El fracaso para formar Gobierno aboca a España a repetir elecciones por primera vez

El rey Felipe VI, junto al presidente del Congreso, Patxi López./
El rey Felipe VI, junto al presidente del Congreso, Patxi López.

Felipe VI, el primer Rey que convocará elecciones, se acogerá al artículo 99.5 de la Constitución para disolver las Cortes y fijar la fecha de los nuevos comicios legislativos, el 26 de junio

RAMÓN GORRIARÁNMadrid

El Rey constató ayer lo que era evidente. Ningún líder político tiene apoyos suficientes para gobernar y desistió de presentar un nuevo candidato a la investidura. El 2 de mayo firmará el decreto de disolución de la Cortes y convocará las elecciones generales para el 26 de junio, seis meses y once días después de las anteriores.

Cuatro meses de negociaciones han demostrado que las fuerzas políticas han sido incapaces de gestionar los resultados del 20 de diciembre, los más plurales desde la restauración de la democracia, pero que han desembocado en el mayor de los fracasos. De esta forma, la XI Legislatura será la más breve de la historia democrática de España, poco más de siete meses. Más corta incluso que la constituyente de 1977 a 1979, que duró un año y ocho meses. Más fugaz incluso que la más efímera de la Segunda República.

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Varios de los líderes de los que pasaron ayer la Zarzuela, entre ellos el presidente de Ciudadanos, han expuesto su preocupación al Rey por el «bloqueo institucional» que se ha vivido y que se puede reeditar tras los próximos comicios. Una tesis que, según explicó después el presidente del Congreso, el Rey no comparte porque las instituciones han funcionado de forma adecuada y no se ha producido un bloqueo, en todo caso se ha producido, en palabras de Patxi López, un «no acuerdo político». La máxima autoridad parlamentaria también trató de desdramatizar la situación porque, si bien es indudable que hay «frustración y cabreo» entre la ciudadanía, volver a votar ante la imposibilidad de gobernar es «lo más democrático» que hay.

Pero la situación, sea de bloqueo o de desacuerdo, se puede reeditar este verano y otoño si no cambia la actitud de las fuerzas políticas. Algo que no será fácil porque las relaciones partidos han quedado maltrechas, cuando no envenenadas, tras estos meses de tira y afloja, reproches, críticas y desplantes. El jefe del Estado ha podido comprobar que el clima político ha alcanzado unos niveles de toxicidad nunca vistos y recomponer los puentes, como aconsejó el Rey, va a ser una tarea ímproba. De entrada, el líder del PSOE anunció un nuevo portazo y aseguró que después del 26 de junio, como ha hecho ahora, volverá a decir que no al presidente del PP si necesita su apoyo para gobernar, una idea que no comparten todos los socialistas, sobre todo los más veteranos.

Las comparecencias posteriores de Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera fueron un preludio de la que se viene encima. Todos siguieron encastillados en sus posiciones previas, ninguno ahorró descalificaciones y los cuatro se eximieron de culpas por el fracaso de las negociaciones para endilgar esa responsabilidad al otro.

Pero si un ajuste de cuentas fue crudo, ese fue el Sánchez e Iglesias. Compitieron en elogios al Rey, al que el líder socialista encumbró por su «forma ejemplar» de ejercer la Jefatura del Estado con «talante y buen hacer». No se quedó rezagado el de Podemos, que encontró a Felipe VI «enormemente lúcido y solvente», con un «comportamiento ejemplar y magnífico». Ahí se acabaron las buenas palabras. El secretario general del PSOE se mostró convencido de que si no ha sido posible el acuerdo ha sido por la obsesión «nominal» de Iglesias hacia él. Para el líder de Podemos, Sánchez ha hecho el papel del 'doctor no' en las conversaciones, con rechazos a todo lo que procediera de su partido.

Intento a la desesperada

Hasta el intento a la desesperada de Compromís de buscar un terreno de encuentro fue motivo de discordia entre ambos. Los nacionalistas valencianos intentaron ayer una mascletá en el último minuto con una oferta de tres folios que recogía 30 puntos genéricos, algunos tan laxos y benéficos que eran asumibles incluso por el PP. Al PSOE no le pareció mal, aceptó 27 de los puntos y contraofertó con un gobierno monocolor de su partido con independientes pactados con Podemos y Ciudadanos. Para los de Iglesias, eso era un nuevo no; para los de Rivera, no merecía ni comentarse. La intentona, aunque generó unas horas de zozobra en el Congreso, murió al poco tiempo pese a que Compromís insistía todavía a última hora en tender cabos a una y otra parte.

Rajoy pareció respirar aliviado tras su entrevista con el jefe del Estado porque «por suerte para España no ha salido adelante un Gobierno de izquierdas». El PP es la formación que, en teoría, encara mejor los próximos comicios. La decisión del presidente en funciones de no embarcar a su partido en las negociaciones lejos de pasarle factura en los sondeos parece que ha cosechado la comprensión del electorado. En la dirección del PP buscan ahora el difícil equilibrio de azuzar a Ciudadanos sin enemistarse demasiado. Los de Albert Rivera esperan ser objeto de las iras de los populares, pero también confían en recoger en las urnas la recompensa a su labor moderadora y de buenos oficios entre los dos grandes.

El presidente en funciones tampoco dramatizó con el portazo anticipado por Sánchez para después del 26 de junio. «Eso -comentó con toda la tranquilidad- hay que corregirlo porque es el abc de la democracia». Rajoy se mostró, igual que en estos cuatro meses, como el menos crispado y más tranquilo de los cuatro protagonistas del fracaso.