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La mina La Escondida, en la comarca leonesa de Laciana, busca fórmulas para mantener su actividad más allá de 2019

Adriano Franco, Maikel Carro, Iván Rodríguez y José Chacón./Arienza
Adriano Franco, Maikel Carro, Iván Rodríguez y José Chacón. / Arienza
ÓSCAR PANDIELLOVillablino

Entre los muchos nexos de unión histórica entre el Principado y León, el de la mina es uno de los más característicos. No en vano, entre la frontera de las dos provincias el flujo de habitantes y trabajadores ha sido constante, en parte, gracias a la extracción de hulla. Ante el inminente cierre de las explotaciones, los trabajadores de la comunidad vecina comparten con sus colegas asturianos un sentimiento: la incertidumbre.

Adriano Franco, Maikel Carro, Iván Rodríguez y José Chacón trabajan en la única explotación que permanece activa en la provincia: La Escondida. Se trata de una mina de interior, propiedad de la empresa Hijos de Baldomero García, que actualmente da trabajo a 75 trabajadores: cinco fijos de la empresa y los otros 70, de contratas. «Seguimos sacando carbón, pero el plan de cierre está ahí y estamos a la espera de noticias. La situación es la misma que la de los compañeros asturianos: o se devuelven las ayudas o la mina tendrá que cerrar», explica José Chacón.

Pese a ser la única que finaliza el año con actividad, La Escondida representa el último núcleo de una prolífica zona dedicada a la minería, donde destacan las comarcas de Laciana y El Bierzo. Así, llegaron a 2018 con actividad dos minas de interior -La Escondida y Salgueiro- y otras dos de cielo abierto -Peal y la Gran Corta de Fabero-. Estas últimas anunciaron el fin de la actividad y el cese de los contratos a finales de noviembre. El caso de La Escondida es diferente.

Hace apenas una semana, el propietario de la empresa minera Hijos de Baldomero García afirmó que la explotación situada en Caboalles de Arriba seguirá funcionando más allá de 2019. Su optimismo viene de la reciente reunión que mantuvo con la Secretaría de Estado de Energía del Ministerio para la Transición Ecológica, aunque también es consciente de que el mantenimiento de la actividad pasa por devolver las ayudas estatales concedidas desde 2011 para hacer sostenible la actividad. «Nosotros vemos la manera de poder continuar con la devolución de las ayudas de un manera flexible, que serán unos ocho millones de euros», explicó el empresario. La cuenta atrás para tomar la decisión, sin embargo, ya aprieta. La continuidad de La Escondida, para sus trabajadores, es cuestión de supervivencia y de lógica. «La mina es rentable y el carbón se va a seguir quemándose. La cosa es que sea de aquí y no de China para que los puestos de trabajo se sigan manteniendo», concluye Iván Rodríguez, otro de los mineros afectados.

El éxodo fuera de las fronteras de la comarca, asimismo, tampoco parece la solución más idónea para los trabajadores, la mayoría con más de 35 años de edad y con pocas opciones de acoplarse en sectores similares en un corto espacio de tiempo. «La gente que se fue está volviendo porque fuera tampoco hay mucho. El problema es cuando tienes una hipoteca a cuestas y ya no sabes dónde acudir», añade Rodríguez.

«Se manejó mucho dinero...»

Iván Díez, que lleva diez años al frente de un quiosco-papelería familiar, también asiste de primera mano a un despoblamiento al que no ve solución a corto plazo. «Hace 30 años teníamos cientos de chavales aquí en el colegio, ahora cuesta que lleguen al número mínimo para hacer una clase», explica. Así, de los siete u ocho sacos de gusanitos que vendía un buen día «pasas a alegrarte si vendes cinco paquetes, lo que puede servir de ejemplo».

Elvira Rodríguez y Aníbal Blanco regentan uno de los dos estancos de Villablino. La decadencia de la actividad minera supone un duro golpe para el futuro de la comarca y, por ende, de sus negocios. «La cosa está bajando a pasos agigantados. Es una pena porque parece que tanto pelear va a acabar en nada», lamenta Rodríguez. A su juicio, la situación es peor si cabe considerando la cantidad de millones que fue a parar a las comarcas mineras del norte. «Se manejó mucho dinero y no se supo invertir bien. Y así nos fue...», concluye.

 

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