Casado impulsará la renovación de estructuras territoriales del PP

Pablo Casado, durante el Congreso en el que le designaron presidente del PP en 2018./EFE
Pablo Casado, durante el Congreso en el que le designaron presidente del PP en 2018. / EFE

La dirección nacional prevé congresos regionales y provinciales extraordinarios una vez se cierren los pactos autonómicos

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Una vez se supere la intrincada fase de los pactos poselectorales y queden sellados los acuerdos, Pablo Casado se propone acometer la renovación de algunas de las estructuras del PP en los territorios. Fuentes de la cúpula nacional prevén congresos provinciales y regionales extraordinarios después del verano con los que culminarían la construcción del nuevo proyecto popular. Antes, en julio, en una Junta Directiva se anunciarán los cambios que se estudian para remodelar la dirección del partido y los grupos parlamentarios en el Congreso y el Senado.

Cuando se cumple un año del proceso de sucesión que aupó el 21 de julio a Casado a la presidencia del PP, en su entorno entienden que aún hay tarea pendiente. Los liderazgos en las organizaciones territoriales son herencia de la etapa de Mariano Rajoy y, en algunos lugares, pasada la presión electoral, se precisa, a juicio de los dirigentes actuales, una «evolución».

Se trataría, apuntan, de congresos -que avanzó El Periódico de Catalunya- puntuales, de «cirugía» de precisión, y no de abrir el partido en canal. Y así lo entienden también en algunos territorios. Aunque la dirección no ha concretado dónde se promoverán las convocatorias, fuentes regionales ponen como ejemplos, sin anticipar, que «en lugares, como Valencia, aún rige una gestora y en otros, como Gerona, el actual presidente (Enric Millo) ha asumido un nuevo cargo en la Junta de Andalucía».

Donde no habrá cambios orgánicos es en Valladolid. Allí, pese a los recelos iniciales de Génova, continuará Jesús Julio Carnero, que, en todo caso, aceptó esta semana apartarse como candidato a presidente de la Diputación en una solución al conflicto abierto. También en Alicante habrá continuidad. Tras la dimisión de José Císcar el pasado 18 de junio, Eduardo Dolón, alcalde de Torrevieja, tomó las riendas. Y, a día de hoy, en la cúpula se dan por satisfechos con un proceso en el que tanto la dirección regional de Isabel Bonig como la nacional cuentan con dirigentes de «confianza».

Las decisiones, en todo caso, sostienen en el equipo de Casado, se adoptarán en consenso con los territorios. Los estatutos del PP, de hecho, determinan que tras ser aprobado el congreso en las juntas directivas de cada organización, es el Comité Ejecutivo Nacional el que ratifica la convocatoria. Pero en algunos sectores del partido, con el precedente aún fresco en la memoria de la elaboración de las listas electorales, confían en que todo se ejecute con «prudencia» y con una reflexión previa compartida.

«Mano izquierda»

Lo que más se ha echado en falta en las organizaciones territoriales tras la marcha de Mariano Rajoy es una actitud «de mayor escucha». Dirigentes populares en distintas comunidades reclaman a la dirección nacional «confianza» e insisten en que no hay motivos para dudar de la «lealtad» en todas las estructuras del PP. Pese a la fragilidad de Casado tras obtener 66 escaños en las generales del 28 de abril y los desacuerdos internos con su discurso, tras las elecciones autonómicas y municipales los barones dejaron claro que el «liderazgo» no estaba en cuestión.

Ahora fuentes regionales creen que se trata, simplemente, de que la cúpula actúe con «mano izquierda», sin «imponer» y «respetando la autonomía» del resto de órganos. Las voces consultadas reciben de buen grado las informaciones sobre la búsqueda de perfiles «con experiencia» para reforzar Génova. A su juicio, sería oportuno garantizar un «contacto fluido» con dirigentes que puedan estar sobre el terreno y pendientes de «las necesidades de los territorios y la coordinación» con los mismos.

En cuanto a los congresos extraordinarios, advierten del riesgo allí donde no se gobierne. La experiencia les dice que las primarias «las puede cargar el diablo» y que su resultado es impredecible. Todos coinciden, eso sí, en que el proceso debería estar condicionado a si hay o no nuevas elecciones generales. En caso de repetición, desaconsejan cualquier movimiento que reste fuerza al partido.