Sánchez juega a dos barajas y se sitúa al borde de la ruptura con Iglesias

Sánchez juega a dos barajas y se sitúa al borde de la ruptura con Iglesias

El socialista insiste en pedir la abstención al PP y Ciudadanos ante el posible fracaso de la negociación con Podemos

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Pedro Sánchez corroboró este lunes en el debate del Congreso que solo tiene un camino para la investidura, el pacto con Pablo Iglesias, y es de espinas. Pero el candidato socialista no mostró el menor entusiasmo por el gobierno de coalición y el líder de Unidas Podemos avisó que hay acuerdo para cogobernar o nada. El choque se veía venir por el cortejo previo del aspirante a PP y Ciudadanos para arrancarles una abstención, un desaire en toda regla al socio preferente, sobre todo porque los equipos negociadores de ambas formaciones se encuentran en plena tarea de acercamiento. Es el riesgo de jugar con dos barajas.

En su intervención matutina, Sánchez pasó casi de largo de Unidas Podemos y las negociaciones para el gobierno de coalición, como si tuviera atragantada esa vía para la investidura. En su cara a cara con Iglesias, el candidato concedió que estaba dispuesto a «correr el riesgo» de cogobernar con los morados, pero con sus reglas, y agradeció a Iglesias «la decisión difícil» de renunciar a la silla en el Consejo de Ministros.

Pero dicho esto, dejó entrever que si acepta esa fórmula será con la nariz tapada. Es más, aventuró, si no hay acuerdo para la coalición, «en los términos que ustedes la plantean», objetivo hoy lejano tanto por los nombres como por los cargos, hay otras formas de colaboración como los pactos de investidura o de legislatura. La coalición, subrayó, no es la única forma de entenderse.

Al líder del PSOE no le gustan los nombres ni los cargos para la coalición que propone Podemos

Fue la gota que colmó el vaso e indignó al líder de Unidas Podemos. Tanto reparo y tanta oferta alternativa hace pensar que «usted no quiere un gobierno de coalición» porque, acusó Iglesias, el que está de acuerdo «no ofrece un papel decorativo» a un aliado con 3,7 millones de votos. Más bien parece, prosiguió, que ahora se saca de la chistera «otra excusa» como antes puso la de su paso al costado. «No nos vamos a dejar pisotear y humillar», avisó ya con la tensión en el hemiciclo por las nubes.

Iglesias destripó buena parte de la negociación con el PSOE ante los 346 diputados del Congreso. Enumeró cesiones por doquier y advirtió de que no iban a conceder ni una más. O hay presencia de Unidas Podemos en los escalones nobles del Gobierno o no habrá acuerdo, y la investidura descarrilará ahora y en septiembre. El líder de los morados, lavándose las manos, reconoció que se abría la puerta a unas nuevas elecciones el 10 de noviembre.

La llave

La indignación del secretario general de Podemos no solo obedecía a las palabras de Sánchez, las reiteradas demandas de abstención a PP y Ciudadanos habían calentado los ánimos en la bancada morada. El candidato socialista pidió el voto en blanco a populares y liberales de todas las formas imaginables. Dio igual, las respuestas fueron rotundas negativas. «Ustedes -dijo a Pablo Casado y Albert Rivera- tienen la llave para que el Gobierno no dependa de los independentistas y para que no haya una repetición de las elecciones». Como si Unidas Podemos no existiera.

Votar en contra de la «única fórmula» de Gobierno posible, sería, remachó Pedro Sánchez dirigiéndose a PP y Ciudadanos, «una deslealtad a España». «Mójese -espetó en su duelo con el líder del PP- estabilidad o elecciones».

Sánchez alternó el tono casi mendicante con el de quien posee una mayoría absoluta. Pero ni Casado ni Rivera concedieron el menor resquicio. El líder del PP, incluso, le advirtió de que semejante flirteo debía ser «indignante» para Pablo Iglesias. El problema, añadió, es que el candidato socialista pide la abstención con el único argumento de «porque sí» ya que al día pactará con los independentistas.

Con todo, el debate con el líder de la oposición tuvo momentos de altura y de respeto, todo lo contrario que el duelo con Rivera, al que Sánchez desdeñó desde el primer minuto. «Su etiqueta», afirmó, no es liberal, «es reversible, como las chaquetas». Claro que un momento antes, Rivera le había acusado de urdir un «plan 'sanchista'» que iba a ejecutar con una «banda», en la que enroló a Podemos, los independentistas y Arnaldo Otegi, para destruir España.

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