Torra insta a ERC a regresar a la vía de la desobediencia para recuperar la unidad

El presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxCAT), y su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC). /Efe
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (JxCAT), y su vicepresidente, Pere Aragonès (ERC). / Efe

El líder de la Generalitat pide al independentismo volver al «espíritu del 1-O» y reitera su ultimátum a Pedro Sánchez

CRISTIAN REINOBarcelona

Junts per Catalunya y Esquerra escenificaron este miércoles, una vez más, que la división en el independentismo es muy profunda. Mientras Quim Torra evitó toda autocrítica y recetó más radicalidad el día después de que las fuerzas secesionistas consumaran la fractura con la pérdida de la mayoría absoluta en el Parlament, ERC reconoció la «crisis» y el debilitamiento del soberanismo.

El presidente de la Generalitat, que tres meses después volvió a someterse al control de la Cámara catalana, que ha permanecido todo este tiempo bloqueada, apeló a la unidad. Una cohesión, que a su juicio, está en la «resistencia» del independentismo frente al Estado y también en la «desobediencia», una forma de reprochar a sus socios falta de coraje. «Recuperemos el espíritu del 1-O, la declaración de independencia del 27-O y, todos juntos, sigamos adelante. (…) Hasta el final y la victoria», dijo.

Torra reiteró que el objetivo de hacer efectiva la república es «irrenunciable» y que se mantiene como punto central de la legislatura. Eso sí, no explicó cómo piensa llevarlo a cabo. Ya era una empresa casi imposible cuando JxCat y ERC tenían mayoría absoluta con la CUP. Pero insistir en la vía unilateral con solo 61 diputados (sobre 135) sonó como una especie de huida hacia adelante para intentar contentar a los sectores más radicales, que no entienden qué pasa entre JxCat y ERC y que asisten desorientados a sus continuas peleas. El propio presidente de la Cámara, Roger Torrent, convertido ya en el 'traidor' oficial del independentismo por vetar el voto de Carles Puigdemont, dejó este miércoles entrever que, aunque los dos sectores del independentismo hacen llamadas a la unidad, ninguno enterrará el hacha de guerra: «No podemos mirarnos de reojo y apuñalarnos entre nosotros».

Torra sigue sin reconocer que la república no será posible a corto plazo. Su situación de debilidad es máxima. Sin embargo, no fue óbice para que reiterara el ultimátum a Pedro Sánchez. «Su crédito se ha acabado. Necesitamos una oferta ya sobre la mesa», avisó. «Tengo prisa por sacar a los presos políticos de las cárceles», remachó. El ahora o nunca de Torra exige al presidente del Gobierno proponer un referéndum antes de noviembre. Si no lo hace, Esquerra y el PDeCAT retirarían su apoyo a Sánchez y tumbarían sus Presupuestos.

Torra, en cualquier caso, lanza un órdago, pero no tiene todas las cartas. ERC y una parte del PDeCAT se desmarcaron del ultimátum, el independentismo no tiene fuerza parlamentaria y la presión de la calle es cada vez mayor en su contra. Hasta el punto de que Torra también es víctima del ultimátum de la Asamblea Nacional Catalana: tiene que detallar cómo va a llegar a la independencia antes del 21 de diciembre o la ANC pedirá elecciones. Extremo al que aún no llegan los grupos de la oposición en Cataluña, que descartan una moción de censura, pues creen que el independentismo cerraría filas.

Apoyo a los CDR

La Generalitat reconoce que sus relaciones se han enfriado con la Moncloa. La segunda reunión entre Sánchez y Torra está aparcada, en parte porque el Ejecutivo cree que el líder nacionalista no contribuye a la convivencia cuando alienta a los Comités de Defensa de la República. Aun así, el presidente catalán volvió a defender a los CDR, a los que en un vídeo grabado en septiembre y que ha trascendido ahora les pide calma porque la «revuelta» comenzará tras la sentencia del 1-O. «Hay miembros en mi familia, tengo una interlocución directa», dijo. «No los criminalizaré -advirtió-, tienen todo el derecho a trabajar por su proyecto. No son comandos».

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