Casado apela al patriotismo de Rivera para que Ciudadanos pacte con el PP

Pablo Casado, líder del PP. /Efe
Pablo Casado, líder del PP. / Efe

El líder popular afirma que el centroderecha tiene que «rectificar» porque la división es «letal» para España

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Pablo Casado no quiere darse por enterado de las reiteradas negativas de Ciudadanos a pactar listas conjuntas para las elecciones del 10 de noviembre y este lunes conminó a Albert Rivera a que por patriotismo acepte un acuerdo. Lo contrario, advirtió, sería «letal» para España. Envolvió la apelación en un duro discurso contra su potencial socio, al que recordó que el PP es «el cerebro, corazón y pulmón del centro derecha» por más que los liberales quieran arrogarse ese papel.

Casado no mencionó la palabra España Suma pero casi no habló de otra cosa durante su intervención ante el comité ejecutivo nacional del PP reunido este lunes en la sede de la calle Génova. Ante la plana mayor de su partido, incluidos los barones territoriales, alertó de que si el centroderecha acude por separado a las próximas elecciones la victoria estará fuera de alcance. «La fractura» entre PP y Ciudadanos «constituye uno de los errores más graves de la historia del liberalismo y del conservadurismo español», y abre la puerta a que Pedro Sánchez y el PSOE con sus aliados se perpetúen en el poder porque ese, y no otro, será «el precio» que deberán pagar por la desunión.

El líder del PP mantuvo el tono moderado de sus últimas intervenciones pero el contenido no fue amable, sobre todo con Rivera y Ciudadanos, a los que restregó que «las urnas ya han zanjado» quién y qué fuerza política son los motores del centroderecha. Casado nunca ha acabado de encajar que el líder de los liberales pretenda ser el referente en ese espacio ideológico cuando su respaldo electoral está por debajo del suyo. Es más, considera que debería haber asumido su posición subordinada y buscar el entendimiento.

Hasta ahora, prosiguió Casado, el centroderecha «no ha sabido enfrentarse eficazmente a la ola divisoria y ha caído en su propia división». Esa situación, a su entender, tiene que acabar ya porque tanto en las generales de abril como en las territoriales de mayo ha quedado claro que las «prioridades políticas» de Rivera «se han alejado de las de sus votantes» que no le han colocado en el pedestal que reclamaba. Pero eso es pasado, subrayó, y en adelante el hecho de que PP y Ciudadanos no sean «iguales» no puede condenar a los dos partidos a «ser esclavos de sus diferencias».

El líder de la oposición señaló ante la flor y nata de su partido que el cambio no solo debe ser tarea de la formación liberal, también el PP tiene que hacer deberes. Tiene que ser «reconocible por moderado», pero también «más ampliado, más popular, más integrador», debe ser una organización «donde todos» -los que votan al PP, los que lo hicieron en el pasado y ya no lo hacen, y los que nunca lo han hecho- «puedan sentirse reconocidos y acogidos aunque no compartan sus ideas». El PP, avisó, tiene que plantearse como objetivo «liderar una mayoría centrada». Un discurso en las antípodas del que planteó en las elecciones de hace cinco meses, cuando protagonizó una campaña áspera como pocas veces se había visto en las filas populares.

Sin roces

Casado evitó entrar en el debate sobre la composición de las listas para el 10 de noviembre, un asunto que ha suscitado roces entre la dirección, que defiende la continuidad, y algunos líderes territoriales, que reclaman cambios. Quizá por eso recibió los parabienes de sus barones, aunque ninguno quiso intervenir ante el comité ejecutivo.

A la salida de la reunión, dos de los líderes menos entusiastas con las alianzas con Ciudadanos, el presidente de la Xunta de Galicia y el líder de los populares vascos, aplaudieron sin reparos su intervención. Alberto Núñez Feijoó compartió el discurso «certero y claro» de Casado y se sumó a las pullas a Rivera, más preocupado por «su carrera política que por el futuro de nuestro país». Alfonso Alonso también apreció que fue una intervención «madura y centrada», además de coherente con el proyecto «de siempre» del partido.

La reunión fue por tanto una balsa de aceite para Casado, un clima propiciado por las buenas perspectivas que apuntan todas las encuestas publicadas. Solo la dimisión de la presidenta del partido en Asturias, Mercedes Fernández, fue un momento de anticlímax, pero como todo se desarrolló con buenas formas no pasó de ser un episodio sin pena ni gloria.

Los liberales vuelven a dar un portazo a las ofertas populares

Si Pablo Casado hace oídos sordos a las negativas de Ciudadanos a España Suma, los liberales hicieron lo propio con los emplazamientos del líder del PP. «No le vamos a hacer el juego a (Pedro) Sánchez, que estaría encantado de que todos fuéramos en el mismo saco. No le vamos a dar esa alegría», respondió este lunes la portavoz de la formación naranja, Lorena Roldán.

La dirigente liberal también desestimó la oferta de Cayetana Álvarez de Toledo de que sea Inés Arrimadas quien encabece la lista por Barcelona de una hipotética alianza de PP y Ciudadanos. «Sumar sí, pero con la fórmula de Andalucía, no con la fórmula Gürtel», contestó Roldán. De lo que se trata, prosiguió en el mismo tono cáustico, es «sumar diputados, no imputados, y la corrupción resta».

Cayetana Álvarez de Toledo, portavoz del PP en el Congreso, no tiene ninguna relación con la trama corrupta, pero Ciudadanos apela a ella como argumento para desestimar cualquier posibilidad de pactos preelectorales con los populares. En todo caso, afirman, se negociarían acuerdos después del 10 de noviembre.

Ciudadanos, no obstante, considera que el PP siempre será su socio preferente. El propio Albert Rivera afirmó que si la suma de ambos partidos obtiene un escaño más que el PSOE está dispuesto a negociar un gobierno de coalición con Casado. Eso es lo que entiende Ciudadanos por la fórmula Andalucía. Los liberales pasan de puntillas sobre la presencia de Vox en esa ecuación y nunca mencionan a la formación de Santiago Abascal como posible socio para gobernar.

Ni siquiera los negros presagios para el 10 de noviembre que apuntan las encuestas han hecho cambiar la posición de Ciudadanos de negarse a la coalición electoral con los populares, y mucho menos con el partido de extrema derecha.

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