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La Plaza de Toros de León, el hogar de Tano

Carlos Alberto Albano Gatti reside desde hace más de 10 años en lo que ahora se conoce como León Arena, este argentino de 65 años de edad abre, cierra y vigila este recinto que para él es su casa

Tano abre una de las puertas de la Plaza de Toro de León. / N.Brandón
S. FERNÁNDEZLeón

León tiene muchos parajes maravillosos donde poder vivir, pero ninguno tan sorprendente como hacerlo en una Plaza de Toros. Carlos Alberto Albano Gatti, conocido como Tano, reside desde hace más de 10 años en lo que ahora se conoce como León Arena. Este argentino de 65 años de edad abre, cierra y vigila este recinto al que él llama hogar. Llegó de casualidad, «la vida da muchas vueltas», resume Tano con esa maestría que tienen los argentinos de simplificar una gran reflexión. Ahora controla a la perfección todo un manojo de más de una veintena de llaves que abren lugares recónditos y numerosas historias.

Pisó por primera vez la arena en marzo de 2009, en plena «desaceleración económica», sin saber nada del arte de la tauromaquia. «Allá los toros son más buenos que las vacas». En junio vio su primera corrida, y de una forma especial, como si de un mozo de espadas se tratase, situado en primera línea observó con detalle todo el transcurso del evento. «Fue emocionante, los ojos como platos. Hasta ese momento no tenía una opinión formaba sobre este arte, ahora te puedo decir que me gustan», explica Tano.

Pero la plaza no solo vive de la lidia, numerosos eventos han trascurrido en ella desde que este porteño la custodia. «He tenido la oportunidad de disfrutar en directo de Sabina, Monica Naranjo o Leonard Cohen », afirma este hombre que ha contribuido a realizar ferias como la de productos de León, Justas Medievales o bodas. «Lo único que no hemos hecho han sido velatorios, pero estamos abiertos a todo tipo de sugerencias», bromea Tano.

En un recinto en que puede albergar a más de 10.000 personas, la soledad llega cuando esta se vacía y solo queda él, acompañado de sus dos perros. Una superficie de 2.000 metros cuadrados bajo sus pies que tiene limpiar, arreglar desperfectos, pinta, decorar, etc., pero cuando se termina la faena se sube a la tribuna y, como si de un jardín cubierto se tratase, disfruta de un buen mate escoltado por sus dos sus cachorros.

Corresponsal de guerra

La historia de Carlos Alberto transciende más allá de ser el guardián de una plaza de toros. Antes de llegar a este último oficio una larga travesía de alegrías y tristezas se cobijan en su espalda. Nació en 1953, en una Argentina que España miraba con ojos de envidia. Con Perón en el poder pasa su infancia, fueron años de calle, balón con los amigos y deshago económico. Su adolescencia llevó un nombre propio, Dictadura de Videla, una generación literalmente perdida, que, en la actualidad, las ahora abuelas de la Plaza de Mayo siguen pidiendo respuesta sobre la desaparición de sus hijos. «Los que quedamos no tuvimos una juventud normal, a las diez de la noche si estabas en la calle te pedían los documentos y para el cuartelillo, yo conocí las 50 comisarías de Buenos Aires», declara Tano.

Lo triste y curioso es que esta situación no es la más dramática que ha vivido. A los 35 empezó como cámara de televisión, en el canal 11 y pronto dejó la tranquilidad de entrevistar a presidentes como Alfonsín o Menem, para convertirse en corresponsal de guerra. Donde había humo allí estaba él. Bosnia, Mozambique o El Congo, en definitiva un resumen de las guerras más sangrientas de los últimos años serán recordadas gracias a sus imágenes. Una herida de bala en la pierna que sufrió durante la guerra de Los Balcanes, le sirve de ejemplo tangible de lo que vivió, pero lo que no olvida son los sentimientos, «la guerra es la guerra, al final lo único que te queda es el olor a muerto», articula Tano. En las guerras no hay buenos ni malos, ni una varita mágica para poder evadirte cuando una deseé, «no es como una película en la que tienes a los nazis de negro y a los yanquis de verde, es muy complicado, tienes que cuidarte la espalda cada minuto».

Tampoco es como los videojuegos en los que al pasar de pantalla te olvidas de la anterior, «la vuelta es muy dura, los primeros días no duermes, tienes que volver acostumbrar al estomago a la comida normal de tu casa, sueñas que estas allí, después de tantos años todavía me despierto pensado que estoy en medio del conflicto», se sincera. Heridas de Guerra.

El lado más humano

El reporterismo de guerra te enseña el lado más salvaje del ser humano pero también permite descubrir la parte más humana del hombre. En una situación en la que la vida carece de valor y el periodismo alcanza su máxima expresión, Carlos Alberto tuvo la ocasión de conocer a compañeros imborrables y situaciones entrañables. Una de ellas fue el día que conoció al Subcomandante Marcos, líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El canal 11, medio de comunicación para el que trabajaba Tano, consiguió una entrevista con el líder revolucionario. Cuando llegaron al sitio citado, les vendaron los ojos y les condujeron a un poblado en el que permanecieron allí hasta que corroboraron que no eran espías. «Allí estábamos libres, nos trataron muy bie, éramos uno más dentro del poblado..No podíamos salir de allí porque estábamos en medio de la selva», comenta Tano, este argentino que estuvo delante del Subcomandante Marcos pero al que nunca llegó a verle el rostro.

La llegada España, es culpa de un amor y del estallido del corralito. La crisis económica le pilló con el dinero en el banco, «no hacía más que perder dinero y me enfade y una chica argentina que vivía en León me propuso venirme para acá». Primero regento un bar, luego trabajo en una empresa de transportes y por último llega el desenlace de esta historia, le comentan que estaban buscando un encargado para la Plaza de Toros. Estaría feo que después de lo vivido le atormentara tal trabajo.

Ahora en su vida reina la tranquilidad, pasando los días sentado frente al ruedo sin temor a que le pille el toro.

 

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