Pedro Sánchez descarta el adelanto electoral para agotar la legislatura en 2020

Pedro Sánchez, durante la entrevista. /Efe
Pedro Sánchez, durante la entrevista. / Efe

Pretende abrir una «nueva etapa» con Cataluña para lo que ve «razonable» acercar los independentistas presos

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Pedro Sánchez no se plantea un adelanto electoral. Pretende agotar la legislatura y convocar los comicios en junio de 2020. En estos dos años, si sus planes se materializan, quiere abrir una «nueva etapa» con la Generalitat de Cataluña. Un primer paso será el acercamiento de los dirigentes independentistas presos a cárceles de esa comunidad. Es «razonable», dijo.

El presidente del Gobierno concedió su primera entrevista a los 13 días de tomar posesión de su cargo, y lo hizo en la cadena de radio y televisión públicas. Sánchez descubrió algunas etapas de su hoja de ruta, entre ellas que su objetivo es agotar la legislatura y convocar elecciones dentro de dos años. No antes, aunque durante el debate de la moción de censura en la que desalojó a Mariano Rajoy de la Moncloa rehuyó hablar de calendario y apuntó que habría elecciones pronto. «Hay tarea» para normalizar la vida política y las instituciones, señaló en la entrevista de media hora para justificar los dos años que se pone por delante.

Entre esas tareas, subrayó una, abrir una «nueva etapa» en Cataluña y normalizar las relaciones con la Generalitat. Un primer gesto por parte de su Gobierno será el acercamiento a prisiones catalanas de los exconsejeros independentistas encarcelados en centros penitenciarios de Madrid. Se hará «en el momento preciso», es decir una vez que termine la instrucción en el Tribunal Supremo.

No será el único movimiento. Recibirá en la Moncloa al presidente de la Generalitat, Quim Torra, en la primera semana de julio. En la tanda con los gobernantes de las comunidades históricas, Iñigo Urkullu, por el País Vasco; Alberto Núñez Feijóo, por Galicia; y la andaluza Susana Díaz. No será el «café para todos» del que se queja Torra, pero tampoco un tratamiento diferenciado a Cataluña. Sánchez tiene previsto conocer a Torra en persona el próximo viernes, con motivo de la inauguración de los Juegos del Mediterráneo en Tarragona, ceremonia en la que acompañará al Rey y en la que el presidente catalán ha anunciado que reprochará a Felipe VI su discurso «contra Cataluña» tras el referéndum del 1 de octubre.

El presidente del Gobierno confía asimismo en estrechar las relaciones con el Ejecutivo de Vitoria, del que los socialistas son socios, y con el que existe un clima de colaboración que puede ponerse en peligro con la reforma estatutaria que está en marcha. El PNV apuesta por el reconocimiento nacional de Euskadi y el ejercicio de derecho a decidir, planteamientos inadmisibles para el PSOE. La reforma del Estatuto de Gernika, según Sánchez, no tiene que ser «una oportunidad perdida» sino un camino para «aprovechar las oportunidades».

Precisó que no tenía nada que ver, pero reconoció que tiene sobre la mesa «una política penitenciaria distinta» con los presos de ETA y explorar las posibilidades de una aproximación a prisiones vascas. «Hay que abordar -dijo- el fenómeno de otra manera», con un tratamiento «individualizado» de los reclusos terroristas una vez que ETA ha desaparecido.

Primer viaje a París

También se propone hacer cambios en las tradiciones de la política exterior de España. El primer viaje no será a Marruecos, será a París este sábado. Explicó que el domingo habló con Emmanuel Macron sobre la crisis migratoria y la necesidad de una respuesta europea. Asuntos sobre los que tratará con el presidente francés, en una gira que también le llevará a Berlín para verse con Angela Merkel y a Lisboa, donde se reunirá con el presidente portugués. La visita al vecino magrebí quedará para el segundo semestre de este año.

La agenda social es la prioridad de los planes de Sánchez, y para sacarla adelante cuenta con Podemos, con cuyo líder se reunió el pasado viernes en la Moncloa, pero también espera contar con otros grupos, incluido el PP para «los asuntos de Estado». A Ciudadanos ni lo mencionó.

Reconoció, por otra parte, que no hubiera nombrado a Màxim Huerta ministro de Cultura si hubiera conocido sus antecedentes fiscales. Pero negó su salida del Gobierno haya sido una crisis, forma parte, vino a decir, de la nueva cultura política que se ha abierto en España en la que las dimisiones y el reconocimiento de los errores ya no serán un tabú. En todo caso, subrayó, «es pasado».

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