Cataluña abre una crisis diplomática entre España y Bélgica

Carles Puigdemont. /
Carles Puigdemont.

El presidente del Parlamento flamenco cuestiona que Madrid cumpla con las condiciones para pertenecer a la Unión Europea

ANDER AZPIROZ MadridS. ARROYO Bruselas

España ha dicho basta ante Bélgica a cuenta de la actitud del socio europeo en relación al conflicto catalán. Tanto que Exteriores ha abierto un conflicto diplomático al convocar al embajador belga en Madrid para expresarle su más enérgica protesta.

La gota que ha colmado el vaso no ha sido un decisión judicial, como las que denegaron la entrega de Carles Puigdemont y sus exconsejeros a la justicia española o la demanda contra el juez Pablo Llarena por su supuesta parcialidad en el proceso contra los líderes secesionistas. El detonante ha sido una carta del presidente del Parlamento de Flandes, Jan Peumans, dirigida a Carme Forcadell, quien se encuentra en prisión preventiva desde el pasado marzo.

Peumans, del partido independentista Nueva Alianza Flamenca (N-VA) -que forma parte de coalición del Ejecutivo central que preside Charles Michel-, empieza por lamentar en la misiva el encarcelamiento de la expresidenta del Parlament, a la que conoció en Bruselas. El dirigente flamenco eleva el tono en los siguientes párrafos: «Mantener a políticos arrestados durante meses es un acto aún más insidioso, una prueba de que el Gobierno central en España no cumple con las condiciones para ser parte de un estado moderno de la Unión Europea». Y, en calidad de representante del Parlamento flamenco -él mismo se autodefine así-, traslada a Forcadell y a los otros presos su deseo de que recuperen la libertad «porque es absolutamente inaceptable para los políticos ser arrestados por sus opiniones».

Protesta ante el embajador

Estas afirmaciones causaron un hondo malestar en el departamento que dirige Josep Borrell, especialmente sensible a todo lo que concierne al desafío independentista en el exterior. De hecho, salvaguardar la imagen de España a nivel internacional es una de las máximas prioridades del jefe de la diplomacia.

La respuesta de Asuntos Exteriores fue convocar al embajador belga. Se trata de una medida diplomática que se utiliza para protestar formalmente ante otro país y que España ha usado a menudo con Venezuela o Reino Unido, en este último caso siempre a cuenta de Gibraltar. La convocatoria, no obstante, es del todo inusual entre países amigos y más aún entre socios de la Unión Europea.

El embajador belga, Marc Calcoen, fue citado el pasado 20 de septiembre por la directora general de Europa Occidental, Central y Sudeste de Europa, Aurora Mejía. En paralelo, tuvo lugar en Bruselas otra reunión entre el encargado de Negocios de España y la Dirección General de Europa del ministerio belga. En ambos encuentros diplomáticos se entregó una copia de la carta que, a modo de respuesta, el encargado de Negocios ha hecho llegar al presidente del Parlamento flamenco.

En esta segunda misiva, Exteriores califica de gesto «francamente hostil» que desde un puesto institucional se afirme que España no cumple con los requisitos para formar parte de la UE. «Es obvio -continúa la réplica a Peumans- que se arroga usted la facultad de expedir credenciales, empleando parámetros a su medida, muy dispares de los que aplica, sin ir más lejos, el Consejo de Europa».

 

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