plazo.

 

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