Sosteniendo el timón en la tormenta

Bajo el férreo arbitraje del Juez Marchena, hemos asistido a una sesión viva y expresiva de la división de poderes y de la fuerza del Estado de Derecho

Sosteniendo el timón en la tormenta
EFE
ASUNCIÓN DE LA IGLESIAProfesora de Derecho Constitucional

El natural foro de la deliberación política, en el que casi todo vale, ha sido hoy sustituido por otro: el judicial. En este, los tiempos, la forma y la pertinencia constituyen, como proceso de lucha ritualizado, garantía y bálsamo para la contención del enfrentamiento, bajo la vestimenta igualitaria y solemne de las togas. Bajo el férreo arbitraje del Juez Marchena, hemos asistido a una sesión viva y expresiva de la división de poderes y de la fuerza del Estado de Derecho, como garante del modelo democrático de convivencia. Póngase en positivo este elemento de uno de los estados occidentales calificado entre los 20 de democracia plena en el mundo (según The Economist, España es el quinto mejor país del G-20 y 19 del mundo). Conviene recordar esto, sobre todo para evitar aquello de la baja autoestima de los españoles como comunidad política que, como es sabido, lleva a afirmar que no necesitamos enemigo porque nos bastamos solos. Pues bien, el escenario de hoy, en el que se muestra la fuerza del Estado de Derecho, ha de servir para mejorar un poco nuestro autoconcepto como comunidad, no obstante nuestras carencias.

La declaración del expresidente muestra, como testigo, a un hombre que tuvo que gobernar en la tormenta. Al frente del Gobierno, le correspondió sostener el timón con aguas agitadas y vientos descontrolados. Recuérdese que precisamente es lo propio del Gobierno, del griego kybernao (dirigir el timón). En un marco de complejidad extrema, con desobediencia y falta de acatamiento del orden constitucional, sometido a presiones y a incontables interlocuciones, el riesgo para el orden público y constitucional eran manifiestos. Sin fruto o con exigencias imposibles, no eran factibles negociaciones políticas. Y así, ante la insumisión pertinaz a Sentencias y autos reiterados del Tribunal Constitucional, quedaba por probar el nivel de resistencia política del Gobierno constitucional.

De las declaraciones del testigo, otrora Presidente del Gobierno, sintetizo las que me parecen las tres ideas centrales que han de quedar para la historia. Una: ningún Presidente del Gobierno puede aceptar la liquidación del Estado y de la soberanía nacional. Dos: autorizar un referéndum con objeto de pronunciarse sobre la autodeterminación es algo a lo que nunca debe prestarse ningún Presidente del Gobierno. Tres: la declaración del art. 155 se adoptó como vía más proporcionada –había otras coercitivas, pero afectaban más a derecho y libertades– y con la búsqueda del mayor acuerdo de las fuerzas políticas.

En realidad, el que fuera Presidente Rajoy resistió como dique o baluarte del Estado Constitucional, con más o menos atino en los tiempos o en algunas decisiones; eso ya es fácil criticar desde la barrera. Que hoy se celebre este juicio es porque el baluarte del Estado de Derecho, con sus herramientas constitucionales, ha resistido el envite.