Los 'oblatos' en la casa de León en Madrid

Los 'oblatos' en la casa de León en Madrid

La Casa de León ha sido testigo de la presentación sel libro de Carlos Junquera Rubio y Secundino Valladares Fernández 'Oblatos de María Inmaculada'

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Este viernes 26 de abril, ha sido presentado el libro de Carlos Junquera Rubio y Secundino Valladares Fernández con el título «Oblatos de María Inmaculada. Agentes de cambio social y promotores de la modernidad en el Noroeste y el Ártico de Canadá».

En el acto estuvo presente Alberto Ruiz, oblato de María Inmaculada y autor del prólogo.

Los Oblatos llegaron a Red River en 1845. Este lugar pertenecía entonces a los Territorios del Noroeste que, a lo largo de la historia canadiense, han sufrido diversas mermas territoriales; la última, la de Nunavut. Incluso es fácil pensar que habrá más a corto o largo plazo.

Este libro pretende describir una epopeya concreta: las diversas acciones que emprendieron los misioneros oblatos de María Inmaculada en el Ártico y Subártico de Canadá. Las circunstancias concretas del siglo XIX obligaron a que los misioneros fueran también carpinteros, cazadores, pescadores, educadores, entendidos en medicina, etcétera. Una tarea magistral fue reseñar las lenguas indias y la inuit. Gracias a sus especialistas en lingüística, los oblatos recogieron vocabularios y gramáticas enriqueciendo la cultura eurocanadiense y universal.

Con posterioridad a 1885, los oblatos iniciaron una serie de acciones para integrar a las etnias autóctonas en la nueva sociedad propuesta desde la Confederación. En este sentido, en las zonas árticas y subárticas emprendieron el establecimiento de lo que calificaron de «escuelas industriales», cuyo objetivo era educar y preparar a los jóvenes para que se integraran con un oficio en la sociedad canadiense.

El recién estrenado gobierno federal aportó fondos económicos y los oblatos pudieron abrir diversos centros. Las Hermanas Grises cumplieron con la tarea de educar a las niñas. En pocos años afloraron más de cincuenta «escuelas industriales» que requirieron, en muchos casos, de disponer de internados masculinos y femeninos. La presencia de los religiosos en las regiones árticas y subárticas tiene aspectos negativos como el martirio de algunos de los misioneros, especialmente los que cayeron a manos de los inuit.

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