Con el voto en la mano

Largas colas para votar en el congreso del PP./Óscar Chamorro
Largas colas para votar en el congreso del PP. / Óscar Chamorro

Los compromisarios deciden quién liderará el PP, algunos obedientes al mandato de sus votantes y otros todavía con dudas

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Los candidatos se extendieron en sus discursos. Media hora después de lo previsto, todavía hablaba Pablo Casado en el auditorio principal. Las salas llenas, pero también llenos el lobby y las barras de café y croissant. Los compromisarios, algunos maleta en mano, siguen sus palabras en los plasmas del hotel. Mientras Casado dice sus frases finales, ya hay varios en una larga fila que ocupa uno de los laterales en toda su extensión. Esperan para entrar en la sala de votación, la misma en que se acreditaron. 25 mesas para algo más de 3.000 personas. «¡Vaya cola, ¿no?, para votar», dice una compromisaria de vestido de rayas y cartera Carolina Herrera.

Ayer, cuando la sesión terminó con el estribillo del PP ralentizado hasta pasar de himno triunfal a melancólica estrofa, había aún compromisarios indecisos. «Hay que escuchar qué dicen mañana», decían unos representantes de Galicia. No tenían su voto pensado, en parte por no tener directriz clara de su líder. Otros sí reconocían su preferencia. Soraya o Pablo. Incluso en los pasillos y off the record había cierto equilibrio.

«Hay un cinco por ciento que tiene la duda, más de 200 personas», calcula Pablo Chaves, compromisario de Cádiz, vestido con camisa con coderas. «Ha sido una campaña muy larga y la mayoría viene con su idea preconcebida».

Casado termina a las 11:30 en punto. Los organizadores calculan que será necesaria una hora y media para que todos depositen su voto. Salen en tromba. Alguno busca el baño pero la mayoría el final de la cola donde colocarse. Las opiniones sobre el voto difieren. De los compromisarios consultados, unos se sienten obligados por el resultado de las bases que representan y otros aluden a una libertad de elección que, al ser secreta, queda en la conciencia. La fila de gente que espera pronto da la vuelta y toda la planta baja del hotel pasa a estar ocupada. A las 11:51 empieza a moverse.

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