Muere el catedrático Álvarez Conde, director del máster de Cifuentes

El director master de Cifuentes, Entique Álvarez Conde./EFE
El director master de Cifuentes, Entique Álvarez Conde. / EFE

El profesor, que se enfrentaba a una petición de tres años y nueve meses de cárcel, sufría un cáncer de pulmón

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

Enrique Álvarez Conde, catedrático de Derecho de la Universidad Rey Juan Carlos y director del polémico máster de la expresidenta de Madrid Cristina Cifuentes, ha fallecido en la mañana de este lunes, tras una infección sufrida a raíz del tratamiento contra el cáncer de pulmón que padecía.

Álvarez Conde, exdirector del Instituto de Derecho Público, se enfrentaba a una petición fiscal de tres años y nueve meses de prisión por un presunto delito de falsedad documental, al haber ordenado, supuestamente, que se 'fabricara' un acta de la defensa del Trabajo de Fin de Máster de Cifuentes en julio de 2012. Al poco de conocerse que el catedrático había ordenado que se falsificara ese acta, la Universidad Rey Juan Carlos le suspendió de sus funciones.

«Instrumento idóneo»

El pasado febrero, el catedrático, que compareció ante la comisión de investigación de universidades de la Asamblea de Madrid, aseguró haberse movido siempre en la legalidad. «Fui el instrumento idóneo para la caza de otras piezas mayores. Ese es mi pecado y ya fui vapuleado por ello«, explicó antes de denunciar que recibió «fuertes presiones» de la Comunidad y del rectorado de la Universidad Rey Juan Carlos tras estallar el escándalo en marzo de 2018.

La juez Carmen Rodríguez-Medel, sin embargo, situó a Álvarez Conde en el epicentro de una red tejida en el Instituto de Derecho Público (IDP) para otorgar «como regalo o prebenda« el título de máster a alumnos »con una posición relevante en el ámbito político, institucional o que mantenían vínculos estrechos de amistad o de carácter profesional« con el catedrático.

El profesor, por su lado, con estos títulos se garantizaba los ingresos económicos suficientes para mantener abierto el curso (ya que éste se suspendía si había poco alumnos), a la vez que incrementaba el supuesto prestigio del IDP con alumnos de renombre e influencia política.