Punto y final de la Hullera Vasco Leonesa: la administración concursal presenta un ERE extintivo a sus 65 últimos mineros

Símbolo de la Hullera Vasco Leonesa.

La falta de contratos de suministros y la finalización de las ayudas sociales contempladas en el Plan Social del Carbón, empuja a la administración a echar el cierre a la centenaria compañía, referente nacional de la minería privada

A. CUBILLAS
A. CUBILLASPola

Punto y final a la Hullera Vasco Leonesa.

La administración concursal ha presentado este martes al comité de empresa un ERE de extinción para la totalidad de la plantilla el 31 de diciembre del 2018, según ha adelantado leonoticias. Es el desenlace de una historia que arrancó en el año 1893.

Una decisión que no ha caído por sorpresa entre la parte social tras los últimos movimientos desde el Ministerio de Transción Energética y su negativa a negociar con la Unión Europea la devolución de las ayudas para la continuidad más allá de 2019.

Durante la reunión, que se ha prolongado durante casi dos horas, los administradores concursales han entregado a la parte social de la documentación del ERE que afectaría a 65 de los 68 trabajadores que conforman la plantilla.

Tan sólo tres trabajadores se salvarían del despido colectivo «por causas medioambientales y organizativas». En la actualidad, los trabajadores de la Vasco centraban su labor en el Lavadero así como en las tareas de recuperación de la explotación.

Ayudas sociales

Los 65 mineros afectados por el ERE se acogerían inicialmente a la baja indemnizada, abriéndose la posibilidad de acogerse una gran parte de ellos a las ayudas por prejubilación si los sindicatos firman el borrador presentada recientemente por el ministerio que lidera Teresa Ribera.

Según el documento que ha facilitado la compañía, la medida extintiva busca ajustar la actual plantilla a la situación concursal -en fase de liquidación de la sociedad- a la finalización de las labores de cierre de la unidad productiva a 31 de diciembre.

Asimismo, alega la falta de contratos de suministros y la finalización de las ayudas sociales contempladas en el Plan Social del Carbón como causas directas a la presentación del ERE de extinción que supondría el fin de la empresa de referencia de la minería privada de España.

Lenta agonía

A pesar de que supo capear los primeros años de crisis, el consejo de administración de la Hullera Vasco Leonesa presentaba en septiembre de 2014 ante el Juzgado de Primera Instancia de León una solicitud de ERE suspensivo para 347 trabajadores. Tan sólo un mes antes, en agosto se cerraba la subcontrata Minerplan, surgida tras la desaparición de 2M Meseck.

Era el principio del fin de su lenta agonía. La suspensión colectiva de empleo se fundaba en causas objetivas económicas y de producción, en cierta manera, por el bloque de las térmicas y la falta de apoyo al carbón nacional por el aquel entonces ministro de Industria, José Manuel Soria.

Meses después, en mayo del 2015, la minera leonesa era declarada en concurso voluntario de acreedores. Fecha en la que sumaba una deuda total de 53,2 millones de euros y un déficit patrimonial de 2,14 millones.

Aunque la fecha clave hay que situarla en febrero de 2016, cuando el consejo de administración de la Hullera solicita la liquidación de la compañía al Juzgado de lo Mercantil de León tras varios intentos para diseñar un plan de viabilidad y que garantizase el pago de la deuda.

Historia de la Hullera

El 31 de diciembre de 2018 se dará un portazo a más de un siglo de historia -125 años-, se pondrá punto y final una de las empresas más señeras de la minería española pero, sobre todo, a uno de los emblemas y músculo económico de la montaña central leonesa.

En 1893 se fundó la Sociedad Anónima Hullera Vasco Leonesa a raíz de la compañía Amézola y Cía. Con un capital de 1.375.000 pesetas y con acciones por valor de 500 pesetas, esta empresa comenzó a funcionar con José de Amézola y Viriga como presidente.

El nombre de esta empresa tiene una fácil explicación. Se determinó en llamarle Hullera porque iba a explotar hulla, y Vasco Leonesa porque fusionaba el capital vizcaíno de Amézola con los recursos de la provincia leonesa. De hecho, el hijo de José de Amézola, de mismo nombre, fue el primer medallista español en unos Juegos Olímpicos, en París 1900, en la modalidad de pelota vasca.

La compañía comenzó a crecer rápidamente, a un ritmo espectacular, logrando asentarse como una de las empresas mineras de referencia en las cuencas de Asturias y León, las más importantes del país.

A principios de los 40, Emilio del Valle Egocheaga hizo una oferta de compra de las minas e instalaciones de esta sociedad, de manera que la Hullera Vasco Leonesa cambió de manos. Las familias Valle, Manzanares y Díez se convirtieron así en el núcleo accionaral más importante de la compañía y que experimentó un crecimiento aún más grande.

Desde los años 60 y 70, la Hullera Vasco Leonesa vivió su época dorada. Con la comarca de la montaña central en pleno auge y la producción alcanzando techos históricos, llegando a las 870.000 toneladas, se puso en marcha uno de los proyectos más ambiciosos de la empresa: la construcción de la central térmica de La Robla.

Tras unos años de consolidación, y bajo la presidencia de Antonio del Valle, se ejecutaron distintas obras destinados a asegurar el futuro de la empresa. Entre ellos cabe destacar el lavadero y la construcción de un túnel para transportar el carbón desde las explotaciones hasta la central térmica.

Punto y final a la minería de interior

A pesar de que fueron varios los compradores que se postularon para adquirir la unidad de producción interior de la Hullera, la exigencia establecida por los administradores concursales de presentar un aval de 72 millones de euros - se preveía como un freno para una posible inversión- finalmente hizo inviable la venta.

De esta forma, en junio de 2016 y tras más de un año sumida en una absoluta parálisis y sin mover ni una sola tonelada de carbón, se ponía oficialmente punto y final a la minería interior de una de las empresas señeras de León que no podía hacer frente a la crisis que arrastraba desde el año 2009 y que se ha traducido en la merma continuada de la plantilla que, por aquel entonces apenas rozaba los 300 trabajadores.