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Pablo, en el Chichén Itzá en Yucatán, México.
Leoneses en el extranjero

«He pasado por cinco países en ocho años y no conozco a nadie que no le guste la cecina»

Pablo Herreras es un joven leonés cuyo destino era trabajar fuera de las fronteras nacionales, aunque eso solo ha provocado un mayor arraigo de la 'tierrina' y sus costumbres

Domingo, 2 de noviembre 2025, 09:12

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Cuando estudias comercio internacional, debes pensar desde el principio en las amplias posibilidades que existen de tener que trasladarte fuera del país para encontrar mejores condiciones de empleo. Es una situación que se repite en diferentes profesiones, pero que se acentúa aún más en este tipo de casos.

Pablo Herreras (León, 1995) lo asumió con naturalidad y ya ha vivido en varios países diferentes durante los últimos ocho años, desde que en 2017 comenzara su primera estadía universitaria lejos de casa. Culturas tan diversas como la de Francia, Suecia, Jordania o México son las protagonistas de una historia que, sin embargo, nunca ha dejado a León al margen.

Sus primeros pasos en León

Nacido en León capital, su formación completa se desarrolló en los Agustinos, antes de dar el paso a la Universidad de León para sumergirse en el grado de Comercio Internacional. Fue a partir de tercero de carrera cuando comenzó su andadura por el extranjero, con una estancia inicial en París. Al año siguiente, se fue a Estocolmo, donde concluyó la carrera y se quedó trabajando durante dos años en una empresa del lugar.

Posteriormente, tras regresar a España ante la llegada de la pandemia, se mudaría a Madrid para llevar a cabo el máster del ICEX y se va destinado a la Embajada de España en Jordania. Este sería el último paso antes de dar el gran salto a Ciudad de México, donde vive y trabaja actualmente.

Sobre la diferencia entre culturas, admite que Suecia «es un país que no se compara en nada con los otros países en los que he vivido; el individualismo, el respeto del espacio personal, la búsqueda constante de la eficiencia y la falta de horas de luz, son cosas que afectan profundamente a la sociedad».

Pablo Herreras, junto a compañeros de trabajo.

Sin embargo, “entre el Levante árabe, México y España tenemos muchos lazos en común y, de hecho, mucha de la gente que conozco aquí en Ciudad de México tiene antepasados españoles en una línea no muy lejana. Son países históricamente conectados entre sí, y por lo tanto nos parecemos bastante en cuanto a forma de vida”.

Para él, la mayor diferencia está en vivir en un país de 130 millones de habitantes —casi el triple que España— y en una ciudad de 22 millones, a la que describe como “una auténtica jungla”. “Ciudad de México se ha encarecido enormemente en los últimos años. Los alquileres, la comida, el ocio están ya al nivel de Madrid, pero solo una pequeña parte de la población puede permitírselo. El salario mínimo aquí ronda los 300 euros”, explica.

La diferencia entre México y España

Ante esto, reconoce que «la brecha social y económica es muy marcada. La clase media es reducida, además, existe una élite con un nivel de riqueza que no vemos en Europa, y pobreza en grados que tampoco existen allí», afirma.

Pablo, que actualmente trabaja en una empresa tecnológica de verificación de identidad, ya era consciente de que lo que estudió le llevaría a salir de España para desarrollarse profesionalmente, pero admite que «una de las razones fue comprobar que, tanto en mi entorno cercano como en la situación laboral del país, no había muchos incentivos para quedarse y encontrar un trabajo acorde con nuestro nivel formativo». En México, quien llega con iniciativa y preparación puede progresar con rapidez. Es un país con oportunidades de negocio en casi todos los sectores».

Sin embargo, el hecho de estar fuera de España también le ha servido para poder echar en falta los 'imprescindibles' de la cultura nacional y local: «Si me pongo a echar cuentas, ya llevo bastantes años fuera. Cada vez que llego a un nuevo país, me quedo con lo mejor de ese lugar, pero siempre tengo presente todo lo bueno de España. Si viviéramos en un país que careciera de muchas cosas, la comparación sería negativa, pero siempre la hacemos para bien. En mil aspectos, España sigue saliendo ganando. Lo que más echo de menos es un buen terraceo, unas tapas al sol con mis amigos, una comida con mi familia en la montaña de León…».

Y es que él, pese a todo, se considera un «embajador orgulloso de León» y no solo de palabra, sino que, en cada travesía, se ha llevado «literalmente kilos de embutido de León». «El embutido se echa de menos en todos los sitios. El producto español aquí es muy caro. Un vino, por ejemplo, puede llegar a costar hasta un 300 % más», asiente.

Su producto estrella, sin lugar a dudas, es la cecina, que le acompaña allá donde va. “A compañeros de trabajo, nuevos amigos, incluso a caseros, o a alguien que me ha echado una mano, el regalo siempre es cecina”. Además, concluye dejando claro que, hasta el momento, “tras haber pasado por cinco países en ocho años, aún no he conocido a nadie a quien no le haya gustado.”

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«He pasado por cinco países en ocho años y no conozco a nadie que no le guste la cecina»