Sánchez ensaya la estrategia electoral en el Congreso ante su soledad en la crisis catalana

Sánchez conversa con la ministra María Jesús Montero en un momento del debate./EFE
Sánchez conversa con la ministra María Jesús Montero en un momento del debate. / EFE

Promete a Torra una respuesta «firme y contundente» si vulnera la ley, pero evita la ruptura con los independentistas

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Pedro Sánchez mostró ayer algunas de las pinceladas que tendrá su discurso electoral. Lo hizo tras comprobar su soledad para encarar la crisis de Cataluña. La oposición de Partido Popular y Ciudadanos fue inmisericorde para exigir la aplicación inmediata del 155 y la convocatoria de elecciones, mientras que los independentistas volvieron a reclamar al presidente del Gobierno que ponga sobre la mesa propuestas fuera de su alcance. Con esos mimbres, alargar la legislatura, siquiera hasta el próximo otoño, parece una quimera.

Era un pleno del Congreso para hablar de la situación política en Cataluña y del 'brexit', pero de lo segundo apenas se habló en las casi seis interminables horas de debate. El tsunami catalán, una vez más, sepultó todo y el escenario tras el paso de la ola fue desolador. Las posibilidades de entendimiento son nulas. No es una novedad, pero Sánchez constató que no tiene ningún punto de conexión con la oposición ni con los soberanistas. Ni se vieron los resquicios ni las puertas entreabiertas que otras veces alimentaron las esperanzas gubernamentales. Todo lo contrario, el presidente del Gobierno tuvo que escuchar negros vaticinios sobre su futuro: «Su tiempo se ha acabado. Váyase ya», dijo Pablo Casado con un discurso que rememoró tiempos pasados; «Andalucía ha sido el aperitivo de lo que le espera», apuntó Albert Rivera; «Cataluña será su tumba política», apostilló Joan Tardà.

Se ve que corren malos tiempos para la centralidad porque Sánchez buscó la equidistancia entre los planteamientos maximalistas de la oposición -155 para acabar con los golpistas- y de los soberanistas -el referéndum es innegociable- y salió escaldado. Su discurso fue «duro» para los soberanistas y «blandengue» para PP y Ciudadanos.

El presidente del Gobierno reclamó «tiempo, diálogo y lealtad» a la oposición para encauzar la crisis en Cataluña. Pero tanto Casado como Rivera le recordaron que ese tiempo ya ha pasado, que a estas alturas solo cabe una respuesta contundente porque el soberanismo ha entrado en una etapa irredenta.

Sánchez, con la lección aprendida en las elecciones de Andalucía y con el malestar en el cogote de algunos barones socialistas, también subió el tono con los soberanistas. Advirtió al presidente de la Generalitat que se encontrará con una respuesta «firme, pero serena, proporcional y contundente» si vulnera la ley, y negó cualquier posibilidad de ejercer un supuesto derecho de autodeterminación porque no hay «nada mejor que un referéndum para partir en dos a una sociedad».

LAS FRASES

Pedro Sánchez - Presidente del Gobierno.
«No aceptaré una nueva vulneración de la Constitución en Cataluña»
Pablo Casado - Presidente del PP.
«Quien busca el apaciguamiento al final tendrá confrontación y deshonor»
Pablo Iglesias - Secretario general de Podemos.
«Se lo dije a Torra. Respire antes de hablar, y se lo digo también al presidente»
Albert Rivera - Presidente de Ciudadanos
«Las elecciones en Andalucía son solo un aperitivo de lo que va a pasar»
Joan Tardà - Diputado de ERC.
«Su cerrazón señor Sánchez por desgracia nos va a abocar de nuevo a la desobediencia»
Carles Campuzano - Diputado del PDeCAT.
«No se puede gobernar España contra Cataluña, quien gobierna así está abocado a perder»
Aitor Esteban - Diputado del PNV.
«Ha hecho gestos señor Sánchez, pero debe adoptar propuestas concretas»
Ana Oramás - Diputada de Coalición Canaria.
«Los grandes partidos se están cargando la obra de la transición, están liquidando la democracia»
Quim Torra - Presidente catalán.
«El camino hacia la libertad es, ha sido y será siempre cívico, pacífico y democrático»
Adriana Lastra - Portavoz del PSOE.
«Al PP no le importa España, solo repartirse el botín, como hicieron siempre»

El portavoz de Esquerra intentó dar una de cal y otra de arena dentro de la estrategia posibilista que sigue su partido. «Nos van a abocar de nuevo a la desobediencia», advirtió Tardá. Pero a renglón seguido concedió que Sánchez aún está «a tiempo» de reconducir la situación si muestra cintura, pero si no lo hace «entregará la hegemonía política de España a las derechas por mucho tiempo».

El líder del PP, por si el Gobierno caía en la tentación de explorar nuevas vías conciliadoras, ofreció a Sánchez su colaboración, pero solo para aplicar el 155 en Cataluña. Tras la ruptura de relaciones, decisión tomada por el presidente el 25 de octubre a raíz de la acusación de Casado de ser «partícipe» de un golpe de Estado, habló de retomar el diálogo e invitó a Sánchez a conversar por «teléfono» sobre Cataluña aunque a continuación se ratificó en que el presidente es «responsable por inacción» del golpismo secesionista.

En vista de que por ahí no iba a encontrar complicidad alguna, Sánchez tentó a Rivera para que recuperara el perfil centrista. Tarea que, según el presidente, exige la negativa en redondo a llegar a acuerdos con Vox. Una invitación envenenada porque el entendimiento, aunque sea pasivo, con la formación de Santiago Abascal va a ser ineludible para los liberales si quieren cogobernar en Andalucía. La respuesta del presidente de Ciudadanos, como la del presidente del PP, fue que se dejara de retórica vacía y convocara elecciones. «Ya llegarán», respondió Sánchez con premeditada vaguedad de calendario.

Esgrima retórica

El aroma electoral planeó sobre el hemiciclo del Congreso a lo largo de todo el debate. Todos los portavoces comprobaron que el pleno sobre Cataluña era un ejercicio de esgrima retórica que no conducía a ninguna parte. Ni siquiera la tramitación de los Presupuestos que reclama Sánchez para insuflar algo de aliento a la legislatura consiguió abrirse paso. Cuando se habló del tema fue para que los portavoces de Esquerra y del PDeCAT denunciaran que el presidente del Gobierno tampoco tiene la convicción de que saldrán adelante. Se ha limitado a «gesticular», pero no se ha empleado a fondo en la búsqueda de su respaldo, coincidieron Tardà y Carles Campuzano.

El único momento de empatía en el debate surgió entre Sánchez y el portavoz del PNV, Aitor Esteban. «Ustedes -elogió el presidente- pueden ser fuente de inspiración para muchas cosas», sobre todo para el independentismo catalán. Pero el diputado nacionalista, con buen tono, no se dejó enredar y reclamó «concreciones» tanto para el País Vasco como para Cataluña.

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