El poder fractura a Podemos

Tras las autonómicas se percibió por primera vez el conflicto entre las dos almas del partido

ANTONIO PAPELL MADRID

Podemos nació espontáneamente como movimiento de masas para la protesta ciudadana con las movilizaciones anteriores y posteriores al 15M, y tocó poder por primera vez en las elecciones europeas de mayo de 2014, en que obtuvo 5 eurodiputados con el 7,97% de los votos. Unas cuantas semanas después de aquel éxito inesperado, algunos cientos de afiliados de Podemos se reunieron en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid, eligieron a Luis Alegre en primarias para coordinar el proceso y sentaron las bases de la organización del partido a través de diversos talleres de formación y una gran asamblea. Ya en octubre de 2014, en una magna concentración en Vistalegre, se consolidó el modelo de partido, que nacía -como se ha escrito reiteradamente-, con dos almas bien diferenciadas, la del Podemos para protestar y la del Podemos para ganar.

En Vistalegre ganaron el envite los promotores genuinos de Podemos, Iglesias Errejón, Bescansa, Monedero y Alegre, dispuestos a conseguir el poder con el pragmatismo que fuese necesario. Pero la Izquierda Anticapitalista, una corriente de Izquierda Unida que se diluyó en Podemos y que quedó en minoría, colocó a Teresa Rodríguez en el liderazgo andaluz y como contrapeso de Iglesias en el Consejo Ciudadano; a Miguel Urban en Bruselas y a docenas de militantes en otros lugares clave de Madrid y otras regiones. Iglesias marchó a su escaño en Bruselas y el partido quedó de facto en los primeros meses de vida en manos de Errejón.

En las autonómicas de Andalucía, en marzo de 2015, Teresa Rodríguez consiguió imponer sus líneas rojas a la colaboración con el PSOE, en contra de la voluntad de Errejón, quien, pragmáticamente, deseaba tocar poder en la región. Ahí se percibió por primera vez el conflicto entre las dos almas del partido.

La confección de las listas del 20-D dieron a Iglesias la ocasión de controlar de nuevo el partido (las listas siguen siendo cerradas y bloqueadas, algo de lo que se aprovecha la cúpula de Podemos con descaro para someter a la militancia, aunque que asegura que quiere cambiar el modelo). Tanto es así que en análisis cercanos a Podemos se considera que en la actualidad Errejón controla el partido e Iglesias el grupo parlamentario.

Y llega la oportunidad de promover un gobierno de progreso con los socialistas, que se niegan a recibir el apoyo de las fuerzas soberanistas y se apoyan en Ciudadanos, un partido de centro-progresista, pero necesitan además el apoyo o la abstención de Podemos. El dilema es claro: Podemos puede tocar poder en el Estado si condesciende con el PSOE, o probar fortuna -incierta- en otras elecciones en caso contrario. En este marco, Errejón censura a Iglesias la dureza de sus intervenciones parlamentarias contra el PSOE, que rompen todos los puentes. El debate se encalabrina, Sergio Pascual secretario de Organización, mano derecha de Errejón, no actúa al parecer con la lealtad debida a Iglesias y éste le despide fulminantemente mediante un lacónico comunicado de corte estalinista. Iglesias actúa con una dureza inusitada -dice en una carta a los suyos que están prohibidas las facciones y las corrientes- que no contribuye precisamente a mejorar su deteriorada imagen de personaje arrogante y atrabiliario. En el fondo, lo que se discute es la actitud de Podemos frente a Sánchez cuando ha surgido una clara oportunidad de jugar un importantísimo rol político que, como casi siempre, tiene ventajas e inconvenientes para el partido y para sus protagonistas.